Cumpleaños infantiles: dime cómo celebras y te diré lo que valoras

El cumpleaños del niño no es algo indiferente o neutral; siempre educa o deseduca, daña o fortalece. Los padres tienen la oportunidad de educar a su hijo en el nosicentrismo o anclarle en el egocentrismo.

Muchas madres y padres reciben una gran presión de sus hijos y del entorno para celebrar los cumpleaños de una forma que en el fondo, no quieren. Quiero ofrecer un análisis de la situación y alternativas para celebrar los cumpleaños de acuerdo con los propios valores e intenciones educativas; conforme al propio estilo de vida.

Del cumpleaños comercial a la auténtica celebración

Un cumpleaños comercial no es el que se celebra en un comercio. Cada familia y cada comunidad deberá estudiar el modo más sensato de celebrar sus cumpleaños de forma saludable, razonable del punto de vista económico, y las soluciones pueden ser muy variadas.

Lo de cumpleaños comercial es una actitud con la que organiza y se vivencia, actitud que se puede adoptar aun quedándose en casa y asumiendo todos los servicios.

Es comercial toda aquella fiesta de cumpleaños que no se mueve por la mutua entrega de todos, sino por el afán de dar para recibir (negocio). El primero es nosicéntrico: «nos alegramos juntos porque tenemos un motivo que celebrar. El cumpleaños el comercial es egocéntrico: «quiero ser rey por un día» y «estoy dispuesto a ser tu vasallo por un rato guay y una buena merendola».

En el cumple comercial, los regalos dejan de ser dones, “entrega”, y pasan a convertirse en moneda de cambio: un compromiso, una entrada… O de forma más sutil, podemos hablar de que el cumpleaños se convierte en un mercado de emociones donde se compra y vende cariño y autoestima.

El cumpleaños comercial se mueve por las leyes de la oferta y la demanda, lo que genera enormes gastos que se multiplican periódicamente con las celebraciones sucesivas de los compañeros de clase y las continuas comparativas. Una espiral de compra-venta insostenible económicamente para ciertas familias que temen que sus hijos puedan quedarse fuera del circuito.

Desde la auténtica celebración se busca el alegrarse y alegrar al homenajeado pero más que “comprarle algo valioso”, uno regala su máximo valor, el amor de amistad. Esto se puede materializar en un obsequio, pero tendrá más valor cuando sea fruto de la generosidad personal, de un tiempo de elaboración, de un esfuerzo y no sin más, de la cuenta corriente de los papás…

En ambos casos se busca pasar un buen día, la diferencia está en que para la versión comercial, pasar un buen día se reduce a momentos extraordinarios de novedad, estimulación y despilfarro…

Será un buen día si triunfa el intercambio: la empresa contratada cumple su parte, los payasos son divertidos, los invitados corresponden con regalos y se someten al celebrante, los padres se sienten complacidos por el bienestar de su hijo…

Pero suele ser común, que siempre falle algo. Alguno de los regalos no son del agrado, “las pizzas tienen piña y yo las pedí de carne”“Me enfadé con mi amigo Javier y me arruinó la fiesta”, “¿por qué invitaste a fulanito, que no es mi amigo?”

En la auténtica celebración, un buen día es, en el que hemos mejorado como personas, en el que hemos disfrutado sirviendo a los demás, dando lo mejor de nosotros mismos, sin esperar nada a cambio. Un buen día no es aquel donde todo sale perfecto, sino en el que sabemos comprender, rectificar, arreglar, perdonar, ayudar y permanecer alegres aunque existan fallos y carencias…

Un buen día es aquel en el que permanezco alegre por el entusiasmo, por un motivo interior; superior a cualquier circunstancia, y en caso del cumpleaños, ese motivo es que “es maravilloso que tú existas”; “te queremos como eres y no necesitas que te adornes con tanta exuberancia exterior porque tu valor lo llevas dentro”.

¿Cuándo hay celebración auténtica?

No depende de gastar más o menos, de hacerlo fuera o dentro de casa, de invitar a muchos o a pocos. La clave está en vivir la reunión como una aportación de alegría que hacemos al mundo y no al revés.

La celebración no es comercio sino donación.

Somos nosotros quienes damos felicidad al mundo cuando celebramos. Es decir, la celebración no consiste en buscar algo que me haga feliz y me aporte una alegría pasajera, sino que celebro mi existir manifestando mi inmensa alegría de vivir y quiero que te alegres conmigo.

Si la organización de un cumpleaños nace de buscar lo fácil, “lo que hacen todos”, el lucimiento personal, el temor de lo que puedan pensar, la incertidumbre de lo que pueda ocurrir a nuestro hijo si no lo hacemos…

Si despierta envidias, resentimientos, egoísmo, sensualidad, vanidad, egolatría, desorden, glotonería… entonces, conviene rectificar y buscar formas más enriquecedoras.

