Cumpleaños infantiles: dime cómo celebras y te diré lo que valoras

El cumpleaños del niño no es algo indiferente o neutral; siempre educa o deseduca, daña o fortalece. Los padres tienen la oportunidad de educar a su hijo en el nosicentrismo o anclarle en el egocentrismo.

Muchas madres y padres reciben una gran presión de sus hijos y del entorno para celebrar los cumpleaños de una forma que en el fondo, no quieren. Quiero ofrecer un análisis de la situación y alternativas para celebrar los cumpleaños de acuerdo con los propios valores e intenciones educativas; conforme al propio estilo de vida.

Del cumpleaños comercial a la auténtica celebración

Un cumpleaños comercial no es el que se celebra en un comercio. Cada familia y cada comunidad deberá estudiar el modo más sensato de celebrar sus cumpleaños de forma saludable, razonable del punto de vista económico, y las soluciones pueden ser muy variadas.

Lo de cumpleaños comercial es una actitud con la que organiza y se vivencia, actitud que se puede adoptar aun quedándose en casa y asumiendo todos los servicios.

Es comercial toda aquella fiesta de cumpleaños que no se mueve por la mutua entrega de todos, sino por el afán de dar para recibir (negocio). El primero es nosicéntrico: «nos alegramos juntos porque tenemos un motivo que celebrar. El cumpleaños el comercial es egocéntrico: «quiero ser rey por un día» y «estoy dispuesto a ser tu vasallo por un rato guay y una buena merendola».

En el cumple comercial, los regalos dejan de ser dones, “entrega”, y pasan a convertirse en moneda de cambio: un compromiso, una entrada… O de forma más sutil, podemos hablar de que el cumpleaños se convierte en un mercado de emociones donde se compra y vende cariño y autoestima.

El cumpleaños comercial se mueve por las leyes de la oferta y la demanda, lo que genera enormes gastos que se multiplican periódicamente con las celebraciones sucesivas de los compañeros de clase y las continuas comparativas. Una espiral de compra-venta insostenible económicamente para ciertas familias que temen que sus hijos puedan quedarse fuera del circuito.

Desde la auténtica celebración se busca el alegrarse y alegrar al homenajeado pero más que “comprarle algo valioso”, uno regala su máximo valor, el amor de amistad. Esto se puede materializar en un obsequio, pero tendrá más valor cuando sea fruto de la generosidad personal, de un tiempo de elaboración, de un esfuerzo y no sin más, de la cuenta corriente de los papás…

En ambos casos se busca pasar un buen día, la diferencia está en que para la versión comercial, pasar un buen día se reduce a momentos extraordinarios de novedad, estimulación y despilfarro…

Será un buen día si triunfa el intercambio: la empresa contratada cumple su parte, los payasos son divertidos, los invitados corresponden con regalos y se someten al celebrante, los padres se sienten complacidos por el bienestar de su hijo…

Pero suele ser común, que siempre falle algo. Alguno de los regalos no son del agrado, “las pizzas tienen piña y yo las pedí de carne”“Me enfadé con mi amigo Javier y me arruinó la fiesta”, “¿por qué invitaste a fulanito, que no es mi amigo?”

En la auténtica celebración, un buen día es, en el que hemos mejorado como personas, en el que hemos disfrutado sirviendo a los demás, dando lo mejor de nosotros mismos, sin esperar nada a cambio. Un buen día no es aquel donde todo sale perfecto, sino en el que sabemos comprender, rectificar, arreglar, perdonar, ayudar y permanecer alegres aunque existan fallos y carencias…

Un buen día es aquel en el que permanezco alegre por el entusiasmo, por un motivo interior; superior a cualquier circunstancia, y en caso del cumpleaños, ese motivo es que “es maravilloso que tú existas”; “te queremos como eres y no necesitas que te adornes con tanta exuberancia exterior porque tu valor lo llevas dentro”.

¿Cuándo hay celebración auténtica?

No depende de gastar más o menos, de hacerlo fuera o dentro de casa, de invitar a muchos o a pocos. La clave está en vivir la reunión como una aportación de alegría que hacemos al mundo y no al revés.

