Educarse es aprender a buscar, amar y entregarse

Necesitamos la educación para aprender a buscar, amar y entregarnos, solo así nos realizamos como seres humanos, como el ser humano original que cada uno es.

Estas tres tendencias nos ayudan a crecer como una persona completa, como un nosotros-maduro.

En el corazón humano, estas tres tendencias no se presentan de forma consecutiva, sino que son simultáneas: tenemos hambre de buscar, amar y entregarnos, y la educación nos dispone para, en conciencia, buscar, amar y entregarse a lo que vale la pena.

En condiciones desfavorables, la persona reduce su búsqueda, amor y entrega, a lo que le proporciona seguridad y protección, descuidando su originalidad que le mueve a lo sublime por la creatividad, y que supone la vida plena de entrega a lo que realmente vale la pena, a lo que llena el corazón por completo: el Amor.

Resulta fundamental para la educación que las personas en sociedad garanticemos la igualdad, la justicia y la paz. Nadie puede sentirse excluido del deber de velar por la seguridad de todas las personas.

Ningún educador puede desentenderse de la responsabilidad social educativa de que todo el mundo viva en seguridad para poder «vivir la EDUCACIÓN», con mayúsculas.

Pero para que una persona viva la Educación, no se le puede hacer esperar a que se resuelvan las desigualdades estructurales en las que se ve envuelta.

A la vez que luchamos por ofrecer las mejores condiciones de seguridad, debemos ayudar a cada persona a crecer hacia un sentido más profundo, y no sin más, a que aprenda a satisfacer sus necesidades de seguridad.

Las personas podemos crecer a pesar de no encontrarnos en las mejores condiciones ambientales, pero requiere de educadores que ofrezcan la seguridad que no ofrece su entorno, para arriesgarse a crecer sin miedo.

Esto requiere fe en el educador, pues lo que me muestra el mundo que experimento, es otra cosa. Pero si le dejamos a merced de lo que le ofrece su mundo, nunca saldrá de ese mundo-celda, nunca romperá ese «techo de cristal», nunca podrá elegir ser la mejor versión de sí mismo, si quiere.


Marcos Portillo en Sierra Leona. Desarrollo de escuelas y comunidades

Así, no se trata de resolver las necesidades de seguridad para luego satisfacer las de desarrollo, sino que pueden y deben satisfacerse simultaneamente tratando de arropar a los educandos en un nosotros-maduro.

Aprender a gestionar el deseo de recibir y el deseo de dar

Educar es aprender a gestionar el propio deseo y no solo el deseo de seguridad y de satisfacción de necesidades primarias, sino también el deseo de desarrollarse y compartir el desarrollo en un nosotros-maduro. Esto es, aprender a desear a lo grande.

En la base de desear a lo grande está la apertura hacia lo deseado, que impulsa al cuerpo y a la mente a explorar, a salir de la zona de seguridad, a buscar y arriesgar, para encontrar el sentido de la propia vida.

La educación no es un mero hacer, además de experimentar la Verdad, se requiere reflexionar, contemplarla y dejarse hacer por ella.

Las personas no solo necesitamos seguridad, eso es solo la base, además, necesitamos experiencias significativas y desafiantes, que nos permitan descubrir el propio sentido, amar la verdad que encierra uno mismo y entregarse a ella con todo lo que uno es.

El deseo de recibir se ocupa del tener, de la seguridad, de la satisfacción de las necesidades biológicas, tanto individuales como de la especie, así como de la defensa de todo lo que supone el «nosotros» y la protección de cada «yo».

Pero el deseo humano no se colma con la seguridad, desea arriesgar, desea expresar, crear, descubrir, servir, ayudar, cooperar, en definitiva, dar y darse. El deseo de dar y de darse, hacen tender a la persona a buscar, amar y entregarse.

Aprender a buscar

La búsqueda humana está motivada principalmente por la apertura (por el espíritu), la expansión de la propia originalidad, la comprensión de la originalidad de lo otro y la creación de valor, de belleza, de amor y de unidad.

Aprender a buscar de verdad, es aprender a crear y descubrir nuevas oportunidades para desarrollarse y entregarse en conciencia, de forma original, a lo que vale la pena.

