Cumpleaños infantiles: dime cómo celebras y te diré lo que valoras

El cumpleaños del niño no es algo indiferente o neutral; siempre educa o deseduca, daña o fortalece. Los padres tienen la oportunidad de educar a su hijo en el nosicentrismo o anclarle en el egocentrismo.

Muchas madres y padres reciben una gran presión de sus hijos y del entorno para celebrar los cumpleaños de una forma que en el fondo, no quieren. Quiero ofrecer un análisis de la situación y alternativas para celebrar los cumpleaños de acuerdo con los propios valores e intenciones educativas; conforme al propio estilo de vida.

Del cumpleaños comercial a la auténtica celebración

Un cumpleaños comercial no es el que se celebra en un comercio. Cada familia y cada comunidad deberá estudiar el modo más sensato de celebrar sus cumpleaños de forma saludable, razonable del punto de vista económico, y las soluciones pueden ser muy variadas.

Lo de cumpleaños comercial es una actitud con la que organiza y se vivencia, actitud que se puede adoptar aun quedándose en casa y asumiendo todos los servicios.

Es comercial toda aquella fiesta de cumpleaños que no se mueve por la mutua entrega de todos, sino por el afán de dar para recibir (negocio). El primero es nosicéntrico: «nos alegramos juntos porque tenemos un motivo que celebrar. El cumpleaños el comercial es egocéntrico: «quiero ser rey por un día» y «estoy dispuesto a ser tu vasallo por un rato guay y una buena merendola».

En el cumple comercial, los regalos dejan de ser dones, “entrega”, y pasan a convertirse en moneda de cambio: un compromiso, una entrada… O de forma más sutil, podemos hablar de que el cumpleaños se convierte en un mercado de emociones donde se compra y vende cariño y autoestima.

El cumpleaños comercial se mueve por las leyes de la oferta y la demanda, lo que genera enormes gastos que se multiplican periódicamente con las celebraciones sucesivas de los compañeros de clase y las continuas comparativas. Una espiral de compra-venta insostenible económicamente para ciertas familias que temen que sus hijos puedan quedarse fuera del circuito.

Desde la auténtica celebración se busca el alegrarse y alegrar al homenajeado pero más que “comprarle algo valioso”, uno regala su máximo valor, el amor de amistad. Esto se puede materializar en un obsequio, pero tendrá más valor cuando sea fruto de la generosidad personal, de un tiempo de elaboración, de un esfuerzo y no sin más, de la cuenta corriente de los papás…

En ambos casos se busca pasar un buen día, la diferencia está en que para la versión comercial, pasar un buen día se reduce a momentos extraordinarios de novedad, estimulación y despilfarro…

Será un buen día si triunfa el intercambio: la empresa contratada cumple su parte, los payasos son divertidos, los invitados corresponden con regalos y se someten al celebrante, los padres se sienten complacidos por el bienestar de su hijo…

Pero suele ser común, que siempre falle algo. Alguno de los regalos no son del agrado, “las pizzas tienen piña y yo las pedí de carne”“Me enfadé con mi amigo Javier y me arruinó la fiesta”, “¿por qué invitaste a fulanito, que no es mi amigo?”

En la auténtica celebración, un buen día es, en el que hemos mejorado como personas, en el que hemos disfrutado sirviendo a los demás, dando lo mejor de nosotros mismos, sin esperar nada a cambio. Un buen día no es aquel donde todo sale perfecto, sino en el que sabemos comprender, rectificar, arreglar, perdonar, ayudar y permanecer alegres aunque existan fallos y carencias…

Un buen día es aquel en el que permanezco alegre por el entusiasmo, por un motivo interior; superior a cualquier circunstancia, y en caso del cumpleaños, ese motivo es que “es maravilloso que tú existas”; “te queremos como eres y no necesitas que te adornes con tanta exuberancia exterior porque tu valor lo llevas dentro”.

¿Cuándo hay celebración auténtica?

No depende de gastar más o menos, de hacerlo fuera o dentro de casa, de invitar a muchos o a pocos. La clave está en vivir la reunión como una aportación de alegría que hacemos al mundo y no al revés.

La celebración no es comercio sino donación.

Somos nosotros quienes damos felicidad al mundo cuando celebramos. Es decir, la celebración no consiste en buscar algo que me haga feliz y me aporte una alegría pasajera, sino que celebro mi existir manifestando mi inmensa alegría de vivir y quiero que te alegres conmigo.

Si la organización de un cumpleaños nace de buscar lo fácil, “lo que hacen todos”, el lucimiento personal, el temor de lo que puedan pensar, la incertidumbre de lo que pueda ocurrir a nuestro hijo si no lo hacemos…

Si despierta envidias, resentimientos, egoísmo, sensualidad, vanidad, egolatría, desorden, glotonería… entonces, conviene rectificar y buscar formas más enriquecedoras.

Con un poco de previsión y posterior reflexión, cada año los cumpleaños irán saliendo mucho mejor pasando de cumpleaños que seducen a cumpleaños que satisfacen.

Este es el cambio sustancial, la celebración no depende de lo que se mueve por fuera, sino de lo que se mueve por dentro. Lo expresaba Nietzsche con claridad: “Lo difícil no es organizar una fiesta sino encontrar quien se alegre en ella”.

“Cumpleaños Comercial”Celebración Auténtica
Protagonismo a la abundancia material: payasos, piscina de bolas, regalos desorbitados, manjares, locales de moda, niños despóticos ante la servidumbre, muchedumbres complacientes (aunque luego se meten en la piscina de bolas y terminan pasando del celebrante)…Protagonismo a la abundancia interior: la bondad, el servicio al invitado, el amor, la belleza, la sencillez, la comprensión, la comunicación….
Mueve a la euforia:
…sensación de bienestar y alegría producida mediante estímulos externos
Mueve a la entusiasmo:
… también es una forma de vivir de forma apasionada pero no depende de los estímulos exteriores, sino de la propia riqueza interior. Literalmente, entusiasmo significa “el Dios (énthus) dentro (iasmós)”.
El acontecimiento es una excusa para “alegrarse”.La años que cumple mi amigo es el motivo de alegría.
La party tiene precioLa fiesta tiene valor
Los padres se dejan llevar por la Inercia, modaLos padres marcan un ritmo, son creativos y defienden sus tradiciones.
Debilidad ante los caprichos de los hijo y dependencia de lo que piensen los demás.Fortaleza, firmeza, reflexión, intención educativa, autoexigencia.
El niño se convierte en «rey por un día» y exige que los demás se lo hagan pasar bien.El niño se convierte en anfitrión-servidor de sus invitados para que se lo pasen bien.

Algunos padres se engañan diciendo que su actitud de cumpleaños comercial es por amor

Ciertamente es amor, no lo dudo, pero quizás sea un amor inmaduro. Lo que sí es seguro que un cumpleaños que promueve el egocentrismo está organizado por un amor desordenado, que en vez de buscar el desarrollo personal y el enriquecimiento interior de los hijos, los idolatra como semidioses, transmitiéndoles un mensaje equivocado que entorpece su crecimiento personal y empobrece su auténtico valor.

Hay padres que organizan homenajes colosales, quizás como compensación a sus propias carencias como padres. Tal vez traten de apaciguar así su sentimiento de culpa, pero esta culpa sólo se supera aceptando los errores y recomenzando a ser unos padres honrados con sí mismos; no digo que busquen ser unos padres perfectos, sino que traten de ser auténticos.

También los hay, que se sienten malos padres y tratan de compensar con sobredosis materiales. Y otros sencillamente, se sienten un tanto superados, y por evitar las temidas reacciones del hijo, hacen lo que sea necesario.

Incluso existen quienes montan grandes fiestas para quedar bien ante los demás padres; por dejar claro cierto estatus socioeconómico, por no pasar por “raros”, e incluso se sustentan en falaces teorías socioeducativas…

Aquí viene muy bien el dicho de que “quien no actúa como piensa, acaba pensando como actúa”, y es que, muchas de estas motivaciones no se reconocen porque no son intencionadas sino inconscientes, es decir, no son fruto de la reflexión y de la autodeterminación de obrar de una determinada forma, sino consecuencia de un sentimiento y unas expectativas fantasiosas, alimentadas y “legitimizadas” por el ambiente de consumo que nos rodea.

Que cada comunidad encuentre sus soluciones

El tema de los cumpleaños no es un problema de la familia, sino de toda la comunidad, pues los hijos son anfitriones e invitados, y lo ideal es que las familias dialoguen y traten de llegar a acuerdos.

No todos los años se tiene que hacer igual, y quizás esa sea una parte del acuerdo: este año lo hacemos así y al año siguiente de otro modo.

Algunas ideas podrían ser:

  • Diseñar un calendario de cumpleaños contando con el tutor del curso para que se sepa qué niños son invitados a cada cumpleaño, y sobre la mesa, ver si algún niño podría quedarse fuera y que alguno de los compañeros empático le invite sin paternalismos.
  • Poner un tope de precio al regalo o incluso promover regalos hechos por los propios niños
  • Que los padres, una vez, su hijo ha recibido todos los regalos, elija tres y los demás los done.
  • Unir cumpleaños y que en un mismo día se celebren todos los cumpleaños de ese mes.

Todas las alternativas tienen sus ventajas e inconvenientes, las familias tendrán que valorar que soluciones son las más educativas para sus hijos de modo que el cumpleaños les ayude a crecer en amistad verdadera y sea una oportunidad para desarrollar competencias y formar el carácter.

Gasol nos habla de nosicentrismo

Quisiera comenzar con estudio de casos de lo que considero ejemplos de pedagogía del nosotros, ejemplos de habitacionismo, ejemplos de nosicentrismo, ejemplos de educación sensible y de inteligencia sensible. La mejor manera de comprender conceptos vanguardistas es verlos en la vida misma.

En este caso, lo que Gasol llama «la familia» es el nosotros maduro capaz de
desear a lo grande, seguir un camino de pequeños pasos posibles pero con determinación y hasta el final, ser un referente inspirador para las demás sirviendo al equipo con humildad y trabajando en equipo que es muy diferente a un grupo con pensamiento único.


«Lecciones de oro», por Pau Gasol


La pedagogía del perdón

Así de entrada, suena a «rollete cristiano», sin embargo, el cristianismo no tiene la exclusiva del perdón.

Sería un poco adolescente oponerse al perdón, para oponerse a «los curas». Los cristianos tendrán sus razones para perdonar, pero cada uno, desde sus propias convicciones puede descubrir evidencias de lo razonable que resulta perdonar.

En problema es cuando el perdón pasa de la teoría a la práctica y es uno el que tiene que perdonar un daño sufrido. Ahí no bastan razones, es necesario estar convencido de que me interesa perdonar de corazón.

Una política educativa basada en el perdón

Cualquiera que se dedica a la educación, de verdad, es decir, educando en la práctica, sabe que se requiere un marco más amigable para garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad, que promueva oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos.