La celebración no es comercio sino donación.

Somos nosotros quienes damos felicidad al mundo cuando celebramos. Es decir, la celebración no consiste en buscar algo que me haga feliz y me aporte una alegría pasajera, sino que celebro mi existir manifestando mi inmensa alegría de vivir y quiero que te alegres conmigo.

Si la organización de un cumpleaños nace de buscar lo fácil, “lo que hacen todos”, el lucimiento personal, el temor de lo que puedan pensar, la incertidumbre de lo que pueda ocurrir a nuestro hijo si no lo hacemos…

Si despierta envidias, resentimientos, egoísmo, sensualidad, vanidad, egolatría, desorden, glotonería… entonces, conviene rectificar y buscar formas más enriquecedoras.

Con un poco de previsión y posterior reflexión, cada año los cumpleaños irán saliendo mucho mejor pasando de cumpleaños que seducen a cumpleaños que satisfacen.

Este es el cambio sustancial, la celebración no depende de lo que se mueve por fuera, sino de lo que se mueve por dentro. Lo expresaba Nietzsche con claridad: “Lo difícil no es organizar una fiesta sino encontrar quien se alegre en ella”.

“Cumpleaños Comercial”Celebración Auténtica
Protagonismo a la abundancia material: payasos, piscina de bolas, regalos desorbitados, manjares, locales de moda, niños despóticos ante la servidumbre, muchedumbres complacientes (aunque luego se meten en la piscina de bolas y terminan pasando del celebrante)…Protagonismo a la abundancia interior: la bondad, el servicio al invitado, el amor, la belleza, la sencillez, la comprensión, la comunicación….
Mueve a la euforia:
…sensación de bienestar y alegría producida mediante estímulos externos
Mueve a la entusiasmo:
… también es una forma de vivir de forma apasionada pero no depende de los estímulos exteriores, sino de la propia riqueza interior. Literalmente, entusiasmo significa “el Dios (énthus) dentro (iasmós)”.
El acontecimiento es una excusa para “alegrarse”.La años que cumple mi amigo es el motivo de alegría.
La party tiene precioLa fiesta tiene valor
Los padres se dejan llevar por la Inercia, modaLos padres marcan un ritmo, son creativos y defienden sus tradiciones.
Debilidad ante los caprichos de los hijo y dependencia de lo que piensen los demás.Fortaleza, firmeza, reflexión, intención educativa, autoexigencia.
El niño se convierte en «rey por un día» y exige que los demás se lo hagan pasar bien.El niño se convierte en anfitrión-servidor de sus invitados para que se lo pasen bien.

Algunos padres se engañan diciendo que su actitud de cumpleaños comercial es por amor

Ciertamente es amor, no lo dudo, pero quizás sea un amor inmaduro. Lo que sí es seguro que un cumpleaños que promueve el egocentrismo está organizado por un amor desordenado, que en vez de buscar el desarrollo personal y el enriquecimiento interior de los hijos, los idolatra como semidioses, transmitiéndoles un mensaje equivocado que entorpece su crecimiento personal y empobrece su auténtico valor.

Hay padres que organizan homenajes colosales, quizás como compensación a sus propias carencias como padres. Tal vez traten de apaciguar así su sentimiento de culpa, pero esta culpa sólo se supera aceptando los errores y recomenzando a ser unos padres honrados con sí mismos; no digo que busquen ser unos padres perfectos, sino que traten de ser auténticos.

También los hay, que se sienten malos padres y tratan de compensar con sobredosis materiales. Y otros sencillamente, se sienten un tanto superados, y por evitar las temidas reacciones del hijo, hacen lo que sea necesario.

Incluso existen quienes montan grandes fiestas para quedar bien ante los demás padres; por dejar claro cierto estatus socioeconómico, por no pasar por “raros”, e incluso se sustentan en falaces teorías socioeducativas…

Aquí viene muy bien el dicho de que “quien no actúa como piensa, acaba pensando como actúa”, y es que, muchas de estas motivaciones no se reconocen porque no son intencionadas sino inconscientes, es decir, no son fruto de la reflexión y de la autodeterminación de obrar de una determinada forma, sino consecuencia de un sentimiento y unas expectativas fantasiosas, alimentadas y “legitimizadas” por el ambiente de consumo que nos rodea.