Buscar como mero placer dopamínico es un reduccionismo y una deformación de la búsqueda humana. Buscar por buscar, buscar por experimentar sensaciones y seguir buscando para seguir sintiendo, es un miseria que se paga caro en la propia integridad y en la integridad del nosotros, formándose falsos-nosotros en los que se buscan unos a otros para nutrirse unos de otros.

La búsqueda sin un sentido más allá del de satisfacer las tendencias del cuerpo y de la mente llevan a la adicción, a la dependencia, a la frustración, a la violencia. Hoy más que nunca se requiere aprender a buscar la paz, el amor y la alegría que se encuentra en responder a la propia originalidad.

Aprender a buscar supone buscar en conciencia la propia originalidad, y no puede ni debe reducirse a buscar satisfacer necesidades de mera protección y placer. Sería como buscarse una cárcel existencial, limitando la vida a escapar de la propia celda que uno mismo se ha creado.

El «hambre» de búsqueda sigue presente en el ser humano y el educador lo tiene como su mayor aliado, como su segundo mejor recurso didáctico (el primero es el propio educador).

La búsqueda es la motivación esencial de la educación y desde que el sistema de educativo deja de ofrecer cosas asombrosas que buscar, el niño busca el asombro en la perenne impactación de las pantallas que le van atrofiando su capacidad de asombro.

La necesidad de buscar no es un salir para «cazas» y nutrirse, o «comerciar» y hacer negocios. La búsqueda humana es salir para darse, es algo más que satisfacción egocéntrica. El deseo natural de explorar busca el desarrollo, el amor y la entrega a lo valioso.

No buscamos como el resto de animales. Los animales no requieren de educación para buscar, pero el buscar humano es insaciablemente curioso y la educación es el camino necesario para conocerse a sí mismo, conocer el mundo y expresarse con creatividad, con sentido, con amor, con una intención.

Los humanos han desarrollado una capacidad de búsqueda sin precedentes en el reino animal. Se sabe lo que buscan los animales, pero no es tan sencillo determinar qué está buscando cada persona.

Busca con la música, con la pintura, con la ciencia, con la literatura, con el cine, con el juego. Esa búsqueda tiene los mismos principios neuropsicológicos del resto de animales. Se aprecia la evolución en nuestro cerebro, pero la búsqueda humana va mucho más allá, infinitamente más allá, que la del resto de animales.

Educar es capacitar para la libertad. Podría parecer que todo sería más sencillo si no tuviéramos libertad. Sin embargo, la libertad no es una desgracia, no es el problema.

El problema es no saber qué estoy buscando con esa libertad. Si no se lo que busco y no tengo un instinto que me lo determine, nunca podré encontrarlo. Todo resultará frustrante y vacío.

Pero no, muchas personas a lo largo de la historia han dado testimonio con su vida. Más mostrado que supieron buscar ese algo más, porque lo encontraron. Al menos, se puede constatar que lo que encontraron les colma como vida llena de sentido, les proporciona una felicidad sostenible.

Paradójicamente, esas personas suelen tener en común un particular encuentro con el sufrimiento, que no buscaban, pero les salió al encuentro. La búsqueda no es huida, sino encuentro con lo que vale la pena, por grande que sea la pena, porque el valor lo vale.

Cada ser humano busca en la soledad de sí mismo, pero a la vez busca dentro de un nosotros de solitarios que buscan, lo que nos lleva a buscar juntos, unidos, y quizás, esa búsqueda compartida ya es un inicio de encuentro.

Pero el deseo de búsqueda no se sacia en la seguridad del nosotros; mira al horizonte y pregunta a los viajeros que llegan: -¿qué hay más allá? -Yo te puedo contar mi búsqueda pero la tuya, sólo tú puedes hacerla. Sal y busca por tí mismo, solo tú tienes el mapa de tu tesoro.

El educador es ese guía que acompaña al niño y al joven en su inicio de búsquedas cada vez más profundas. Pero no busca por él, no le encuentra las respuestas, sino que le invita a que se adentre y encuentre por sí mismo. El maestro es guía, no porque guíe, sino porque enseña a guiarse a sí mismos, con el mapa de la propia conciencia y la brújula de la autenticidad.

Aprender a amar y entregarse

Las otras dimensiones del deseo de darse, el amor y la entrega, se basan en la tendencia de buscar para alcanzar niveles más altos de realización.

Esta realización se manifiesta en la integración de sí mismo como unidad de amor formando un nosotros-maduro, como despliegue de ese amor que se desborda en sí.