Pero no hay que ser educador para detectar las abundantes mareas de violencia en nuestras entornos y en el mundo, y no es cuestión de comparar con el pasado.

Del pasado habrá que aprender, pero ahora, toda la violencia que hay, sobra. Y si no conseguimos que no esté, tendremos que seguir trabajando para que no esté. No cabe decir: «pues antes había más».

No lo voy a discutir, lo que sé, es que es ahora cuando vivo como educador profesional y no antes, y lo que quiero ahora es que haya paz y justicia para todos.

Así, quien se muestre «realista» y se resigne a la violencia, por favor, que se eche a un lado de la política y de la educación, y nos deje trabajar a los que tenemos esperanza en formar un mundo en paz.

Mi propuesta para romper el ciclo de violencia que viene del pasado y alimenta el presente, es aplicar una pedagogía el perdón y esto es lo que considero como la mejor opción para las políticas educativas y para todas políticas en general.

El perdón es una alternativa que se ha tomado en pocas ocasiones para resolver los enfrentamientos entre personas, comunidades, sociedades y el mundo en general.

Sin embargo, cuando se ha tomado esa alternativa, la experiencia ha dado indicios de que es posible y beneficiosa: Mandela, Malala, Jesucristo, Gandhi, Dalai Lama, Luther King… El horizonte que se abre es de luz y esperanza, mientras se viven esas convicciones.

Aprender el perdón nos ayuda a sanar las heridas, a aprender del pasado, a reconocer nuestras propias faltas, a ser humildes y comprensivos con las faltas de los demás.

Aprendemos a vivir la justicia ante los daños sufridos pero sin devolver mal por mal. Pero sobre todo, uno vive más alegre, con la ligereza de quien se ha quitado un gran peso de encima.

Aprender el perdón nos ayuda a recomenzar con esperanza y más fuerza, unidos en la diferencia y con libertad.

Sin embargo, aprender venganza y castigo profundiza en las heridas y refuerza los conflictos. La violencia afrontada con otra violencia, perpetua el daño, que será lo que aprenda la siguiente generación: resentimiento, odio y revancha.

Las heridas no se cerrarán de la noche a la mañana, está claro. La pedagogía del perdón no es instantánea, puede requerir varias generaciones para sanar las recriminaciones y los recuerdos amargos.

Aunque no sea instantánea, el hecho de emprender la pedagogía del perdón, ya es una experiencia de esperanza y alegría, y empezar a curarse ya es una vivencia de sanación del nosotros.

Pero deberemos contar con que siempre habrá poderosos acaudalados, políticos, comunicadores y educadores, y quizás uno mismos muchas veces, que pensemos que reabriendo las heridas del pasado podrán mejorar el presente.

Y no se piense que son de una tendencia política u otra, de una religión y otra, de una ideología económica u otra, es un tema de vivir las propias convicciones, sean cuales sean, desde el perdón o desde la revancha.

El hecho es que las heridas se infectan si no se cuidan, y ya no digamos si se hace por reabrirlas. Si alguien quiere negarlo, sencillamente está tratando de aplicar un daño al cuerpo con objeto de lograr una «verdadera» curación por otra línea, pero, el hecho de abrir las heridas, no sana.

Para comprender a estar personas que piensan que envenando a la sociedad se sana el cuerpo, se podría interpretar como la quimioterapia.

Sí, es cierto que el cuerpo se sentirá mal un tiempo y se debilitará con la quimio, pero se acabará con el cáncer y ya habrá tiempo de recuperar el cuerpo después.

Pero la historia nos muestra que esto no suele funcionar, hasta que alguien decide cortar la espiral con el perdón.

Quizás se logre cierta apariencia de paz con el sometimiento, durante un tiempo, pero los corazones oprimidos de las nuevas generaciones se van educando con rencor y desde que la debilidad llegue al opresor, la reacción del oprimido será la que ha aprendido de su educador-opresor, y esto es: oprimir al opresor.

Hablar de opresor y oprimido no es patrimonio del marxismo. Cualquier ideología, cualquier religión, cualquier estrategia económica o política se puede hacer opresiva cuando deja de perdonar y priva de su libertad y su seguridad a las personas.

Hay otra política para romper las disputas entre las personas, los pueblos, las creencias, las ideologías; romper la cadena de violencia y deshacer los efectos de la historia.

Vale la pena implantar una pedagogía del perdón como estrategia de responsabilidad social educativa mundial

Educar en el perdón

Los teóricos modernos y científicos de la educación, han ignorado tradicionalmente el tema del perdón.

Es verdad que siempre han tratado de fomentar una sociedad de respeto, igualdad, libertad, solidaridad, justicia, paz… Pero además de proclamas y programas de sensibilización…

¿Realmente se han educado personas más comprensivas y respetuosas cuando el daño les toca de cerca? ¿hemos preparado a los jóvenes para ser resilientes, optimistas y pacientes ante las contrariedades?

¿Hemos preparado a las nuevas generaciones para que asuman la responsabilidad de servir a la sociedad, sacar lo mejor de sí y de los demás, sin usarlos o explotarlos?

¿Y cómo se resuelven los conflictos? ¿Les hemos enseñado a reconocer los propios errores? ¿Les hemos enseñado a comprender y reflexionar sobre lo que ocurre a su alrededor o hemos disparado su «pensamiento crítico», que se concreta en susceptibilidad ante supuestas ofensas e irritación por todo lo que no les gusta, y que otros lo resuelvan?

¿Les hemos enseñado a escuchar, a pensar y cuestionarse el pensamiento dominante o hemos formado una generación indignada ante lo políticamente incorrecto, que responde irreflexivamente ante los «intolerantes» porque son enemigos de lo correcto?

Estas preguntas no quieren entrar en el debate político sobre los «valores cívicos», que a menudo son simplemente un conjunto de maniobras políticas diseñadas para arroparse de una palabra poderosa y emocionalmente apreciada en nuestra cultura: «valores».

La educación del perdón está más allá de todo debate sobre los valores, precisamente porque es la base para iniciar un verdadero debate.

Aprender a perdonar, no es dejarse avasallar, no es muestra de debilidad. Es disponerse para aplicar la justicia con sensibilidad y empatía, buscando soluciones que mejore la convivencia.

Saber perdonar requiere saber escuchar sin juzgar, reconocer la parte de culpa, estar dispuesto a rectificar al reconocer los propios errores y ceder en todo aquello que permita avanzar en la sanación social, sin renunciar a las propias convicciones, que son la base para seguir perdonando.

Los conflictos violentos en las parejas, las familias, los amigos, las escuelas, las empresas y en todo el mundo, tienen su origen en la pedagogía de la venganza.

Series de televisión, películas, videojuegos, noticias, música, publicidad, redes sociales, sucesos de la vida cotidiana… Por todas partes emana justificación de la venganza deliberada, que es aplaude cuando se «ajusticia a los malos» y se justifica la guarda de rencor como motivación para aprender a dañar a «los malos».

Si queremos educar en el perdón no basta con parches curriculares, ni siquiera con un gran pacto del sistema educativo.

Es imprescindible que el perdón sea una dinámica que se aprende por ósmosis en nuestra cultura social, en la familia, en los guiones de las películas y dibujos animados…

Pero por algún lugar habrá que empezar y pienso que somos los educadores los embajadores de la pedagogía del perdón.

Que no perdone un internauta anónimo puede afectar en el ambiente, pero que no perdone un padre, una madre o un maestro, resulta altamente condicionante para los niños.

Lo primero que se debe hacer, es sacar el perdón de las iglesias y «nacionalizarlo como patrimonio del pueblo». Todos podemos y debemos perdonar, porque vale la pena, científicamente demostrado.

Pero para perdonar, se requieren convicciones que ya no da en sí la ciencia. La ciencia solo puede reconocerlo, pero creer solo se puede creer si se cree.

Así, habrá que dar razones para perdonar, pero sobre todo ejemplo de perdón, para que se vivencien las consecuencias positivas de la experiencia de perdón.

Para perdonar uno debe saber empatizar

Ya Piaget detectó que el perdón se presenta en una etapa avanzada de desarrollo moral, y comprendió que requería del desarrollo de la empatía. Sin empatía no hay perdón.

La empatía implica el reconocimiento compasivo del otro y solo así le comprendemos en su intención y nos comprendemos también a nosotros mismos.

Por la vía de la experiencia, cualquiera puede aprender, por empatía la inutilidad de la venganza, y este aprendizaje nos lleva al aprendizaje pragmático de que mejor perdonar que sufrir las consecuencias de la venganza; ya sería un paso.

También se aprecia por pura vivencia que mejor son las buenas relaciones que las malas. Así, el perdón, puede ser al menos, la puerta para favorecer las buenas relaciones; ya sería otro paso.

Empatizar, no significa simpatizar. Uno puede seguir manteniendo una enemistad por intereses opuestos y la empatía no les lleva a terminar con ese conflicto, lo que permite es comprenderlo y vivenciar la situación con paz y perdón.

No se trata de hacer personas vaporosos que son amigos de todo el mundo. Lograr que nadie sea enemigo de nadie es imposible y posiblemente innecesario.

Es natural que en la vida haya adversarios y los podamos identificar como enemigos, pero no les trato con rencor sino con respeto y dignidad, perdonando sus ofensas, si bien, me protejo y me defiendo si me atacan.

El arte está en saber perdonar aunque se siga viviendo en discordia. Esta situación, permitirá dar pasos hacia un mayor entendimiento pero quizás nos muramos sin que nunca se resuelvan los conflictos, pero sí aceptando, incluso apreciando, a esos adversarios.

Piaget y científicos más modernos, como Seligman y Peterson, han captado el interés de la educación del perdón pero no han sido capaces de diseñar una pedagogía del perdón cuidadosamente pensada.

Perdonar no es lo mismo que disculpar o excusar

Si se confunde el concepto de perdón con el de disculpa, es comprensible que no se vea bien una «pedagogía de la disculpa». Yo tampoco la veo bien.

Uno debe asumir las consecuencias de sus actos, pero eso no quita que se pueda hacer en una situación de perdón y no de venganza.

El perdón es sanador, la disculpa no. Quien perdona recuerda para sanar, quien disculpa o excusa, olvida para pasar página.

No olvidar la culpa no quiere decir recordarla con resentimiento, sino con agradecimiento incluso, por el aprendizaje que ha supuesto para todos.

Por esto, cuando la sociedad trata de disculpar y olvidar, eso termina por revivir como infección social, porque la herida no se ha curado.

No se trata de aprender a pasar página, sino a purificar esas páginas para empezar con salud la siguiente página y que el pasado, sirva de aprendizaje a las siguientes generaciones.

Disculpar o excusar son dos formas de quitar la culpa a un culpable, mientras que perdonar es reconocer la culpa y buscar la sanación, no la venganza. Perdonar duele a todos, pero es un dolor que sana y vale la pena.