Con un poco de previsión y posterior reflexión, cada año los cumpleaños irán saliendo mucho mejor pasando de cumpleaños que seducen a cumpleaños que satisfacen.

Este es el cambio sustancial, la celebración no depende de lo que se mueve por fuera, sino de lo que se mueve por dentro. Lo expresaba Nietzsche con claridad: “Lo difícil no es organizar una fiesta sino encontrar quien se alegre en ella”.

“Cumpleaños Comercial”Celebración Auténtica
Protagonismo a la abundancia material: payasos, piscina de bolas, regalos desorbitados, manjares, locales de moda, niños despóticos ante la servidumbre, muchedumbres complacientes (aunque luego se meten en la piscina de bolas y terminan pasando del celebrante)…Protagonismo a la abundancia interior: la bondad, el servicio al invitado, el amor, la belleza, la sencillez, la comprensión, la comunicación….
Mueve a la euforia:
…sensación de bienestar y alegría producida mediante estímulos externos
Mueve a la entusiasmo:
… también es una forma de vivir de forma apasionada pero no depende de los estímulos exteriores, sino de la propia riqueza interior. Literalmente, entusiasmo significa “el Dios (énthus) dentro (iasmós)”.
El acontecimiento es una excusa para “alegrarse”.La años que cumple mi amigo es el motivo de alegría.
La party tiene precioLa fiesta tiene valor
Los padres se dejan llevar por la Inercia, modaLos padres marcan un ritmo, son creativos y defienden sus tradiciones.
Debilidad ante los caprichos de los hijo y dependencia de lo que piensen los demás.Fortaleza, firmeza, reflexión, intención educativa, autoexigencia.
El niño se convierte en «rey por un día» y exige que los demás se lo hagan pasar bien.El niño se convierte en anfitrión-servidor de sus invitados para que se lo pasen bien.

Algunos padres se engañan diciendo que su actitud de cumpleaños comercial es por amor

Ciertamente es amor, no lo dudo, pero quizás sea un amor inmaduro. Lo que sí es seguro que un cumpleaños que promueve el egocentrismo está organizado por un amor desordenado, que en vez de buscar el desarrollo personal y el enriquecimiento interior de los hijos, los idolatra como semidioses, transmitiéndoles un mensaje equivocado que entorpece su crecimiento personal y empobrece su auténtico valor.

Hay padres que organizan homenajes colosales, quizás como compensación a sus propias carencias como padres. Tal vez traten de apaciguar así su sentimiento de culpa, pero esta culpa sólo se supera aceptando los errores y recomenzando a ser unos padres honrados con sí mismos; no digo que busquen ser unos padres perfectos, sino que traten de ser auténticos.

También los hay, que se sienten malos padres y tratan de compensar con sobredosis materiales. Y otros sencillamente, se sienten un tanto superados, y por evitar las temidas reacciones del hijo, hacen lo que sea necesario.

Incluso existen quienes montan grandes fiestas para quedar bien ante los demás padres; por dejar claro cierto estatus socioeconómico, por no pasar por “raros”, e incluso se sustentan en falaces teorías socioeducativas…

Aquí viene muy bien el dicho de que “quien no actúa como piensa, acaba pensando como actúa”, y es que, muchas de estas motivaciones no se reconocen porque no son intencionadas sino inconscientes, es decir, no son fruto de la reflexión y de la autodeterminación de obrar de una determinada forma, sino consecuencia de un sentimiento y unas expectativas fantasiosas, alimentadas y “legitimizadas” por el ambiente de consumo que nos rodea.

Que cada comunidad encuentre sus soluciones

El tema de los cumpleaños no es un problema de la familia, sino de toda la comunidad, pues los hijos son anfitriones e invitados, y lo ideal es que las familias dialoguen y traten de llegar a acuerdos.

No todos los años se tiene que hacer igual, y quizás esa sea una parte del acuerdo: este año lo hacemos así y al año siguiente de otro modo.

Algunas ideas podrían ser:

  • Diseñar un calendario de cumpleaños contando con el tutor del curso para que se sepa qué niños son invitados a cada cumpleaño, y sobre la mesa, ver si algún niño podría quedarse fuera y que alguno de los compañeros empático le invite sin paternalismos.
  • Poner un tope de precio al regalo o incluso promover regalos hechos por los propios niños
  • Que los padres, una vez, su hijo ha recibido todos los regalos, elija tres y los demás los done.
  • Unir cumpleaños y que en un mismo día se celebren todos los cumpleaños de ese mes.

Todas las alternativas tienen sus ventajas e inconvenientes, las familias tendrán que valorar que soluciones son las más educativas para sus hijos de modo que el cumpleaños les ayude a crecer en amistad verdadera y sea una oportunidad para desarrollar competencias y formar el carácter.

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