Para llegar a esta integración, la persona debe pasar por diferentes experiencias de desintegración. Buscando, uno se pierde, o incluso, se pierde sin buscar. Y es en el reencuentro de sí, es la integración de uno mismo, donde encuentra el amor que le recompone con mayor fuerza, con mayor libertad, con mayor madurez.

Cuando esto ocurre, se habla de desintegración positiva, pero si no se encuentra, la persona vive desintegrada en la frustración, el sufrimiento, el vacío y la desesperación.

Qué importante es enseñar a buscar, en particular, a las personas altamente sensibles, para que sepan reintegrarse por la sanación de sus miedos y el encuentro del amor que da paz y alegría, aunque duela.

Educar es capacitar para el amor y ese amor solo se realiza en la entrega de sí, que supone una perpetua libertad para entregarse constantemente.

Entregados al Amor, es una forma de vivir que duele y genera angustia. La educación nos hace fuertes de corazón, a la vez que sensibles, para darlo por entero.

Puede ser visto por algunos como un sin sentido, sin embargo, es lo único que tiene sentido: entregarse en conciencia a lo que quiero, a lo que amo, ¿qué sentido tiene otra cosa?

Sí, pero supone sufrimiento. Me podrías decir. Bien, te contesto, pero quien no aprende a sufrir, termina sufriendo por todo. Además, de tanto huir del sufrimiento, uno termina cerrando las puertas a la propia felicidad. Y ahí, encerrado en la cárcel de la existencia, uno quizás se sienta seguro, pero no se siente libre.

Ha sacrificado su libertad en el altar de la seguridad, y ese sacrificio hace a la persona esclava del destino. Quien estaba llamado a buscar su destino y a decidirlo por sí mismo, renuncia a la búsqueda. Pero será el destino quien busque a esa persona y terminará metiendo en su propia celda defensiva, al sufrimiento del que tanto huía.

Buscar el amor supone salir, constantemente, de la propia zona de confort, desarrollando el todo el potencial para entregarlo al Amor.

Ahí a la intemperie, uno puede sentirse inseguro, perdido, vulnerable, pero si uno ha encontrado el Amor que busca, ya puede hundirse el mundo que su vida tiene sentido y la alegría es indescriptible. Y como dice el poeta, quien lo probó, lo sabe.

Uno puede elegir arroparse en la seguridad del Miedo y hacerse pequeñito, o puede abrirse a la seguridad del Amor y hacerse infinito.

-¿Pero dónde está ese Amor?. Busca, busca de verdad. En conciencia, sin miedo.

Solo un educador que se haya abierto al Amor podrá invitar al Amor. No basta con que alguien haya dicho que el Amor existe, debe ser un encuentro personal, un habitar el Amor o no se podrá educar en el Amor.

Aun así, el Amor es tan poderoso, que un educador sin amor puede, como la Luna que no tiene luz pero reflejar la luz del Sol, inspirar a sus alumnos para que sepan encontrar en sus corazones, aquello que su educador no está sabiendo dar por sí mismo.

No obstante, esta experiencia indirecta, si bien puede llevarnos al mismo destino, supone un camino que desgarra la piel, que destroza la carte, que parte el corazón, y es en la curación, ya quizás en la madurez de la vida, cuando uno descubre el Amor que no tuvo cuando nació o cuando creció.

Los educadores deben ser grandes buscadores, inconformistas, sufridores, dolientes, alegres, humildes, esperanzados; que dan dos pasos hacia delante y uno hacia atrás. Pero avanzan y cada paso hacia atrás, es un nuevo impulso de humildad y empuje para amar. Ese ejemplo es extraordinariamente educador.

El Amor no se puede transmitir con palabras, como tampoco se aprende a nadar con un tutorial de Youtube; a nadar se aprende nadando y a amar se aprende amando.

El hijo amado, el alumno amado, aprende algo de qué es eso del amor, y querrá buscarlo, porque tiene esa tendencia en el corazón, y cuando lo encuentre lo amará y si su amor es verdadero, se entregará.

Pero como se dijo al principio, no es una línea consecutiva de acciones: buscar, amar, entregarse, sino una sinergia simultánea de tres tendencias que se pueden manifestar en cada instante, porque al buscar, uno encuentra el Amor, si el Amor quiere, y al encontrarlo uno se entrega, si uno quiere.