Que cada comunidad encuentre sus soluciones

El tema de los cumpleaños no es un problema de la familia, sino de toda la comunidad, pues los hijos son anfitriones e invitados, y lo ideal es que las familias dialoguen y traten de llegar a acuerdos.

No todos los años se tiene que hacer igual, y quizás esa sea una parte del acuerdo: este año lo hacemos así y al año siguiente de otro modo.

Algunas ideas podrían ser:

  • Diseñar un calendario de cumpleaños contando con el tutor del curso para que se sepa qué niños son invitados a cada cumpleaño, y sobre la mesa, ver si algún niño podría quedarse fuera y que alguno de los compañeros empático le invite sin paternalismos.
  • Poner un tope de precio al regalo o incluso promover regalos hechos por los propios niños
  • Que los padres, una vez, su hijo ha recibido todos los regalos, elija tres y los demás los done.
  • Unir cumpleaños y que en un mismo día se celebren todos los cumpleaños de ese mes.

Todas las alternativas tienen sus ventajas e inconvenientes, las familias tendrán que valorar que soluciones son las más educativas para sus hijos de modo que el cumpleaños les ayude a crecer en amistad verdadera y sea una oportunidad para desarrollar competencias y formar el carácter.

ADOCTRINAMIENTO SEXUAL EN LAS ESCUELAS PÚBLICAS

Todos los educadores estamos de acuerdo en afirmar que el #adoctrinamiento no tiene cabida en la #educación, y menos en la #EnseñanzaPública y en las escuelas financiadas con fondos públicos.
Incluso, aunque los padres tengan el derecho de ser los primeros educadores de sus hijos, ellos tampoco están autorizados para lavar el cerebro a sus hijos, porque iría en contra del derecho de sus hijos a la educación y a la sana autonomía.
¿Y cuándo se puede decir que un educador o padre está adoctrinando? Cuando su objetivo educativo es que sus alumnos o sus hijos acepten un sistema de creencias cerrado, excluyendo toda autocrítica, y excluyendo de forma sistemática la posibilidad de cuestionarlo y menos aún rechazarlo.
Es lógico e incluso saludable, que los educadores sepan proponer un sistema de creencias que consideran más acertado, pero si en su intento por persuadir a sus alumnos o hijos, de la validez de su sistema de creencias concreto, en lugar de proponer, se lo intentan imponer, ya no estamos hablando de educación, que es capacitar para la libertad, sino de adoctrinar, que supone el sometimiento irreflexivo a una doctrina sectaria.
En este sentido, se aprecia una tendencia adoctrinadora en la educación pública.
Pongamos un caso, existe miles de jóvenes en nuestro entorno que desean vivir su vida sexual con #castidad porque les da la gana, pero se les ridiculiza, se les acosa con una cultura hipersexualizada y una #educaciónsexual que no considera esta posibilidad porque se ignoran sus razones o molestan sus convicciones.
Por un lado, en muchas escuelas públicas se descarta de manera radical la posibilidad de aceptar que la castidad sea una alternativa saludable y no cabe la posibilidad de considerar esa posibilidad como algo positivo, lo que supondrá que estos jóvenes deben vivir su castidad de forma clandestina para seguir conviviendo con naturalidad y sin etiquetas entre sus iguales.
Directamente, se concluye que si piensan eso es porque les han lavado el cerebro; piensan que nadie puede desear ser casto si no es por represión o algo así. No les cabe en la cabeza que alguien desee vivir la castidad por #amor.
Si alguien intenta comprobar de manera más palpable posibles errores o limitaciones de la educación sexual contraria a la castidad, o al menos indiferente a ésta, es considerado una ofensa o un intento de imponer, que es precisamente lo que hacen quienes imponen la educación sexual sin castidad.
Y no solo se excluye la posibilidad de rechazar una educación sexual que no ayude a vivir la castidad sino que se penaliza a todo aquel que se desvíe de la doctrina sexual que impone el sistema público de educación.
Y el hecho es que esto de la castidad está propuesto tanto en las culturas abrahámicas como abrahámicas, budistas, hindúes, judíos, cristianos, musulmanes… Y desde las perspectivas más modernas. Carolina Brid, que concursó en Miss Universo dijo una vez: «La castidad es lo más sexy que hay».
Y mi conclusión no es que se adoctrine para que se viva la castidad, sino que no se adoctrine en absoluto, se devuelva a las familias la primacía en la educación y se les ayude para que sepan educar, sin adoctrinar y sin inhibirse de sus funciones educativas.