El perdón no quita la herida y su dolor sino que la cura. La pedagogía del perdón implica estudiar la historia con empatía; sin disculpar, sino recordando con perdón y aprendiendo de la experiencia.

Renovar el perdón

Cada generación debe aprender a perdonar los daños del pasado, así como agradecer los beneficios honestos que reportaron.

La pedagogía de la venganza lleva a los alumnos a revolcarse en las heridas y avivar el resentimiento.

Aprendizaje crítico es recordar lo que pasó y elegir perdonar nuevamente. Que no es juzgar la historia con suavidad o debilidad, sino con comprensión y valentía.

Empezar ahora

Diseñar una política educativa de perdón puede llevar su tiempo, pero aprender a perdonar puedes hacerlo ahora mismo.

Primero, haz las paces contigo mismo, luego perdona a tus parientes, a tus amigos, a tus vecinos, a tus jefes, a tus autoridades…

Saca de tu mochila el resentimiento y ya estás empezando a sanar el mundo con la pedagogía del perdón.

Segundo, deja de utilizar el perdón como estratagema. Estás enseñando a los demás que eres un falso, y puede que te perdonen aún así, pero no esperes que te disculpen cuando no tienes un auténtico arrepentimiento.

Si disculpan una y otra vez tus abusos, cuando se sabe que pides perdón sin arrepentimiento, se estaría alimentando una relación dañina, de la que te estás aprovechando, y a la vez dañando.

Quinto, deja de pedir perdón de lo que no es culpa tuya. Muchas veces son otras las personas que hacen que uno se sienta culpable. Piensa si te disculpas demasiado y quizás, tendrás que trabajarte que no te afecte tanto lo que piensen los demás de ti.

Sexto, busca en Internet testimonios de perdón ante casos tremendos. Muestraselos a tus hijos, a tus alumnos y esto será sumamente inspirador para sus jóvenes corazones.

Aquí te dejo una película-documental con múltiples ejemplos de experiencias increíbles de perdón: «El Mayor Regalo»

Las neuronas espejo de cada niño identificarán que el perdón es lo que le pide su cerebro y será la propia dopamina, llegado el momento, quien le pedirá perdonar, auque otra parte del cerebro le pida odiar.

Séptimo, sigue perdonando más allá. No digo que disculpes o excuses a los terroristas, a los corruptos, a los incompetentes, a los violentos; lo que digo es que saques tu odio, te sanes y sanes tu vínculo con ellos.

Enseña a tus hijos y a tus alumnos a no odiar, sino a perdonar sin renunciar a la debida justicia con paz y comprensión.

Juan Pablo II perdonó a quien le disparó pero no trató de interferir en la justicia y cumplió su condena.

Todavía podrás seguir pensando: -«¿pero cómo voy a perdonar y a decir a mis alumnos que deben perdonar a un violador? ¿o a un genocida? ¡¡¿cómo?¡¡

Razones para mantener el odio hay muchas, pero eso lo único que logrará es dar más fuerza al violador en cuanto violador, al genocida en cuanto genocida, y no a la persona que se tiene que sanar y la herida que conviene cicatrizar.

El odio es comprensible pero no arregla nada, sino que hace la herida más profunda y como un virus, infecta a los demás.

Si no liberas a tus alumnos o a tus hijos del odio, lo que consigues no es consuelo sino heridas más y más grande, más y más infectadas.

Aunque no tengas una convicción de fe para perdonar, al menos invita a perdonar por pragmatismo.

Al liberarse del rencor, tus alumnos o hijos podrán ser creativos desde su originalidad, en lugar de reactivos desde el odio que les ata al pasado.

Piensa que si alimentas el odio invitas a la venganza, y ya solo la venganza en el corazón del niño, es un daño. Le estás haciendo violencia y eso no es justo, no tienes derecho.

No pretendas que la persona perdonada acoja tu perdón.

Posiblemente siga igual o peor, pero la pedagogía del perdón no está para que los otros cambien, sino para que uno mismo se libere, y desde la propia liberación, estaremos en mejor disposición de que el mundo cambie.

Cuando uno perdona o pide perdón, ha hecho lo saludable y no puede esperar correspondencia, pero ya es un paso de pacificación.

Si además se da una reconciliación, entonces la paz se transforma en alegría.

Pasos para perdonar en lo personal

  1. Pon nombre a la herida y al hiriente, determina quién ha sido el responsable y hasta qué punto. Reconoce los hechos con objetividad y en su justa medida. Asume tu parte de responsabilidad también.
  2. Acepta la herida como parte de lo que ya eres, como sucede en las heridas biológicas. Unas se podrán cauterizar mejor que otras, dejarán cicatriz o no, pero ya son parte de tu historia de vida, para siempre.
  3. Elige perdonar. Que no es disculpar, ni excusar. Si los hechos tienen consecuencias, tendrá que asumirlas, pero tú, ya estás en paz con el hiriente. Por lo que a ti respecta, esa persona no te debe nada. Para ti el hiriente ha dejado de estar empegostado en tu corazón por el rencor. No miras hacia atrás, preguntándote: «¿por qué sucedió?» Ya está, pasó, aprende y agradece lo que se ha proporcionado de experiencia y maduración. Ahora, mira hacia delante, con el corazón libre.
  4. No esperes una compensación. No vivas como una víctima, libérate de lo sucedido, no busques cobrarte una deuda. El perdón te dará la fuerza y no necesitarás nada del hiriente. Cualquier compensación que pudiera llegar será bienvenida, pero no la necesitas, nadie más que tú eres responsable de tus siguientes pasos en la vida. No culpes a nadie tu dolor. Al sanar tu herida, ya no hay herida, ya no hay hiriente, ya no hay víctima, solo un aprendiz de la vida que ha crecido humanamente gracias al perdón.

Así, en cuatro pasos parece sencillo, pero la realidad es más bien difícil. Es conveniente que los niños, desde muy pequeños, aprendan a perdonar para crear redes de conexiones sinápticas de neuronas en su cerebro que les ayudará a perdonar con naturalidad.

Pero los daños en la vida pueden ser tan fuertes que la capacidad de perdonar se nos pone a prueba. Este «sencillo» proceso se puede alargar en el tiempo. Si no puedes perdonar, al menos, ten deseos de perdonar y pide ayuda.

Recomendaciones para perdonar de corazón

No te empeñes en olvidar, insiste en perdonar, renueva tu perdón. Y no trates de recordar hurgando en la herida. Deja de culpabilizar o culpabilizarte. Deja de avergonzarte, de humillarte, de difamar, de alimentar el resentimiento, en definitiva.

Sencillamente, rompe el círculo de la violencia y libérate.

Si el mal fue un verdadero mal, no disculpes, ni excuses: estuvo mal. Le perdonas vale, y ya está. Quédate en paz. No te rayes y piensa el lo que te ofrece la vida, no en lo que te ha quitado.

Si es necesario, deberás tomar distancia para protegerte pero eso, bien vivido, debe acentuar tu vivencia de perdón y no de «rayadura».

Es posible que quieras que tu hiriente reconozca su culpa, se humille y repare públicamente el daño ocasionado. Es comprensible pero insistir si el hiriente se niega a hacerlo, te mantendrá atrapado en el pasado.

Puedes insistir en que repare, para tratar de reducir el daño en lo posible, pero mientras no perdonemos y nos reconciliemos con nuestro presente, no podremos seguir avanzando. Tú verás.

Sin disculpar, sin excusar, pero pasa por alto lo que te sigue dañando el corazón y solo rememora lo que te ayude a perdonar.

El perdón entre los pueblos y colectivos

Esta es una de las claves para incorporar la pedagogía del perdón en la educación.

La pedagogía del perdón no solo limita las experiencias de perdón al ámbito privado e individual, sino que las promueve en la esfera pública y comunitaria.

La pedagogía del perdón comienza con los educadores pero se arraiga cuando los colectivos se perdonan unos a otros.

El perdón entre colectivos y pueblos es mucho más complejo y para que realmente sea un camino de paz, es necesaria buscar la reciprocidad que tienda a lareconciliación.

Todos nacemos dentro de una comunidad, y puede ocurrir que, sin haber sufrido daños en sus propias carnes, uno herede los resentimientos y odios de su mayores.

Pero si nacemos acompañados por una pedagogía del perdón, las nuevas generaciones podrán valorar críticamente esos resentimientos y aprender a perdonar, con la paciencia de quien sabe que no es instantáneo y con la renuncia a la venganza, pero sin renunciar a la justicia.

Con la pedagogía del perdón podemos aprender a ver a otros países o colectivos como miembros de una misma «familia humana».

Además, como comunidades diferentes, podemos aprender a tratarnos como vecinos y amigos potenciales.

Ideas para implementar la pedagogía del perdón

Ciertamente, el cambio requeriría una acción universal coordinada desde los organismos supranacionales pero para quienes nos dedicamos a la educación, podemos empezar por lo siguiente:

  1. Incorporar en nuestros grupos-clases las tutorías personales para ayudar a los estudiantes y sus familias a vivir los valores éticos vinculados al perdón: justicia, amabilidad, responsabilidad, respeto, empatía, diálogo, humildad, generosidad, resiliencia, paciencia, valentía, sinceridad…
  2. Aprovechar nuestra materia, el particular los docentes de ciencias sociales, para ayudar a caer en la cuenta de los errores del pasado, con empatía desde el perdón, pero sin disculpas ni excusas. Pero reconociendo también los logros con agradecimiento.
  3. Apreciar con empatía los colectivos o pueblos que de algún modo pueden verse como un mal, dañinos o perjudiciales, y desde la comprensión y la honestidad intelectual, tratar de comprender todos los puntos de vista y la diversidad de razones. Captar a las personas más allá de las categorías grupales, superar prejuicios y evitar estereotipos.
  4. Mostrar lo ventajoso y atractivo que resulta el perdón con ejemplos históricos y testimonios de perdón.
  5. Partir de la realidad de que todos los colectivos y pueblos necesitamos sanación. Ayudar a los alumnos a reconocer los errores de sus propias comunidades y colectivos, así como los aciertos de las comunidades y colectivos diferentes. Que muestren comprensión incluso de aquellos que les han podido hacer daño, sin disculpar, sino perdonando.
  6. Evitar la victimización y el paternalismo. Desde el perdón, promover el trato personalizado en igualdad, la interdependencia y la justicia, pero sin revanchismo ni sentimentalismo autoculpabilizante.
  7. Promover la plena aceptación de l»los otros y diversos», sin tolerancias superficiales y políticamente correctas. Aceptación de corazón.
  8. Promover en las minorías vulnerables el sentido de justicia basado en el perdón, y no en la revancha, la culpabilización, la venganza o el chantaje social.
  9. Promover la magnanimidad y hacer comprender que las cargas del perdón y la reconciliación no son siempre iguales o simétricas, pero que en cualquier caso, a todos les va a costar lo máximo que puedan dar.
  10. Ser sinceros en nuestra educación en valores y evitar disfrazar nuestra venganza, llamándola justicia. Quien aviva el odio hace daño a la educación.
  11. Promover la elegancia ante los malvados, «no hacer leña del árbol caído» y no devolver mal por mal. Cortar toda manifestación de burla, desprecio y reproche que pueda romper los puentes de la reconciliación. Por verdaderos que sean esos comentarios, al faltar actitud de perdón, en realidad no son verdaderos, sino sencillamente ciertos. Tan ciertos como dañinos. Si fueran verdaderos, serían sanadores.