Este es el sentido más profundo de la educación, vivir cada instante como una gran fiesta en la que se celebra la alegría del Amor. Y en esa Fiesta, uno mismo es el banquete, el invitado y el anfitrión en el Amor, formando un Nosotros-Maduro.

Atender a un estudiante altamente sensible en el aula

Iván está en segundo de primaria, es el típico estudiante que todos los maestros desean. Trabajador, dócil y aplicado, que colabora con sus compañeros, da buen ambiente en clase y se esfuerza por alcanzar las mejores calificaciones. Sin embargo, Iván tiene un retraso en el aprendizaje de la lectura. Aunque comprende bien, todavía lee muy despacito. Esto le tiene un poco empequeñecido y sus luchas por seguir al ritmo de sus compañeros le tienen muy estresado.

La tutoría con sus padres es muy positiva; el chico es bueno y trabajador y si procura leer más, no tendrá ningún problema: «cada niño madura de forma diferente». Sin embargo, Iván en su apariencia de niño feliz y sereno, tenía un hervidero en su cabeza y en su corazón. Constantemente se le ocurrían ideas, comenzaba cosas pero las dejaba a medias y todo desordenado. En el patio le producía mucho miedo las riñas y trataba de evitar cualquier conato de pelea. Era muy buen amigo de sus amigos pero cuando estaba en casa le gustaba jugar solo y pasaba horas y horas.

Iván pensaba que tenía una vida normal, con una familia normal, pero la realidad es que su hermano no dejaba de pegarle y su padre estaba siempre fuera de casa. Y sin saberlo, eso le estaba marcando su carácter. Además, su madre era una persona muy sensible y desde que iván tenía uso de razón su madre siempre ha estado batallando con depresiones. Pero externamente, eso no era algo que se notara mucho en Iván al que se le veía feliz e integrado en el colegio y con sus amigos.

El hecho es que Iván era una persona altamente sensible, o PAS. La alta sensibilidad, también conocida como sensibilidad de procesamiento sensorial , es un rasgo genético que afecta aproximadamente al 20% de la población. La psicóloga Elaine Aron , quien acuñó el término en la década de 1990, teorizó que el rasgo evolucionó para ayudar a las personas con sistemas nerviosos más sensibles a lidiar mejor con el mundo.

Los maestros no siempre son conscientes de esta realidad y piensan que se trata de un niño con dislexia, TDHA, timidez o quizás, que se trata de un niño un poco mimado. Pero si sabemos ya que se trata de una persona altamente sensible, ¿cómo debe ser tratada por su maestro?

Lo primero y más importante es corregir la creencia de que la sensibilidad es debilidad o un defecto. Vivenciar el mundo con mayor intensidad, con más profundamente es un regalo, «un regalo trágico» dirá Dabrowski pero porque conlleva ciertos periodos de sufrimiento en la vida pero bien superados, se trata de un talento extraordinario que puede aprovecharse para estimular la creatividad, la innovación y el crecimiento escolar, personal y posteriormente profesional y social.

Los estudiantes altamente sensibles suelen ser considerados «niños buenos» con sus compañeros y aplicados con el trabajo, y los profesores suelen estar encantados con su actitud. Sin embargo, ser muy sensible puede presentar desafíos para manejar el estrés, la presión y las relaciones en el aula y en la escuela.

Un maestro, que aspira a ayudar a que todos los estudiantes prosporen no se conforman con la bondad de estos niños que no dan problemas, sino que se interesan por su sensibilidad para que aprendan a gestionarla.

Aquí planteo algunas ideas para que el maestro puede identificar a los alumnos altamente sensibles y puede ayudarles a aprovechar todo su potencial de desarrollo.

Rasgos del estudiante altamente sensibles en el aula.

Las investigaciones muestran que las PAS presentan un mayor flujo sanguíneo en áreas del cerebro relacionadas con el procesamiento emocional, la conciencia y la empatía. Estas capacidades cognitivas hacen que los PAS respondan a las necesidades de otras personas, a veces a expensas de su bienestar personal. Los estudiantes PAS tienden a realizar sus tareas con perfeccionismo y buscan complacer a las personas, en particular a sus responsables, de una manera más acentuada que el resto de niños.

En términos generales, las PAS se ven más afectadas por estímulos externos que las que no son PAS. Como resultado, pueden abrumarse fácilmente, especialmente cuando están bajo presión. Los plazos pueden agotarlos y quedar atrapados en un estado de temor.