Educar en el nosicentrismo

Si se les llama egocéntricas a las personas que buscan su propia satisfacción de cuerpo y mente, sin importarles la satisfacción de los demás, a las personas que necesitan satisfacer a los demás para intentar sentirse satisfechas, se les llama alocéntricas. El deseable vivir entre personas que destilan alocentrismo, pero un alocentrismo sano, no autodestructivo o incluso destructivo de los demás.

Para que vivamos con un sano alocentrismo se requiere aprender a vivir con un sano egocentrismo, que podríamos denominar nosicentrismo:

  • El sano egocentrismo es esa fuerza del cuerpo y de la mente que le permite a una persona concentrarse y ocuparse de sí misma para estar en disposición de realizarse.
  • El sano alocentrismo es la fuerza de apertura de sí mismo que le permite a la persona concentrarse y ocuparse de los demás, sin dejar de ser sí mismo.

Pensemos en el protocolo de actuación de un avión en caso de despresurización de la cabina… Primero me tengo que poner yo la mascarilla, y luego ayudo a mi acompañante. Este sería un sano egocentrismo para un sano alocentrismo. Un mal entendido «pensar en los demás» sería malo para todos.

 

  • El sano nosicentrismo, no es sólo éste pensar en uno mismo para estar en disposición de ayudar, sino que ayudando me hago más yo mismo. Dentro de una cultura nosicéntrisca, la empatía se despliega y el conflicto se desintegra. Y hablo de un «sano» nosicentrismo porque puede enfermar y convertirse en un nosicentrismo interesado, que en el fondo deja de ser nosicentrismo para ser en realidad, egocentrismo o alocentrismo encubiertos.

  • EGOCÉNTRICA: Persona que busca su felicidad de cuerpo y mente con tendencia a nutrirse de los demás.
  • NOSICÉNTRICA:  Persona que habita la felicidad con todo su ser (cuerpo, mente y apertura) en servicio al tú con tendencia a la reciprocidad.
  • ALOCÉNTRICA . Persona que tiende a dejarse nutrir por los demás para que estén felices a consta de la propia autodestrucción.

El ejemplo de los padres, bueno o malo, siempre tiene un impacto educativo significativo

Lo que valoran los hijos no es la perfección de la relación, sino el esfuerzo que hace papá y mamá por quererse mutuamente a pesar de los pesares.

Los hijos cuando son pequeños tienen una predisposición natural para admirar las cualidades de sus padres, pero ante sus defectos es muy raro que adopten una postura de aceptación: los niegan, los disculpan, se revelan, se resignan pero nunca los aceptan. 

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Cómo atender el estudio de los hijos

 

Como suele ocurrir, no hay reglas fijas, depende del carácter y posibilidades de los padres, de las aptitudes y necesidades de los hijos, del número de hermanos, etc.

Para muchos padres, atender el estudio de los hijos se reduce a castigarles cuando traen malas notas, o prometerles jugosos premios si aprueban. En el otro extremo se sitúan los padres que no dejan a su hijo “ni a sol ni a sombra”; se sientan con ellos a estudiar, les explican, les ayudan a realizar las tareas y fácilmente acaban sustituyéndoles en el esfuerzo: el padre hace el esfuerzo intelectual y el hijo el mecánico. Sin llegar a los extremos, encontramos toda una gama de padres que su atención a los estudios consiste en tratar de convencer a sus hijos para que estudien cuando se presenta la ocasión.