Te invito a ser embajador de la pedagogía del perdón

Cualquier educador de buena voluntad que se tome en serio la educación puede ser embajador de la pedagogía del perdón, sean cuales sean sus convicciones políticas o religiosas, su color de piel, su orientación sexual, sea quien sea, todos podemos perdonar y ser perdonados.

Te invito a promover la pedagogía del perdón más allá de tu propia aula, de la propia escuela, de la propia comunidad; ir más allá, tanto como tu capacidad te permita. Y entre todos, hacer de la pedagogía del perdón una realidad que transforme el mundo.

Sé el primero que reivindique justicia desde el perdón y no desde el resentimiento, el odio o la venganza. Un educador que tiene una lengua venenosa no puede ser embajador del perdón, por mucho que quiera ponerse medallas de igualdad, justicia y solidaridad.

Mi sueño es que la pedagogía del perdón alimente las políticas mundiales de los próximos años, y todo puede comenzar con tus alumnos y sus familias.

Aspiro a que la pedagogía del perdón sea algún día reconocido como patrimonio de la humanidad.

Seremos pacificadores del mundo y podremos aspirar a que el premio Nobel de la Paz sea concedido, no a una persona, sino a todo un gremio: los educadores del mundo unidos por el perdón.

Educarse es aprender a buscar, amar y entregarse

Necesitamos la educación para aprender a buscar, amar y entregarnos, solo así nos realizamos como seres humanos, como el ser humano original que cada uno es.

Estas tres tendencias nos ayudan a crecer como una persona completa, como un nosotros-maduro.

En el corazón humano, estas tres tendencias no se presentan de forma consecutiva, sino que son simultáneas: tenemos hambre de buscar, amar y entregarnos, y la educación nos dispone para, en conciencia, buscar, amar y entregarse a lo que vale la pena.

En condiciones desfavorables, la persona reduce su búsqueda, amor y entrega, a lo que le proporciona seguridad y protección, descuidando su originalidad que le mueve a lo sublime por la creatividad, y que supone la vida plena de entrega a lo que realmente vale la pena, a lo que llena el corazón por completo: el Amor.

Resulta fundamental para la educación que las personas en sociedad garanticemos la igualdad, la justicia y la paz. Nadie puede sentirse excluido del deber de velar por la seguridad de todas las personas.

Ningún educador puede desentenderse de la responsabilidad social educativa de que todo el mundo viva en seguridad para poder «vivir la EDUCACIÓN», con mayúsculas.

Pero para que una persona viva la Educación, no se le puede hacer esperar a que se resuelvan las desigualdades estructurales en las que se ve envuelta.

A la vez que luchamos por ofrecer las mejores condiciones de seguridad, debemos ayudar a cada persona a crecer hacia un sentido más profundo, y no sin más, a que aprenda a satisfacer sus necesidades de seguridad.

Las personas podemos crecer a pesar de no encontrarnos en las mejores condiciones ambientales, pero requiere de educadores que ofrezcan la seguridad que no ofrece su entorno, para arriesgarse a crecer sin miedo.

Esto requiere fe en el educador, pues lo que me muestra el mundo que experimento, es otra cosa. Pero si le dejamos a merced de lo que le ofrece su mundo, nunca saldrá de ese mundo-celda, nunca romperá ese «techo de cristal», nunca podrá elegir ser la mejor versión de sí mismo, si quiere.


Marcos Portillo en Sierra Leona. Desarrollo de escuelas y comunidades

Así, no se trata de resolver las necesidades de seguridad para luego satisfacer las de desarrollo, sino que pueden y deben satisfacerse simultaneamente tratando de arropar a los educandos en un nosotros-maduro.

Aprender a gestionar el deseo de recibir y el deseo de dar

Educar es aprender a gestionar el propio deseo y no solo el deseo de seguridad y de satisfacción de necesidades primarias, sino también el deseo de desarrollarse y compartir el desarrollo en un nosotros-maduro. Esto es, aprender a desear a lo grande.

En la base de desear a lo grande está la apertura hacia lo deseado, que impulsa al cuerpo y a la mente a explorar, a salir de la zona de seguridad, a buscar y arriesgar, para encontrar el sentido de la propia vida.

La educación no es un mero hacer, además de experimentar la Verdad, se requiere reflexionar, contemplarla y dejarse hacer por ella.

Las personas no solo necesitamos seguridad, eso es solo la base, además, necesitamos experiencias significativas y desafiantes, que nos permitan descubrir el propio sentido, amar la verdad que encierra uno mismo y entregarse a ella con todo lo que uno es.

El deseo de recibir se ocupa del tener, de la seguridad, de la satisfacción de las necesidades biológicas, tanto individuales como de la especie, así como de la defensa de todo lo que supone el «nosotros» y la protección de cada «yo».

Pero el deseo humano no se colma con la seguridad, desea arriesgar, desea expresar, crear, descubrir, servir, ayudar, cooperar, en definitiva, dar y darse. El deseo de dar y de darse, hacen tender a la persona a buscar, amar y entregarse.

Aprender a buscar

La búsqueda humana está motivada principalmente por la apertura (por el espíritu), la expansión de la propia originalidad, la comprensión de la originalidad de lo otro y la creación de valor, de belleza, de amor y de unidad.

Aprender a buscar de verdad, es aprender a crear y descubrir nuevas oportunidades para desarrollarse y entregarse en conciencia, de forma original, a lo que vale la pena.

Buscar como mero placer dopamínico es un reduccionismo y una deformación de la búsqueda humana. Buscar por buscar, buscar por experimentar sensaciones y seguir buscando para seguir sintiendo, es un miseria que se paga caro en la propia integridad y en la integridad del nosotros, formándose falsos-nosotros en los que se buscan unos a otros para nutrirse unos de otros.

La búsqueda sin un sentido más allá del de satisfacer las tendencias del cuerpo y de la mente llevan a la adicción, a la dependencia, a la frustración, a la violencia. Hoy más que nunca se requiere aprender a buscar la paz, el amor y la alegría que se encuentra en responder a la propia originalidad.

Aprender a buscar supone buscar en conciencia la propia originalidad, y no puede ni debe reducirse a buscar satisfacer necesidades de mera protección y placer. Sería como buscarse una cárcel existencial, limitando la vida a escapar de la propia celda que uno mismo se ha creado.

El «hambre» de búsqueda sigue presente en el ser humano y el educador lo tiene como su mayor aliado, como su segundo mejor recurso didáctico (el primero es el propio educador).

La búsqueda es la motivación esencial de la educación y desde que el sistema de educativo deja de ofrecer cosas asombrosas que buscar, el niño busca el asombro en la perenne impactación de las pantallas que le van atrofiando su capacidad de asombro.

La necesidad de buscar no es un salir para «cazas» y nutrirse, o «comerciar» y hacer negocios. La búsqueda humana es salir para darse, es algo más que satisfacción egocéntrica. El deseo natural de explorar busca el desarrollo, el amor y la entrega a lo valioso.

No buscamos como el resto de animales. Los animales no requieren de educación para buscar, pero el buscar humano es insaciablemente curioso y la educación es el camino necesario para conocerse a sí mismo, conocer el mundo y expresarse con creatividad, con sentido, con amor, con una intención.

Los humanos han desarrollado una capacidad de búsqueda sin precedentes en el reino animal. Se sabe lo que buscan los animales, pero no es tan sencillo determinar qué está buscando cada persona.

Busca con la música, con la pintura, con la ciencia, con la literatura, con el cine, con el juego. Esa búsqueda tiene los mismos principios neuropsicológicos del resto de animales. Se aprecia la evolución en nuestro cerebro, pero la búsqueda humana va mucho más allá, infinitamente más allá, que la del resto de animales.

Educar es capacitar para la libertad. Podría parecer que todo sería más sencillo si no tuviéramos libertad. Sin embargo, la libertad no es una desgracia, no es el problema.

El problema es no saber qué estoy buscando con esa libertad. Si no se lo que busco y no tengo un instinto que me lo determine, nunca podré encontrarlo. Todo resultará frustrante y vacío.

Pero no, muchas personas a lo largo de la historia han dado testimonio con su vida. Más mostrado que supieron buscar ese algo más, porque lo encontraron. Al menos, se puede constatar que lo que encontraron les colma como vida llena de sentido, les proporciona una felicidad sostenible.

Paradójicamente, esas personas suelen tener en común un particular encuentro con el sufrimiento, que no buscaban, pero les salió al encuentro. La búsqueda no es huida, sino encuentro con lo que vale la pena, por grande que sea la pena, porque el valor lo vale.

Cada ser humano busca en la soledad de sí mismo, pero a la vez busca dentro de un nosotros de solitarios que buscan, lo que nos lleva a buscar juntos, unidos, y quizás, esa búsqueda compartida ya es un inicio de encuentro.

Pero el deseo de búsqueda no se sacia en la seguridad del nosotros; mira al horizonte y pregunta a los viajeros que llegan: -¿qué hay más allá? -Yo te puedo contar mi búsqueda pero la tuya, sólo tú puedes hacerla. Sal y busca por tí mismo, solo tú tienes el mapa de tu tesoro.

El educador es ese guía que acompaña al niño y al joven en su inicio de búsquedas cada vez más profundas. Pero no busca por él, no le encuentra las respuestas, sino que le invita a que se adentre y encuentre por sí mismo. El maestro es guía, no porque guíe, sino porque enseña a guiarse a sí mismos, con el mapa de la propia conciencia y la brújula de la autenticidad.

Aprender a amar y entregarse

Las otras dimensiones del deseo de darse, el amor y la entrega, se basan en la tendencia de buscar para alcanzar niveles más altos de realización.

Esta realización se manifiesta en la integración de sí mismo como unidad de amor formando un nosotros-maduro, como despliegue de ese amor que se desborda en sí.

Para llegar a esta integración, la persona debe pasar por diferentes experiencias de desintegración. Buscando, uno se pierde, o incluso, se pierde sin buscar. Y es en el reencuentro de sí, es la integración de uno mismo, donde encuentra el amor que le recompone con mayor fuerza, con mayor libertad, con mayor madurez.

Cuando esto ocurre, se habla de desintegración positiva, pero si no se encuentra, la persona vive desintegrada en la frustración, el sufrimiento, el vacío y la desesperación.