Debido a que son tan perceptivos, a las PAS les encanta profundizar en los temas. A menudo disfrutan de la estrategia y la planificación pero a la vez, la emotividad les puede hacer inconstantes y desordenados.

Este interés más profundo por los temas no tiene que confundirse con altas capacidades necesariamente, pero los educadores y los padres pueden tener la impresión de que su hijo es quizás de altas capacidades por sus intereses, sus preguntas, su empatía que aparenta una precoz maduración. en la responsabilidad social.

Esta preocupación por todos y su amabilidad, le hacen ser una persona querida y valorada por sus compañeros, y suele pasar como un líder tapado que se detecta en los sociogramas pero en las manifestaciones externas del grupo no se ven tantas manifestaciones de liderazgo. Lo que tiene el PAS son detalles personales con uno y con otro. Incluso con el maestro, a quien le trata con total deferencia y a la vez huye de molestarle o «hacer la pelota».

Consejos para ayudar a crecer a un estudiante PAS

La atención singular hacia las PAS, diferente de lo que tendría que ser la educación personalizada común para cada uno de los alumnos de la clase, se reduce a capacitarlos para que puedan aprovechar sus fortalezas y al mismo tiempo dotarlos con herramientas para manejar su sensibilidad (o sobreexitabilidades)

Las PAS tienden a vivenciar los sentimientos con mucha intensidad y a cualquier cosa le dan una importancia desproporcionada emocionalmente hablando. Se sienten agotados pero luchan por no ser considerados débiles o incapaces y les puede llevar a importantes desajustes de ansiedad o depresión, de la que no se sabe cual puede ser la causa. Por tanto, es importante hablar mucho con los estudiantes PAS, aunque sean pequeños y parezca que no tienen ni media conversación; las PAS la tienen y si tienen confianza de que no serán dañados, les encantará abrirse y contar su mundo interior.

Darles encargos y posibilidades de servir a los demás les hace sentirse valorados y comprendidos. Comunicación fluida, diaria, aunque sea un solo que tal, como va todo, es algo maravilloso para ellos.

Desde muy pequeños, es bueno formar su carácter para hacer frente a las grandes estimulaciones, que para ellos es todo: todo es ocasión de una gran estimulación y por eso, también ocurre que, su atención secuestrada por una estimulación previa, se muestren como olvidadizos y despiastados.

Es muy importante para las PAS educarles en rutinas y hábitos de orden, planificación, prioridades, constancia y se acostumbren a pensar antes de actuar, porque su intuición les puede jugar malas pasadas.

A las PAS les incomoda ser observados y más si no se ofrece retroalimentación de «qué pasa»: no es un tema de susceptibilidad, sino en algunos casos, disforia sensitiva al rechazo. Es bueno darles explicaciones y enseñarle a no dejarse llevar por sus impresiones, sino mejor preguntar y no ponerse a pensar lo peor.

Su tendencia a no generar conflictos puede llevar a las PAS a ceder siempre y tragar con todo, con tal de que haya paz, pero ciertas situaciones injustas pueden agrandarse cuando compañeros se aprovechan de esta circunstancia y abusan injustamente de esta tendencia, lo que puede llevar a la PAS a reventar emocionalmente al sentirse utilizado e injustamente tratado, y sobre todo, al comprobar que nunca logra contentar a ciertas personas. En este sentido, debe aprender pronto que el objetivo en la vida no es lograr que todo el mundo esté contento con uno en la vida, sino que intentando tratar bien a todos y procurar que todos estén contentos, llegado un momento, uno debe hacer lo que considera en conciencia aunque otros piensen mal de uno, no estén conformes o se sientan defraudado. A quien no debemos defraudar nunca es a la propia conciencia.

Es importante decirles lo que pueden mejorar, pero con cariño y esperanza de que lo puede hacer mejor. No vale decirle que todo lo hace bien o todo va bien, porque su sensibilidad le hace ser muy autocrítico y por sí mismo ya sabe muchas cosas en las que puede mejorar.

Las PAS tienden a reaccionar más enérgicamente a las críticas que a los que no son PAS y a la autocorrección excesiva en respuesta a los comentarios, incluso sacrificando su bienestar para complacer a otros. Incluso, intervenciones de compañeros que no son crítica, si se hacen con un tono energico y frío, la PAS puede tomárselo a la defensiva e interpretar que está haciendo algo mal. En este sentido, conviene enseñar a la PAS que no juzgue, sino mejor preguntar: ¿Preguntas eso por que ves algo mal? ¿hablas con ese tono porque estás enfadado? Así se sale de dudas y se ayuda a todos para que no se den malos entendidos.