Por lo general, los padres prefieren hablar a escuchar. Bien ­–me podrías decir- eso de escuchar a los hijos está muy bien, pero ¿qué tiene que ver con el objetivo de conseguir que sea mejor estudiante? Sencillamente, que si deseas que tu hijo estudie mejor no tienes que convencerle con la palabra, reaccionará más favorablemente cuando le escuches primero. Se sentirá más comprendido y entonces estará más dispuestos para hacer lo que le sugieres.

Escuchar bien significa escuchar con esfuerzo. Requiere tiempo, autocontrol, no valorar continuamente sus apreciaciones como buenas o malas. Además, debes estar preparado para aceptar las impertinencias y opiniones contrarias a las tuyas.

Antes de que puedas convencer a tu hijo de que le conviene cambiar su forma de estudiar, tu hijo tiene que sentirse frustrado por su forma de estudiar. Por mucho que te empeñes, si tu hijo no ve problema en cómo estudia, e incluso está satisfecho, no hará nada por cambiar, a no ser que le obligues y un cambio así no suele ser consistente.

Para conseguir que tu hijo quiera esforzarse por ser mejor estudiante, debes conseguir que manifieste su insatisfacción y preocupación por su actual forma de trabajar. Esto es muy importante para persuadirle del cambio de estrategia en el estudio. Para lograrlo debes dialogar; hacer que tu hijo piense y  sea capaz de llegar a conclusiones.

Con sus conclusiones, ayúdale a concretar objetivos estableciendo prioridades. Con el apoyo del colegio, determinad un plan y comprometeros seriamente a seguirlo, sabiendo que habrá momentos en los que decaerá y habrá que estar atentos para recomenzar.

Es importante, establecer objetivos concretos que puedan ser evaluados diariamente y sean asequibles para el estudiante. Empieza primero por pequeñas cuestiones para llegar a las grandes decisiones. Es probable que obtengas mejores resultados procurando mejorar sus hábitos cotidianos de estudio que diciendo en tono autoritario: “¡quiero que saques buenas notas en este curso!”.

Amenazando e intimidando se puede conseguir que los hijos cambien, por la cuenta que les trae. Pero también se puede lograr con ello temores, recelos, disgustos y “rebotes”. A largo plazo, es arriesgado aunque se puede lograr el objetivo. Lo que si es seguro a corto plazo, es el ambiente de ansiedad y tensión emocional que se genera en la familia.

Sin caer en idealismo, es necesario que mantengas una actitud positiva. Tienes que descubrir detrás de un suspenso o un bajo rendimiento, una oportunidad para que tu hijo mejore. Te equivocas si consideras una nota baja como una derrota. Si se sabe aprovechar, es una forma estupenda de progresar.

A veces educar, más que en hacer, está en no hacer…

¿Es difícil educar? Empieza por lo sencillo, lo que puedan hacer tus hijos, no se lo hagas tú y aguanta, ten paciencia, amárrate a tu silla pero no le sustituyas. A veces educar más que en hacer, está en no hacer…

Con estos consejos una madre se lanzó a ayudar a su hijo con nuevas estrategias. Lo intentó una y otra vez y le asaltaron las dudas:

“¿por qué mi hijo no me hace caso? ¿Cómo puedo hacer que se comporte mejor sin hacer? ¿Por qué se cierra en banda antes de que haya pronunciado cinco palabras? ¿por qué intenta escaquearse constantemente? ¿Por qué me dice que luego, después…?”

Pasaba el tiempo y su hijo no reaccionaba y cuando lo hacía, era de mala gana y a medias. Ante esta circunstancia la madre se impacientó y volvió a su procedimiento habitual; se puso a recoger sus juguetes, a hacerle la cama, a estudiar con él, hacerle las tareas, enfados, gritos, tensión…

Si sabía que es mejor tratar de que el chico cumpla con su deber por sí mismo aunque le salga peor ¿por qué ese empeño por ver la casa recogida, por evitarle el fracaso en el colegio?  Es comprensible, pero esa pequeña satisfacción de ver todo ordenado o las buenas notas de su hijo se entremezcla con un cierto sentimiento de culpa cuando ve a su hijo que sigue comportándose como un tirano, caprichoso y comodón…

Piensa la madre: ¿Será mi culpa por hacérselo yo todo?