Qué importante es enseñar a buscar, en particular, a las personas altamente sensibles, para que sepan reintegrarse por la sanación de sus miedos y el encuentro del amor que da paz y alegría, aunque duela.

Educar es capacitar para el amor y ese amor solo se realiza en la entrega de sí, que supone una perpetua libertad para entregarse constantemente.

Entregados al Amor, es una forma de vivir que duele y genera angustia. La educación nos hace fuertes de corazón, a la vez que sensibles, para darlo por entero.

Puede ser visto por algunos como un sin sentido, sin embargo, es lo único que tiene sentido: entregarse en conciencia a lo que quiero, a lo que amo, ¿qué sentido tiene otra cosa?

Sí, pero supone sufrimiento. Me podrías decir. Bien, te contesto, pero quien no aprende a sufrir, termina sufriendo por todo. Además, de tanto huir del sufrimiento, uno termina cerrando las puertas a la propia felicidad. Y ahí, encerrado en la cárcel de la existencia, uno quizás se sienta seguro, pero no se siente libre.

Ha sacrificado su libertad en el altar de la seguridad, y ese sacrificio hace a la persona esclava del destino. Quien estaba llamado a buscar su destino y a decidirlo por sí mismo, renuncia a la búsqueda. Pero será el destino quien busque a esa persona y terminará metiendo en su propia celda defensiva, al sufrimiento del que tanto huía.

Buscar el amor supone salir, constantemente, de la propia zona de confort, desarrollando el todo el potencial para entregarlo al Amor.

Ahí a la intemperie, uno puede sentirse inseguro, perdido, vulnerable, pero si uno ha encontrado el Amor que busca, ya puede hundirse el mundo que su vida tiene sentido y la alegría es indescriptible. Y como dice el poeta, quien lo probó, lo sabe.

Uno puede elegir arroparse en la seguridad del Miedo y hacerse pequeñito, o puede abrirse a la seguridad del Amor y hacerse infinito.

-¿Pero dónde está ese Amor?. Busca, busca de verdad. En conciencia, sin miedo.

Solo un educador que se haya abierto al Amor podrá invitar al Amor. No basta con que alguien haya dicho que el Amor existe, debe ser un encuentro personal, un habitar el Amor o no se podrá educar en el Amor.

Aun así, el Amor es tan poderoso, que un educador sin amor puede, como la Luna que no tiene luz pero reflejar la luz del Sol, inspirar a sus alumnos para que sepan encontrar en sus corazones, aquello que su educador no está sabiendo dar por sí mismo.

No obstante, esta experiencia indirecta, si bien puede llevarnos al mismo destino, supone un camino que desgarra la piel, que destroza la carte, que parte el corazón, y es en la curación, ya quizás en la madurez de la vida, cuando uno descubre el Amor que no tuvo cuando nació o cuando creció.

Los educadores deben ser grandes buscadores, inconformistas, sufridores, dolientes, alegres, humildes, esperanzados; que dan dos pasos hacia delante y uno hacia atrás. Pero avanzan y cada paso hacia atrás, es un nuevo impulso de humildad y empuje para amar. Ese ejemplo es extraordinariamente educador.

El Amor no se puede transmitir con palabras, como tampoco se aprende a nadar con un tutorial de Youtube; a nadar se aprende nadando y a amar se aprende amando.

El hijo amado, el alumno amado, aprende algo de qué es eso del amor, y querrá buscarlo, porque tiene esa tendencia en el corazón, y cuando lo encuentre lo amará y si su amor es verdadero, se entregará.

Pero como se dijo al principio, no es una línea consecutiva de acciones: buscar, amar, entregarse, sino una sinergia simultánea de tres tendencias que se pueden manifestar en cada instante, porque al buscar, uno encuentra el Amor, si el Amor quiere, y al encontrarlo uno se entrega, si uno quiere.

Este es el sentido más profundo de la educación, vivir cada instante como una gran fiesta en la que se celebra la alegría del Amor. Y en esa Fiesta, uno mismo es el banquete, el invitado y el anfitrión en el Amor, formando un Nosotros-Maduro.

El concepto psicológico no explica la realidad plena de ser Humano

La psicología trata de dar respuestas a la realidad del ser humano con objeto de superar estados de daño psicológico y propiciar estados de bienestar subjetivo.

Sin embargo, el concepto psicológico de ser humano no explica la realidad plena de lo que es ser Humano, así nunca podrá dar respuesta plena a los daños ni a la felicidad.

Los humanos no somos un mero compuesto de cuerpo y mente. Es posible que en cierto periodo de nuestra vida, uno pueda verse como organismo independiente capaz de ser humano por sí mismo, en sí mismo y realizarse a sí mismo, sin ayuda de nadie.

De hecho es un fenómeno evidente que cada ser humano es un organismo independiente capaz de autoconfigurarse y aspirar a un desarrollo e incluso, capaz de neutralizar su propia existencia con el suicidio.

A la psicología le fascina la mente y con la visión que le proporciona la neurociencia, el cerebro le chifla. Parece que desentrañar los secretos de las redes neuronales nos dará todas las respuestas para la felicidad del individuo. Sin embargo,

El cerebro nos hace vivenciar la felicidad, pero no es el origen en sí, de la felicidad.

No le podemos preguntar al cerebro cómo puedo ser feliz, sencillamente es feliz o infeliz como consecuencia de un modo, objetivo y subjetivo a la vez, de habitar la realidad.

La mente resulta fascinante porque nos abre a un mundo de posibilidades, pero con lo que somos felices de forma auténtica, es poniéndola al servicio del cuerpo y no en contra de él. El cuerpo humano tiene una dignidad extraordinaria, superior a todo otro cuerpo orgánico o inorgánico y la mente no está para manejarlo a su antojo sino para servirle.

La psicología debe descubrir el valor infinito del cuerpo humano

La mente es como la torre de control, pero lo que realmente es extraordinario es el aeropuerto en sí. Sería ridícula una torre de control sin aeropuerto, sin vuelos…

La mente es como la torre de control del cuerpo, el aeropuerto.

Pienso que esto es lo que ha hecho la psicología moderna. Tras descubrir las torres de control, se fascinó y todo lo ha querido reducir a torre de control: «si controlamos la torre, lo controlamos todo». Sin embargo, los aeropuertos fueron surgiendo sin sentido, sin destinos, sin aviones y esas torres cada vez más sofisticadas, perdían su valía.

La consecuencia es que las torres de la modernidad, en lugar de general el control deseado, generaron ansiedad, depresión, tristeza. Entonces, se comenzaron a crear movimientos sin destino, aviones que salían y volvían al mismo aeropuerto, como una especie de terapia ocupacional.

Otros apostaron por «el control de la torre de control»: paz mental, mindfulness, estados de quietud. Estupendo, pero la torre sigue sin tener sentido, aunque ya no sufre, ya no se frustra, ya no se siente vacía pero está vacía…

La educación con la modernidad se puso en las manos de la psicología y dejó de ser una educación de cuerpos para el amor, y pasó a ser una educación de mentes para el control.

Ciertamente, la modernidad fue un avance. Se ha ido superando el analfabetismo funcional y eso es maravilloso, pero algunos han despreciado la educación de siglos. Qué pensaban los Ilustrados, ¿qué nadie se había educado hasta que llegaron ellos?.

Insisto en el avance que supone la educación modernista, pero un árbol progresa en su crecimiento si se mantiene fijado en su raíz. Y el error no está en llenar el árbol de ramas, el problema es tratar de desarraigarse de la raíz, pues las ramas se secan.

Los Ilustrados descubrieron una Humanidad de grandes raíces pero apenas sin ramas. Era como un cactus en el desierto de la existencia, y ellos lograron que de esas plantas surgieran ramas y hojas, flores y frutos. Pero quienes han tratado de cortar la raíz en nombre del progreso, han hecho mucho daño a las propias ramas que surgían.

La raíz en la que debe fijarse la educación es el cuerpo, pero con la Ilustración, se fijó en la mente.

El ser humano fijado en su cuerpo se puede cultivar y crece el carácter desde la sensibilidad y entonces, por la mente, se desarrollan las competencias que dan mucho fruto.

Pero si se fija la educación en la mente, no se cultiva el cuerpo, sino que se pone al servicio de la mente, que ya no se cultiva, sino que se construye y reconstruye al cuerpo a su antojo, bueno, hasta donde la tecnología y el presupuesto personal, dejen al antojo.

La persona no vale en sí por ser quien es en cuerpo viviente, sino que vale por lo que hace, por su mente, por su razón, por su competencia. La educación enraizada en la mente descarta a la debilidad, a la vulnerabilidad. Los cuerpos que no puedan ser competentes o supongan una amenaza para la independencia de otros cuerpos, se consideran descartables o una amenaza que se debe neutralizar.

El progreso fijada en la mente mira fuera de la planta, mientras que el progreso fijado en el cuerpo mira en sí misma y en su despliegue puede conquista el medio, dar fruto y embellecer el mundo.

No se puede cortar la raíz humana, no se puede negar su naturaleza corporal. Sin embargo, esto ocurre cuando la educación no se fija en el cuerpo sino en la mente.

El humano-individual está llamado a ser un humano-comunidad

La psicología «adoradora» del cerebro no es capaz de captar que el ser humano es algo más que ser individual, algo más que un organismo inteligente, algo más que un porta cerebro.

Ser humano, ser un «yo», no es posible sin un «tú». Sin el «tú», el «yo», llegado a cierto estado de desarrollo, puede ser capaz de subsistir como cuerpo y mente sana en sí mismo, pero no es capaz de realizarse con felicidad, con la felicidad que solo da el Amor con mayúsculas. Ese Amor que tanto le gusta desacreditar a la ciencia, y a la neurociencia en particular, le pirra reducirlo a química y neurotransmisores.

Pero si no hay aviones, no hay transmisiones en la torre de control. Se puede crear un simulador o lo que se quiera construir, pero la torre nunca experimentará la frescura de su aeropuerto, los nervios de quienes llegan tarde a su puerta de embarque, la alegría del pariente que llega por la puerta 6, el enfado por el sobrepeso que te van a cobrar.

El humano-individuo es un cuerpo-mente inconexo que subsiste, incluso sano, pero no pleno. El humano-individuo está llamado a ser humano-comunidad que es ser cuerpo-mente-apertura.

A esta apertura se la ha conocido siempre como espíritu pero la visión psicologista de la modernidad, ha psicologizado tanto lo espiritual, que ya no se sabe que se dice, cuando se dice «espíritu». Creo que el concepto «apertura» permite que se entienda mejor hoy.

El humano-comunidad, no es un fragmento que se diluye en un cuerpo «corporativo», sino que es más sí mismo, más «yo pleno» abrazado al tú, que a su vez se hace más pleno, y tanto el «yo» como el «tú», siguen siendo plenamente «yo» y plenamente «tú». Pero ahora también son un «nosotros», que no consume al otro, sino que le alimenta más su Libertad en el Amor.