Es bueno saber que las PAS sobre la marcha harán lo mejor para el otro, pero luego si lo piensan, es posible que hubieran decidido otra cosa, en ese sentido, es interesante dejar tiempo para pensar a las PAS y también enseñarles que es de sabios rectificar: «te dije que te haría ese favor, pero lo he pensado bien y no voy a poder por esta razón, disculpa mi impulsividad». Y también enseñarles a que no so comprometan sobre la marcha, que se acostumbren a darse un tiempo aunque tengan clara la respuesta: «déjame que lo piense y te digo».

Los PAS tienden a responder en el acto; dales tiempo para absorber lo que han escuchado y reflexionar para dar una respuesta. Estos es bueno para todos pero especialmente para los PAS.

En cuanto a las tareas, los PAS necesitan motivaciones trascendentes; son grandes trabajadores si su labor es para salvar el mundo, pero si se les piden cosas sin sentido es muy probable que dejen de hacerlas o las hagan mal. Es muy importante que vean el sentido de las cosas y aprenderán mucho más y mejor.

Todos los estudiantes quieren sentir que su trabajo es valioso, pero este impulso es especialmente alto para las PAS. Tienden a comprometerse y se preocupan profundamente por impactar en su entorno.

Conviene ayudar a los PAS a darle salida a su capacidad de empatía, comunicación y organización de manera más efectiva. Si el maestro le pide ayuda, se sentirá muy reconfortado y al contrario, si falta una motivación profunda, una PAS puede volverse apática. El maestro debe ayudar a sus estudiantes PAS a comprender cómo sus esfuerzos se conectan con un propósito mayor.

Para algunos maestros contar con alumnos PAS en su aula es un problema, para otros es un regalo. Espero que este artículo te haga sentir que la situación no es una amenaza sino una oportunidad.

Pon en tu comité directivo una persona altamente sensible

Existen personas altamente sensibles que son docentes, estudiantes, padres, madres e incluso algún que otro director o directora, pero es precisamente la alta sensibilidad, la que lleva a los gestores de las organizaciones educativas a descartar como directores a personas que se muestran altamente sensibles, por sus aparentes «debilidades de carácter».

En ocasiones se les hace un favor si la sobrecarga emocional es muy intensa, pero ponerle una marca de por vida, «tú no sirves para dirigir porque eres muy sensible», me parece un grave error estratégico de las instituciones que así lo piensan.

A veces, las personas sensibles parecen débiles y en particular al principio, cuando todavía están descubriéndose en su sensibilidad. Parece que no serán capaces de tomar decisiones duras, pero que sufran no quiere decir que sean cobardes, irresponsables, ineficaces o injustas. Reconocen sus errores y perdonan con la misma intensidad que aman y están dispuestas a darlo todo por lealtad a la organización y a las personas a las que sirven.

Sienten desde lo más profundo de su espíritu, y si se piensa que eso es un inconveniente para dirigir un colegio, es que realmente no se está pensando en la organización escolar como el cultivo de una comunidad , sino como la gestión de una máquina.

Ver a una persona derramar lágrimas es para algunos un impedimento para liderar un grupo, pero mostrar vulnerabilidad, siempre que vaya acompañada de firmeza y determinación, es un puente para trabajar en equipo, para aprender a trabajar en comunidad, con sencillez y sinceridad.

Un líder altamente sensible, a pesar sufrir intensamente por las traiciones, no guarda rencor y actúa con justicia y compasión; siempre está dispuesto a dar a todos los que lo necesitan y no pasa factura, aunque si aprende y quien no reconoce su mal, tampoco está dispuesto a permitir que lo siga cometiendo.

Un directivo con alta sensibilidad confía en su gente y comparte sus conocimientos y recursos con sencillas. Es autocrítico, reconoce su errores y rectifica. Aprende y lo vuelve a intentar, y con las personas que reconocen su error y hacen el propósito sincero de recomenzar, se vuelcan y ponen toda su confianza a través de gestos y palabras amables. Y en todo caso, si conoce de las limitaciones o debilidades de los demás, procura estar atento para ayudarles a crecer, pensando antes en las personas que en las tareas. Esto puede llevar a que algo no salga de inmediato, pero de forma mediata, si que saldrá cada vez con mayor facilidad y dando el protagonismo a los docentes en los que se confía.