Si intuye que sería mejor dejarle que lo hiciera por sí mismo por una educación que tiene consecuencias para toda su vida, ¿por qué se justifica con excusas de urgencia?

La mamá adormece su sentimiento de culpa: «Ahora no tengo tiempo para esperar que lo haga él», «si lo hacemos a su ritmo estamos hasta las tantas…», «Es que si le dejo sólo me siento mal al verle tan frustrado…», «sé que no está bien pero no soporto ver la casa así»…

Llegado el momento, los padres fueron a ver al tutor del chico para ver como iba todo. La madre pensó:

el profesor va a pensar que yo le hago las tareas, le tengo que explicar que las hace él, aunque yo le ayudo…”.

El tutor empezó a hablar:

“estoy desconcertado porque veo que Antonio trae sus deberes de casa bien hechos, pero luego en los exámenes no termina de aclararse, debe ser que se pone muy nervioso”.

La madre, al comprobar lo que estaba pasando se lanzó a reconocer la verdad:

Es cierto que trae todas las tareas bien hechas pero es que soy yo quien las hace, él prácticamente se limita a redactar”.

“Pero a veces se sabe las lecciones”, insiste el profesor.

Y contesta la madre:

realmente no las entiende bien pero le digo que me las repita una y otra vez hasta que se las aprende de memoria”.

La madre se sentía frustrada, y mientras su marido trataba de quitarle hierro a la situación, intervino el tutor:

“Quédate tranquila porque no has fracasado. Con tu actitud has demostrado que eres la persona ideal para lograr que tu hijo sea autónomo y responsable. El sólo no podría pero con tu apoyo si podrá y no sólo eso, también tu marido podrá adquirir más protagonismo en la educación de Antonio… Esto será posible si gobiernas la situación: si dejas que sea tu pensamiento quien tome las decisiones y no los sentimientos… Los sentimientos sin pensamiento alimentan la preocupación, la propia culpa y es probable que culpabilices también a tu marido diciendo que no se implica [la mamá sonríe asintiendo], y quizás tengas razón pero eso no es solución. Los sentimientos sin pensamiento agrandan  los problemas, los resentimientos, los rencores, la ansiedad, el agotamiento… Los sentimientos con pensamiento agrandan la confianza, la esperanza, la paciencia, el agradecimiento; agrandan el corazón con un amor tierno y enérgico a la vez”.

En esta conversación el padre también reconoció que debía cambiar de actitud; también le asaltaban sentimientos de culpa pero la derivaba a su esposa: «el problema es que su madre le hace todo… «, «a mi me gustaría estar más con mi familia pero el trabajo no nos lo permite…»

Aunque pueda parecer que fracasan,  que lo hacen mal, no es así: han asistido a la tutoría, están afrontando el problema y cayendo en la cuenta.  Sus experiencias no son de fracaso sino de aprendizaje familiar. Ahora tienen una nueva oportunidad de cambiar mediante pequeños pasos posibles:

La mamá deberá dejar que su hijo obre por sí mismo y que su esposo tome más protagonismo en la educación para que cada cual realice sus tareas con autonomía personal y responsabilidad social. El papá, deberá caer en la cuenta de como puede reorganizar su plan para dedicar más tiempo a su esposa y sus hijos, y tal vez, plantearse la posibilidad de recibir formación en la escuela de padres para aprovechar educativamente ese preciado tiempo.

En todo esto, la mamá sigue siendo un poco la líder educativa de su hijo y de su esposo. Convendrá que se fije en lo positivo y no tanto en lo negativo.  Es bueno que elogie sus pocos logros y cada vez irán siendo más. Todo aquello que ahora que le movía a «hacerlo ella y se acabó»,  puede apuntarlo en una lista y dale la vuelta; serán los retos educativos que debe afrontar su hijo, su esposo, y a la vez, ese será su reto como educadora.