Libertad para poder entregarse constantemente al amado. Esto, ya lo conocían muchos «analfabetos pre-modernos». Quizás, estos «bárbaros» no sabían escribir, ni leer, pero habían aprendido a amar y si solo el amor les bastaba, para que necesitaban más. Era cuestión de cultivarlo en lo que habitaban, y por aquel entonces, leer y escribir no les aportaba mucho.

No pretendo hacer una apología de la injusticia de siglos pasados que separaba a miserables iletrados de nobles con cultura. Quién saque esa conclusión, que deje el artículo o empiece de nuevo, porque no se está enterando de por dónde voy.

Se puede dar una interpretación política del interés por mantener a las personas analfabetas, pero pienso que es no entender la historia en su plenitud.

Aprendimos a leer y escribir en masa por necesidades de la modernidad… Antes del Covid19, nadie se planteaba la necesidad de tener una mascarilla, ¿para qué? Pero es la necesidad la que nos hace fabricarlas en masa.

La ciencia que bloquea la trascendencia, bloquea la educación

No digo que la psicología sea mala, lo que digo es que en nombre de la alfabetización funcional universal, se puede estar bloqueando el acceso a la sabiduría del corazón, es decir, desde algunas instancias que deben velar por la educación universal se podría estar promoviendo un analfabetismo apertural.

La psicología debe abrirse a la trascendencia y reconocer que sus métodos de investigación deben seguir progresando.

No puede convertirse en una ciencia conservadora de sus metodologías de siglos pasados en nombre del progreso. La estadística, aunque se vista de Big Data, estadística se queda.

La psicología necesita descubrir nuevas formas de hacer ciencia que le abra a la plenitud del ser humano para estar en disposición de servir al ser humano pleno; al humano que se trasciende y forma un nosotros por el amor. Ya los humanistas del siglo pasado, Maslow, Rogers y otros, lo intentaron pero fueron desterrados del Olimpo de la ciencia.

No digo que fuera incorrecto el destierro, lo que cuestiono es el Olimpo mismo; quizás haya que ir pensando en un Olimpo más olímpico.

Si los científicos no son capaces de llevar, por la limitación de sus métodos, a medir esto, ¿cómo pueden existir científicos que lo niegan por no poderlo medir? Sería como negar el conjunto de las estrellas porque no se puedan contar; es sencillamente ridículo y tendría que darnos vergüenza hacerse llamar científico y no respetar lo que no somos capaces de afirmar o negar.

La falta de respeto a la trascendencia podría ser por ignorancia, por maldad o por miedo, pero nunca por ciencia.

El caso es que la educación no puede ir al paso de la ciencia, sino al paso del amor.

No tenemos derecho, en nombre de la ciencia, a tapar los ojos a las nuevas generaciones ridiculizando la sabiduría de generaciones y generaciones, de todas las culturas y credos.

El científico no puede comportarse con la arrogancia de un niño al que le han regalado un telescopio y se cree más poderoso que sus vecinos porque ve las estrellas más cerca.

Está bien que seamos capaces de hacer cada vez telescopicas más potentes, pero no nos hace más potentes humanamente, ver más estrellas y más cerca.

Lo que nos hace humanos en relación a las estrellas, es ser capaces de convivirlas con amor, y eso se puede hacer con o sin telescopio. Mejor con telescopio, pero para convivirlas con amor, cada vez con más amor.

¿Y cuál es la realidad plena del ser humano que no capta la psicología?

Cada cual tendrá que descubrirlo en su trascendencia, en su apertura al Amor. No tengo la respuesta científica, empírica, quiero decir; tengo mi respuesta personal, que me encantaría poder dar, día a día con mi vida.

A día de hoy, mi respuesta, más que una respuesta, es un deseo de responder al amor. Mi respuesta es una sed de plenitud. No se puede dar una respuesta plana con la mente, sino con el cuerpo, con la vida.

Y ese es mi deseo, que mi cuerpo plasme cada vez mejor la respuesta al amor.

Las ciencias nos muestran que los seres humanos no se plenifican sin más, desarrollando su cuerpo-mente al máximo. Existen evidencias suficientes para poder afirmar que no somos meros animales dotados de razón, sino que necesitamos de la educación para renacer por el Amor.

Todo nace perfecto, salvo el ser humano, que necesita de la educación para perfeccionarse.

Todos los animales se desarrollan, pero ese desarrollo no les perfecciona, ya son lo que son, sencillamente se despliegan.

Sin embargo, los seres humanos damos un salto a la trascendencia, como diría Jaspers. Lo damos si queremos. Como el gusano se transforma en mariposa, la educación, la educación auténtica, nos transforma en la apertura.

Así vemos cómo la humanidad ha buscado en las religiones, en las filosofías, en el arte y todavía seguimos buscando.

Quizás la psicología empírica no sea capaz de llegar nunca a una evidencia de lo que es la plenitud del ser humano, no lo sé, pero lo que sí sé, es que si sigue aspirando a «construir telescopios cada vez más largos», por ahí no creo que llegue muy lejos.

Es hora de que la ciencia dé un salto empírico a la trascendencia y acepte el reto de conocer científicamente al ser humano pleno, el habitante del Amor.

La paradoja del confinamiento: salir de la madriguera mental

Muchas personas pensaban que tenían una vida abierta porque se podían mover de un lugar a otro, pero tenían su mente confinada en una madriguera de inconsciencia.

Ahora, cuando cada vez nos quedan menos cosas nuevas por hacer sin movernos, la conciencia se hace más fuerte y pide salir. Hasta ahora ha sido cómodo no ser consciente de la propia vida y dejarse llevar, pero el parón nos está obligando a caer en la cuenta de que cada uno es el protagonista de su vida y puede elegir quién quieres ser.

Quizás te habías fabricado una máscara, «una mascarilla existencial», un personaje con el que relacionarte con el mundo sin contagiarte de lo exigente. Pero encerrado, cara a cara con tu máscara, la miras y dices: «¿qué es esto?».

Con el movimiento, la máscara indica al mundo que todo va bien, que uno es feliz, que sé lo que hago, que sí, me han pasado cosas malas, pero ya he aprendido: ahora controlo. Sin embargo, encerrados semanas y semanas somos conscientes de que más bien controlamos poco.

Siempre cabe la posibilidad de seguir subiendo fotos a Internet y seguir mostrando la máscara y colará. Claro que cuela, pero tu conciencia ya no está confinada y te está diciendo que ese no eres tú…

Necesitas salir cuanto antes para volver a encerrar a tu conciencia, que esto acabe ya, por favor… En problema es que ya lo sabes. Has visto tu conciencia y mentirte ahora va a ser complicado, aunque todo es cuestión de ponerse.

Sin embargo, te propongo una solución mejor. Bueno, más bien la única solución que conozco: pide ayuda. Soy profesor de universidad, soy pedagogo y mi especialidad es la orientación personal. He sido profesor de secundaria y de primaria, monitor de tiempo libre y todavía sigo con más proyectos. Y mi experiencia de personas que piden ayuda es tan positiva que es lo que recomiendo vivamente, empezando por mi propia experiencia. O que te crees, todos necesitamos ayuda. ¿Piensas que eres tú el único que tiene consciencia y el único que podría aspirar mejor a sus sueños?.

La consciencia no es una aguafiestas, sino la auténtica versión de quienes somos, y solo diciéndole que sí, le dices sí a ti mismo, a tu libertad: tu vida tiene sentido y te haces quién eres. Lo que quieres y lo que debes, se hacen una misma cosa;amar al yo y amar al tú se convierten en lo mismo.

No te puedo decir más, el resto te lo dice tu conciencia, te lo dices tú, siempre que la dejes salir, que no la vuelvas a confinar en una vida de activismos, de sensaciones, de vanidades, de ilusiones mediocres y conformistas.

Pide ayuda, y si me conoces, aquí estoy para escucharte. No seré yo quien te diga la solución, pero tengo experiencia en ayudar a la gente a que se escuche a sí misma; que escuche, no a su soberbio ego, sino a su humilde consciencia. El ego siempre tiene problemas de autoestima, mientras que la consciencia tiene grandeza de ánimo. Es cuestión de ponerse y uno va distinguiendo la diferencia.

Ya puedes salir del confinamiento mental, ya te puedes quitar la mascarilla existencial. ¿Y luego qué? Imagínate que se hace esa misma pregunta un bebé en el vientre de su madre. Si estás en esa metafórica situación. De momento sal, y ya verás como el amor te abraza y te ayuda a vivir, a crecer, a florecer.

El tesoro educativo del silencio infantil

Para algunos, el silencio es un recurso pedagógico del pasado. Propio de pedagogías transmisionistas, donde el niño es amaestrado para que contenga su natural alboroto y preste atención a la cansina instrucción del maestro: «!muerte al silencio, viva la actividad, emocionemos a los niños¡

¿Pero quién dice que el silencio no es emocionante? Solo quien nunca haya bailado con su música interior.

El silencio educador no es callarse y escuchar al maestro; no es dejar de hacer para que entren las ideas que le transmiten, sino es un silencio habitativo; muchísimo más activo que mil alborotos juntos. El silencio del niño que juega con su conciencia y vivencia eternidades. El cerebro se ramifica con sus imaginaciones, viviendo aventuras espectaculares. Silencio que educa porque es su originalidad la que interpreta la música y el niño la baila. El rostro del niño jugando, viviendo en silencio la expresión de lo auténtico. El niño en silencio habita su conciencia sin posar, es genuino y revelador del misterio de su corazón.

Déjale jugar en silencio, no busques esos entretenimientos ruidosos o esas pantallas que desactivan el murmullo de su creación interior. Y dices que te lo pide, y que si no le das la pantalla, no para… Cierto, no paran porque busca la música de su conciencia, pero les hemos encerrado en la actividad exterior, en una cárcel de atención a lo otro y no escuchan los gritos de su originalidad: –niño, juega conmigo, juega contigo, hazte quien eres.

Orgullosos de quitar el silencio de la educación, los educadores no saben que están quitando las flores del jardín, la miel del panal, y toda la actividad que puedan juntar nunca será suficiente para sustituir el infinito activo de su conciencia. por mucho que puedan motivar, nunca llegarán al infinito motivo que en su corazón les entusiasma. Dejadles jugar, permitidles que se aburran y así buscarán lo que en verdad quieren; disfrutar de corazón, jugar con el alma.

EDUCAR LA INGENUIDAD PARA HABITAR LA VERDAD

Uno habita en su casa, en su propiedad, aquello en donde puede cultivar y construir; habitamos el hogar. En nuestro hogar es donde nos sentimos en casa, es el lugar al que se vuelve y desde el que se sale a la aventura, donde nos reponemos y nos relacionamos en intimidad con quienes amamos incondicionalmente. En casa nos relajamos, estamos en confianza, nos sentimos a gusto, nos damos unos a otros, formamos una familia. En casa somos libres y responsables, estoy porque quiero y porque quiero, me doy por entero. Es donde perdonamos y se nos perdona sin parar.

