Quién soy

Nací en Las Palmas de Gran Canaria el 19 de febrero de 1975. Mis padres se llaman Juan y María del Carmen, y tengo un hermano mayor que yo; Juan Carlos.

Mis abuelas, Pepa y Bienve, eran amas de casa. Mi abuelo paterno, Juan, era yegüero en un cortijo de Villacarrillo (Jaen), y el materno, también Juan, era panadero en Arucas (Las Palmas de Gran Canaria). Mi padre salió del cortijo a los 17 años y se alistó en la Infantería de Marina. Fue ascendiendo y llegó a oficial. Después de estar embarcado y en diversos destinados como El Aiiun, terminó en Las Palmas donde se casó con mi madre y viven hasta ahora.

Mi madre es esteticien, monitora de relajación postural y sanadora reiki. Llegó a trabajar como monitora de salud en la Asociación Fuente de Vida, con más de 400 inscritas e inscritos a sus sesiones.

Hasta los 13 años vivimos en el barrio de las Alcaravaneras (Las Palmas de Gran Canaria), hasta que nos mudamos al Polígono de San Cristobal, ahora Vega de San José (Las Palmas de G.C.).

Siempre he estudiado es centros públicos: Infantil y Primaria en el Gutiérrez de Rubalcava, Bachillerato en el Guanarteme, COU en el Tomás Morales y la carrera, Pedagogía, en la Universidad de Sevilla. Desde siempre he sido una persona responsable con el estudio, pero eso no quiere decir que me haya resultado sencillo. Ya desde pequeño tuvo dificultades con la lectura y la ortografía; con esfuerzo sacaba las materias pero la lengua siempre fue una asignatura pendiente. Ya en la universidad, una profesora me hizo descubrir que era disléxico… Sea como fuere, su vivencia como estudiante ha sido la de un alumno con dificultades en el aprendizaje, circunstancia que me ha ayudado mucho para comprender a las personas que se enfrentan con la misma situación.

Al terminar la universidad, me dediqué a ser orientador escolar en diversos colegios, labor que compatibilizaba con la de dar clases en Primaria y Secundaria. Me parecía una labor imprescindible y muy gratificante. Sin embargo, mi visión era otra. Como maestro de un grupo y orientador de centro me sentía desasosegado porque veía en mi interior, que tenía que atender a los padres y a los demás profesores y mientras estuviese en esta situación, viviría desbordado. Así que tomé una determinación, seguí estudiando, alcancé el doctorado en Pedagogía y después de múltiples intentos, entré como docente en la universidad. Esto me supuso un respiro y me permitió empezar a ordenar mis ideas. Con todo no llegué en el mejor momento, con el Espacio Europeo de Educación Superior, una burocracia interminable colapsaba mi tiempo universitario con tareas de gestión, pero la solidaridad entre compañeros permitió que siguiera avanzando. A esto hubo que sumarle la crisis económica y sus recortes, más clases, más gestión; investigar y desarrollar mi visión era todo un reto. Con todo, no dejé de atender a padres, estudiantes y profesores pero ahora era distinto, consideraba de máxima prioridad sacar tiempo para pensar, escribir y acreditarme.

Toda esta labor profesional la he venido compatibilizando con una labor de voluntariado en diversas asociaciones juveniles y ONGs para la formación de niños y jóvenes en sus tiempo libre, muy centrado en los padres y madres para que ejercieran su primacía en la educación de sus hijos.

Veía que los padres y profesores iban muy sobrecargados y “solos en la multitud”, y por otro lado, muchas personas que sufrían las consecuencias de un entorno difícil y una insuficiente educación.  Quería ayudar a los padres y docentes pero la solución no podía consistir en acciones más complicadas, mi misión debía ser la de simplificar las cosas, en vez de enredarles más, como tantas veces ocurre cuando se hace pedagogía desde “un laboratorio”. Así, mis ideas se han ido condensando en lo que aquí presento. Soluciones sencillas para que los padres sean felices ayudando a crecer a sus hijos y todos generando un impacto social educativo, que garantice la igualdad de oportunidades y el crecimiento personal de todos, cada cual con su diversidad pero todos formando una unidad.

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