A medida que domine su tendencia a hacerlo todo, ellos se verán más urgidos a comprometerse con sus responsabilidades y poco a poco, lo harán con más satisfacción, porque todos terminamos tomándole gusto a vivir con responsabilidad social familiar.

Paradójicamente, deja de hacer, déjales hacer, y poco a poco el clima familiar será de servicio, serenidad y alegría.

No quites los obstáculos a tu hijo; enséñale a superarlos

Mira los obstáculos como aliados; no se los quites a tus hijos, enséñales a superarlos.

Muchos padres sucumben a la desesperación y fracasan sin comprender que poseen ya todas las herramientas necesarias para ayudar a sus hijos acompañándoles sin intervencionismo para que sean ellos, los hijos, quienes resuelvan sus propios problemas, por ellos mismos.

Muchos otros padres hacen frente a los obstáculos que se presentan en el camino de sus hijos quitándoselos por temor y dudas. A los obstáculos los consideran enemigos, cuando en realidad estos desafíos son amigos y auxiliares de su crecimiento personal. Los obstáculos son necesarios para el éxito, porque en el estudio, como en tantas facetas de la vida, se alcanza la victoria solamente después de muchas luchas e incontables derrotas. Y sin embargo, cada lucha, cada derrota, acrecienta la destreza y la fuerza, el valor y la resistencia, la habilidad y la confianza, de manera que cada obstáculo es un compañero de camino que te obliga a ser mejor… o a abandonar la empresa.

Si los padres eliminan los obstáculos o los evitan, pueden generar obstáculos mayores en el futuro de sus hijos. Si un pino lo riegas constantemente no necesita desarrollar sus raíces porque tiene el alimento al alcance. Si la tierra no está empapada el árbol se ve obligado a profundizar: le cuesta más esfuerzo pero se hace robusto, y si viene un temporal es capaz de soportarlo con aplomo.

Sin embargo, el pino al que se había hiperatendido, espléndido y frondoso por fuera, cae en tierra porque no tiene raíces suficientes para aguantar los envites del viento. Gracias a la sequedad del suelo y a la dureza de la tierra, el pino se hace fuerte y consistente.

El fin del estudio no es el éxito académico sino cohabitar la felicidad

No pretendas ser madre o padre de hijos con éxito académico. No trabajes sólo para que tus hijos saquen buenas notas. Esfuérzate para que sean felices, para que amen y sean amados, y procura que aprendan a alcanzar la paz y la serenidad.

Y me podrías decir: “pero todo esto es imposible si no triunfan en su vida y por eso es importante que saquen buenas notas. ¿Cómo van a amar si no saben o no tienen nada que dar? ¿Quién puede fracasar en el colegio y alcanzar el sosiego? ¿Cómo se puede ser feliz con la frustración y la deshonra de ser un pésimo estudiante? ¿Cómo va a ser apreciado en su contexto social si no tiene prestigio profesional?

Bien, si se tiene claro que sacar buenas notas no es un fin, sino un medio para alcanzar el bien de los hijos, entonces se puede decir que esos padres están en condiciones de hacer de sus hijos buenos estudiantes. Es importante aceptar a los hijos como son, con sus posibilidades y limitaciones, procurando de forma sensata, desarrollar al máximo sus posibilidades y reducir en lo posible sus limitaciones. Y siempre en un clima de paz y alegría. Lo importante no es que tu hijo sea ingeniero de caminos como lo ha sido su bisabuelo, su abuelo y su padre; lo importante realmente, es saber ayudar a cada uno de los hijos a “ser lo que es”, alcanzando el mayor grado posible de desarrollo para que sea capaz de labrarse su propio camino con autonomía personal y responsabilidad social, por el que avanzar con sentido, con amor, con fe y con esperanza hacia su Tesoro; disfrutando de la aventura de su vida en comunión con su equipo de aventureros, siendo feliz haciendo felices a quienes le rodean.

Lo importante no es obtener unas notas como resultado del estudio sino el desarrollo auténticos de competencias con valores y emociones positivas con las que poder edificar su proyecto de vida abierto a una felicidad llena de sentido