Si uno se plantea que esto no es posible en su casa, probablemente haya dejado de ser su casa, ya no es un ingenuo (un indígena, del latín ingenuus, libre de nacimiento) en su tierra, sino un tirano que trata de someter a otros o un siervo que se ve sometido por alguna tiranía.

La Verdad es la casa universal de todos, pero sólo la habita como “mi hogar” quien es un ingenuo, un indígena de la verdad, natural de lo auténtico. Los astutos, sin embargo, la consideran una prisión. Su infinidad enreja su ego y para tratar de escapar, intentan hacerse con su control, pero es como la propia sombra, que por mucho que corramos nunca nos separamos de ella, salvo que apaguemos la luz…

Los astutos intentan en vano poseer la verdad, apagar la luz, construir en tinieblas, deconstruir con falsedades, ocultar los hechos, manipular los frutos, reservarse pequeñas verdades para controlarlos a otros, pero esto les hace invasores en tierra extranjera, siervos de la mentira, tiranos de la vanidad, cultivadores de miedos, constructores de falsedades. Y, sin embargo, paradójicamente, ya eran nacidos en la Verdad, eran propietarios desde el origen, pero al renunciar a la ingenuidad, han renunciado a sus derechos de pertenencia.

Y es que el ingenuo sabe que es descendiente original, pero no es el origen de la Verdad. Es heredero de la Verdad si la acepta, pero no es la Verdad ni el origen de la Verdad. Y es que quien renuncia a su herencia y se autoproclama “verdad” u origen de la verdad, suicida su ingenuidad y se hace desertor de la Verdad para enrolarse en las filas de la Mentira.

La Mentira no es lo contrario de la Verdad, sino la imitación más perfecta que pueda ser realizada de la original Verdad. Quién se abraza a la Mentira, en realidad, piensa que abraza la Verdad o que al menos, se encuentra en camino de conquistarla. Y cuanto más poderosa es la Mentira, más difícil es diferenciarla de la Verdad, que sólo es distinguible por los ingenuos, más ingenuos: “el rey está desnudo”

A la Mentira le encanta que los habitantes de la Verdad dejen de ser ingenuos para combatir la mentira porque así, sin desearlo, se pasan a su bando. Pero los ingenuos, «esos estúpidos seres insensatos» no hay quienes les engañe y la Mentira queda desarmada: –«¡Acabemos con los ingenuos, llamémosle ignorantes, dogmáticos, radicales, fundamentalistas, enfermos, antisociales, incívicos, enemigos de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad… Hagamos que, si un ingenuo vuelve a decir que “el rey está desnudo”, que le neutralicen por intolerante fundamentalista y que, si todavía queda por ahí algún ingenuo despistado, que aprenda que si abren la boca, no correrá mejor suerte».

La Mentira cuando controla, organiza la educación para formar astutos y combatir la ingenuidad.

El niño debe dejar de asombrarse ante la Verdad, debe olvidarse de cultivar y construir en la Verdad. Por el contrario, debe adquirir las verdades tolerables por la Mentira y las mentiras básicas que le alejen de la ingenuidad.

El mantra será la técnica pedagógica por excelencia: “no existe la verdad”, “no existe la verdad”, “cada uno tiene su verdad”, “los ingenuos fracasan y los astutos triunfan”, «debemos respetarnos», etc. «Y quien afirme que el «rey está desnudo» es un intolerante fundamentalista».

Desde la Mentira se explica que habitar la Verdad es imponer y eso significa perder la libertad. En nombre de la libertad, la Mentira lucha contra la libertad, como no podría esperarse de otro modo. Así, los niños aprenden a renunciar al habitar libres en la verdad para poder ser libres según la Mentira, pero en Verdad, están tiranizados.

La educación así no se orienta a desplegar la propia originalidad natural de la verdad, se entrena al niño para ser astuto, para hacerse una verdad a la medida de su ego y para cazar a los indígenas que le digan que, en Verdad “está desnudo”.

Así las cosas, ser ingenuo es muy peligroso pero solo desde la ingenuidad se podrá habitar la verdad con libertad, con autenticidad, por lo que vale la pena educar la ingenuidad.

Atender a un estudiante altamente sensible en el aula

Iván está en segundo de primaria, es el típico estudiante que todos los maestros desean. Trabajador, dócil y aplicado, que colabora con sus compañeros, da buen ambiente en clase y se esfuerza por alcanzar las mejores calificaciones. Sin embargo, Iván tiene un retraso en el aprendizaje de la lectura. Aunque comprende bien, todavía lee muy despacito. Esto le tiene un poco empequeñecido y sus luchas por seguir al ritmo de sus compañeros le tienen muy estresado.

La tutoría con sus padres es muy positiva; el chico es bueno y trabajador y si procura leer más, no tendrá ningún problema: «cada niño madura de forma diferente». Sin embargo, Iván en su apariencia de niño feliz y sereno, tenía un hervidero en su cabeza y en su corazón. Constantemente se le ocurrían ideas, comenzaba cosas pero las dejaba a medias y todo desordenado. En el patio le producía mucho miedo las riñas y trataba de evitar cualquier conato de pelea. Era muy buen amigo de sus amigos pero cuando estaba en casa le gustaba jugar solo y pasaba horas y horas.

Iván pensaba que tenía una vida normal, con una familia normal, pero la realidad es que su hermano no dejaba de pegarle y su padre estaba siempre fuera de casa. Y sin saberlo, eso le estaba marcando su carácter. Además, su madre era una persona muy sensible y desde que iván tenía uso de razón su madre siempre ha estado batallando con depresiones. Pero externamente, eso no era algo que se notara mucho en Iván al que se le veía feliz e integrado en el colegio y con sus amigos.

El hecho es que Iván era una persona altamente sensible, o PAS. La alta sensibilidad, también conocida como sensibilidad de procesamiento sensorial , es un rasgo genético que afecta aproximadamente al 20% de la población. La psicóloga Elaine Aron , quien acuñó el término en la década de 1990, teorizó que el rasgo evolucionó para ayudar a las personas con sistemas nerviosos más sensibles a lidiar mejor con el mundo.

Los maestros no siempre son conscientes de esta realidad y piensan que se trata de un niño con dislexia, TDHA, timidez o quizás, que se trata de un niño un poco mimado. Pero si sabemos ya que se trata de una persona altamente sensible, ¿cómo debe ser tratada por su maestro?

Lo primero y más importante es corregir la creencia de que la sensibilidad es debilidad o un defecto. Vivenciar el mundo con mayor intensidad, con más profundamente es un regalo, «un regalo trágico» dirá Dabrowski pero porque conlleva ciertos periodos de sufrimiento en la vida pero bien superados, se trata de un talento extraordinario que puede aprovecharse para estimular la creatividad, la innovación y el crecimiento escolar, personal y posteriormente profesional y social.

Los estudiantes altamente sensibles suelen ser considerados «niños buenos» con sus compañeros y aplicados con el trabajo, y los profesores suelen estar encantados con su actitud. Sin embargo, ser muy sensible puede presentar desafíos para manejar el estrés, la presión y las relaciones en el aula y en la escuela.

Un maestro, que aspira a ayudar a que todos los estudiantes prosporen no se conforman con la bondad de estos niños que no dan problemas, sino que se interesan por su sensibilidad para que aprendan a gestionarla.

Aquí planteo algunas ideas para que el maestro puede identificar a los alumnos altamente sensibles y puede ayudarles a aprovechar todo su potencial de desarrollo.

Rasgos del estudiante altamente sensibles en el aula.

Las investigaciones muestran que las PAS presentan un mayor flujo sanguíneo en áreas del cerebro relacionadas con el procesamiento emocional, la conciencia y la empatía. Estas capacidades cognitivas hacen que los PAS respondan a las necesidades de otras personas, a veces a expensas de su bienestar personal. Los estudiantes PAS tienden a realizar sus tareas con perfeccionismo y buscan complacer a las personas, en particular a sus responsables, de una manera más acentuada que el resto de niños.

En términos generales, las PAS se ven más afectadas por estímulos externos que las que no son PAS. Como resultado, pueden abrumarse fácilmente, especialmente cuando están bajo presión. Los plazos pueden agotarlos y quedar atrapados en un estado de temor.

Debido a que son tan perceptivos, a los PAS les encanta profundizar en los temas. A menudo disfrutan de la estrategia y la planificación pero a la vez, la emotividad les puede hacer inconstantes y desordenados.

Este interés más profundo por los temas no tiene que confundirse con altas capacidades necesariamente, pero los educadores y los padres pueden tener la impresión de que su hijo es quizás de altas capacidades por sus intereses, sus preguntas, su empatía que aparenta una precoz maduración. en la responsabilidad social.

Esta preocupación por todos y su amabilidad, le hacen ser una persona querida y valorada por sus compañeros, y suele pasar como un líder tapado que se detecta en los sociogramas pero en las manifestaciones externas del grupo no se ven tantas manifestaciones de liderazgo. Lo que tiene el PAS son detalles personales con uno y con otro. Incluso con el maestro, a quien le trata con total deferencia y a la vez huye de molestarle o «hacer la pelota».

Consejos para ayudar a crecer a un estudiante PAS

La atención singular hacia los PAS, diferente de lo que tendría que ser la educación personalizada común para cada uno de los alumnos de la clase, se reduce a capacitarlos para que puedan aprovechar sus fortalezas y al mismo tiempo dotarlos con herramientas para manejar su sensibilidad (o sobreexitabilidades)

Las PAS tienden a vivenciar los sentimientos con mucha intensidad y a cualquier cosa le dan una importancia desproporcionada emocionalmente hablando. Se sienten agotados pero luchan por no ser considerados débiles o incapaces y les puede llevar a importantes desajustes de ansiedad o depresión, de la que no se sabe cual puede ser la causa. POr tanto, es importante hablar mucho con los estudiantes PAS, aunque sean pequeños y parezca que no tienen ni media conversación; los PAS la tienen y si tienen confianza de que no serán dañados, les encantará abrirse y contar su mundo interior.

Darles encargos y posibilidades de servir a los demás les hace sentirse valorados y comprendidos. Comunicación fluida, diaria, aunque sea un solo que tal, como va todo, es algo maravilloso para ellos.

Desde muy pequeños, es bueno formar su carácter para hacer frente a las grandes estimulaciones, que para ellos es todo: todo es ocasión de una gran estimulación y por eso, también ocurre que, su atención secuestrada por una estimulación previa, se muestren como olvidadizos y despiastados.

Es muy importante para los PAS educarles en rutinas y hábitos de orden, planificación, prioridades, constancia y se acostumbren a pensar antes de actuar, porque su intuición les puede jugar malas pasadas.

A las PAS les incomoda ser observados y más si no se ofrece retroalimentación de «qué pasa»: no es un tema de susceptibilidad, sino en algunos casos, disforia sensitiva al rechazo. Es bueno darles explicaciones y enseñarle a no dejarse llevar por sus impresiones, sino mejor preguntar y no ponerse a pensar lo peor.

Su tendencia a no generar conflictos puede llevar a las PAS a ceder siempre y tragar con todo, con tal de que haya paz, pero ciertas situaciones injustas pueden agrandarse cuando compañeros se aprovechan de esta circunstancia y abusan injustamente de esta tendencia, lo que puede llevar a el PAS a reventar emocionalmente al sentirse utilizado e injustamente tratado, y sobre todo, al comprobar que nunca logra contentar a ciertas personas. En este sentido, debe aprender pronto que el objetivo en la vida no es lograr que todo el mundo esté contento con uno en la vida, sino que intentando tratar bien a todos y procurar que todos estén contentos, llegado un momento, uno debe hacer lo que considera en conciencia aunque otros piensen mal de uno, no estén conformes o se sientan defraudado. A quien no debemos defraudar nunca es a la propia conciencia.

Es importante decirles lo que pueden mejorar, pero con cariño y esperanza de que lo puede hacer mejor. No vale decirle que todo lo hace bien o todo va bien, porque su sensibilidad le hace ser muy autocrítico y por sí mismo ya sabe muchas cosas en las que puede mejorar.

Las PAS tienden a reaccionar más enérgicamente a las críticas que a los que no son PAS y a la autocorrección excesiva en respuesta a los comentarios, incluso sacrificando su bienestar para complacer a otros. Incluso, intervenciones de compañeros que no son crítica, si se hacen con un tono energico y frío, la PAS puede tomárselo a la defensiva e interpretar que está haciendo algo mal. En este sentido, conviene enseñar a la PAS que no juzgue, sino mejor preguntar: ¿Preguntas eso por que ves algo mal? ¿hablas con ese tono porque estás enfadado? Así se sale de dudas y se ayuda a todos para que no se den malos entendidos.

Es bueno saber que los PAS sobre la marcha harán lo mejor para el otro, pero luego si lo piensan, es posible que hubieran decidido otra cosa, en ese sentido, es interesante dejar tiempo para pensar a los PAS y también enseñarles que es de sabios rectificar: «te dije que te haría ese favor, pero lo he pensado bien y no voy a poder por esta razón, disculpa mi impulsividad». Y también enseñarles a que no so comprometan sobre la marcha, que se acostumbren a darse un tiempo aunque tengan clara la respuesta: «dejame que lo piense y te digo».

HSP a responder en el acto; Déles tiempo para absorber lo que han escuchado y reflexionar sobre una respuesta. Por supuesto, estos son buenos consejos para enviar comentarios a cualquier persona, pero especialmente a los HSP.

En cuanto a las tareas, los PAS necesitan motivaciones trascendentes; son grandes trabajadores si su labor es para salvar el mundo, pero si se les piden cosas sin sentido es muy probable que dejen de hacerlas o las hagan mal. Es muy importante que vean el sentido de las cosas y aprenderán mucho más y mejor.

Todos los estudiantes quieren sentir que su trabajo es valioso, pero este impulso es especialmente alto para las PAS. Tienden a comprometerse y se preocupan profundamente por impactar en su entorno.

Conviene ayudar a los PAS a darle salida a su capacidad de empatía, comunicación y organización de manera más efectiva. Si el maestro le pide ayuda, se sentirá muy reconfortado y al contrario, si falta una motivación profunda, una PAS puede volverse apática. El maestro debe ayudar a sus estudiantes PAS a comprender cómo sus esfuerzos se conectan con un propósito mayor.

Para algunos maestros contar con alumnos PAS en su aula es un problema, para otros es un regalo. Espero que este artículo te haga sentir que la situación no es una amenaza sino una oportunidad.

Pon en tu comité directivo una persona altamente sensible

Existen personas altamente sensibles que son docentes, estudiantes, padres, madres e incluso algún que otro director o directora, pero es precisamente la alta sensibilidad, la que lleva a los gestores de las organizaciones educativas a descartar como directores a personas que se muestran altamente sensibles, por sus aparentes «debilidades de carácter».

En ocasiones se les hace un favor si la sobrecarga emocional es muy intensa, pero ponerle una marca de por vida, «tú no sirves para dirigir porque eres muy sensible», me parece un grave error estratégico de las instituciones que así lo piensan.

A veces, las personas sensibles parecen débiles y en particular al principio, cuando todavía están descubriéndose en su sensibilidad. Parece que no serán capaces de tomar decisiones duras, pero que sufran no quiere decir que sean cobardes, irresponsables, ineficaces o injustas. Reconocen sus errores y perdonan con la misma intensidad que aman y están dispuestas a darlo todo por lealtad a la organización y a las personas a las que sirven.

Sienten desde lo más profundo de su espíritu, y si se piensa que eso es un inconveniente para dirigir un colegio, es que realmente no se está pensando en la organización escolar como el cultivo de una comunidad , sino como la gestión de una máquina.

Ver a una persona derramar lágrimas es para algunos un impedimento para liderar un grupo, pero mostrar vulnerabilidad, siempre que vaya acompañada de firmeza y determinación, es un puente para trabajar en equipo, para aprender a trabajar en comunidad, con sencillez y sinceridad.

Un líder altamente sensible, a pesar sufrir intensamente por las traiciones, no guarda rencor y actúa con justicia y compasión; siempre está dispuesto a dar a todos los que lo necesitan y no pasa factura, aunque si aprende y quien no reconoce su mal, tampoco está dispuesto a permitir que lo siga cometiendo.

Un directivo con alta sensibilidad confía en su gente y comparte sus conocimientos y recursos con sencillas. Es autocrítico, reconoce su errores y rectifica. Aprende y lo vuelve a intentar, y con las personas que reconocen su error y hacen el propósito sincero de recomenzar, se vuelcan y ponen toda su confianza a través de gestos y palabras amables. Y en todo caso, si conoce de las limitaciones o debilidades de los demás, procura estar atento para ayudarles a crecer, pensando antes en las personas que en las tareas. Esto puede llevar a que algo no salga de inmediato, pero de forma mediata, si que saldrá cada vez con mayor facilidad y dando el protagonismo a los docentes en los que se confía.

La persona altamente sensible, claro que exige, tanto como se exige a si misma, pero lo hace con delicadeza, como le gusta y agradece que le corrijan y le sigan a sí. Una persona altamente sensible responde con entusiasmo ante las llamadas de atención suaves y esperanzadas, pero queda muy afectado con los ataques, desprecios y desvalorizaciones.

Por tanto, un directivo altamente sensible aprende muy a fondo, pero necesita mucho tiempo, tal vez, requiera de varias etapas. Pero las organizaciones son impacientes, los resultados urgen y temen dar segundas oportunidades . Un consejo de administración no se atreve, por lo general a apostar por una persona altamente sensible que terminó quemado en una primera etapa de directivo; paradójicamente, en los centros educativos a veces no se cree que las personas puedan cambiar y que un profesional pueda aprender. Incluso, la experiencia les lleva a considerar que si se detecta la alta sensibilidad, directamente se le descarta para darle responsabilidades, porque lo que se buscan no son soluciones profundas, sino arreglos rápidos… Pero esta es mi crítica, la escuela no es una máquina, sino un cuerpo y más que cambiar piezas se trata de rehabilitar a los órganos para que cumplan sus funciones. Requiere su tiempo… Pero vale la pena y el resultado es mucho más perdurable y autónomo.

Las personas sensibles son fácilmente engañables pero a la vez, son capaces de detectar rápidamente las mentiras. Y si bien se frustrarán, se enfadarán y quizás sus primeras reacciones sean inapropiadas, saben rectificar, pedir perdón y recomenzar. Y cuando su equipo lo forman personas igualmente sencillas y nobles, el organismo o sigue fortaleciéndose y madurando.

Lo más valioso del directivo altamente sensible es su profunda humanidad, empatía, bondad, simpatía y consideración de los demás. Pero todo esto dentro de una vivencia intensa que fácilmente es manipulable por compañeros egocéntricos y envidiosos, que tratarán de mostrarle cómo directivo desequilibrado, quemado, deprimido… Cuando lo único que necesite tal vez, es un poco de descanso, un apoyo con quien poder hablar y recomponerse.

En un equipo directivo no todas las personas deben ser altamente sensibles, pero sí apuesto porque sea la cabeza del centro pero contando con un apoyo de subdirectores leales, maduros y competentes. A la vez, es imprescindible formar a los directivos para que sepan detectar a las personas altamente sensibles y comprendan el interés de este talento para que sepan cuidarlo en lugar de quemarles a base de sobrecargas y falta de tacto.

El líder con alta sensibilidad logra sacar lo mejor de todos, es posible que se deje llevar por prejuicios pero desde que se da cuenta, no le cuesta nada rectificar para dejar de juzgar y sentir la verdad de cada uno, a pesar de los pesares.

Un líder sensible es quizás un tanto desconcertante y resulta incómodo para quien desea que todo sean rutinas, pero su intuición y su creatividad la ponen al servicio de las familias, los docentes y los alumnos, porque cree de todo corazón que su misión es ayudar a todos.

A la corta, los líderes sensibles no suelen pasar la prueba, pronto se les ve ansiosos, preocupados, enfadados, generando caos y se les pone una etiqueta: este no sirve para dirigir… «Sí, tiene buen corazón, la gente le quiere mucho pero la institución se puede ir al traste con alguien como éste al frente» y se les quita de enmedio: error.

Las personas altamente sensibles se merecen nuevas oportunidades porque según van pasando los años aprenden de sus errores, se conocen, rectifican, controlan mejor sus intensidades emocionales y sobre todo, han aprendido a sufrir, han superado obstáculos y desafíos muy intensos y, sin embargo, siguen motivados y con deseos de seguir ayudando a todos.

Pero no importa que no se les considere para dirigir los centros educativos, pues en la esquina donde hayan perseverado, seguirán manteniendo su prestigio, y quizás no tendrán el poder, pero sí la autoridad de quien sabe por experiencia y quien a pesar del dolor profundo, las injusticias y traiciones, nada ni nadie le puede impedir seguir amando.

En mi opinión, muy contraria a la mayoría de los gestores de centros escolares, los comités directivos deberían contar con algunas personas altamente sensibles: artistas, creativas, capaces de arriesgarse por amor a los demás, amando sin excusas y con deseo sincero de cambiar el mundo desde la bondad, aunque eso le suponga la vida.

Este es mi secreto para la transformación educativa que requiere nuestro sistema, cuidar a los docentes altamente sensibles y ayudar a los que tengan inquietudes de dirección para que adquieran las competencias y cualidades que les falten, y logren fortalecer su carácter para que sin perder sensibilidad, sepan gobernar con firmeza y salud hasta el éxito y más allá.