La persona altamente sensible, claro que exige, tanto como se exige a si misma, pero lo hace con delicadeza, como le gusta y agradece que le corrijan y le sigan a sí. Una persona altamente sensible responde con entusiasmo ante las llamadas de atención suaves y esperanzadas, pero queda muy afectado con los ataques, desprecios y desvalorizaciones.

Por tanto, un directivo altamente sensible aprende muy a fondo, pero necesita mucho tiempo, tal vez, requiera de varias etapas. Pero las organizaciones son impacientes, los resultados urgen y temen dar segundas oportunidades . Un consejo de administración no se atreve, por lo general a apostar por una persona altamente sensible que terminó quemado en una primera etapa de directivo; paradójicamente, en los centros educativos a veces no se cree que las personas puedan cambiar y que un profesional pueda aprender. Incluso, la experiencia les lleva a considerar que si se detecta la alta sensibilidad, directamente se le descarta para darle responsabilidades, porque lo que se buscan no son soluciones profundas, sino arreglos rápidos… Pero esta es mi crítica, la escuela no es una máquina, sino un cuerpo y más que cambiar piezas se trata de rehabilitar a los órganos para que cumplan sus funciones. Requiere su tiempo… Pero vale la pena y el resultado es mucho más perdurable y autónomo.

Las personas sensibles son fácilmente engañables pero a la vez, son capaces de detectar rápidamente las mentiras. Y si bien se frustrarán, se enfadarán y quizás sus primeras reacciones sean inapropiadas, saben rectificar, pedir perdón y recomenzar. Y cuando su equipo lo forman personas igualmente sencillas y nobles, el organismo o sigue fortaleciéndose y madurando.

Lo más valioso del directivo altamente sensible es su profunda humanidad, empatía, bondad, simpatía y consideración de los demás. Pero todo esto dentro de una vivencia intensa que fácilmente es manipulable por compañeros egocéntricos y envidiosos, que tratarán de mostrarle cómo directivo desequilibrado, quemado, deprimido… Cuando lo único que necesite tal vez, es un poco de descanso, un apoyo con quien poder hablar y recomponerse.

En un equipo directivo no todas las personas deben ser altamente sensibles, pero sí apuesto porque sea la cabeza del centro pero contando con un apoyo de subdirectores leales, maduros y competentes. A la vez, es imprescindible formar a los directivos para que sepan detectar a las personas altamente sensibles y comprendan el interés de este talento para que sepan cuidarlo en lugar de quemarles a base de sobrecargas y falta de tacto.

El líder con alta sensibilidad logra sacar lo mejor de todos, es posible que se deje llevar por prejuicios pero desde que se da cuenta, no le cuesta nada rectificar para dejar de juzgar y sentir la verdad de cada uno, a pesar de los pesares.

Un líder sensible es quizás un tanto desconcertante y resulta incómodo para quien desea que todo sean rutinas, pero su intuición y su creatividad la ponen al servicio de las familias, los docentes y los alumnos, porque cree de todo corazón que su misión es ayudar a todos.

A la corta, los líderes sensibles no suelen pasar la prueba, pronto se les ve ansiosos, preocupados, enfadados, generando caos y se les pone una etiqueta: este no sirve para dirigir… «Sí, tiene buen corazón, la gente le quiere mucho pero la institución se puede ir al traste con alguien como éste al frente» y se les quita de enmedio: error.

Las personas altamente sensibles se merecen nuevas oportunidades porque según van pasando los años aprenden de sus errores, se conocen, rectifican, controlan mejor sus intensidades emocionales y sobre todo, han aprendido a sufrir, han superado obstáculos y desafíos muy intensos y, sin embargo, siguen motivados y con deseos de seguir ayudando a todos.

Pero no importa que no se les considere para dirigir los centros educativos, pues en la esquina donde hayan perseverado, seguirán manteniendo su prestigio, y quizás no tendrán el poder, pero sí la autoridad de quien sabe por experiencia y quien a pesar del dolor profundo, las injusticias y traiciones, nada ni nadie le puede impedir seguir amando.

En mi opinión, muy contraria a la mayoría de los gestores de centros escolares, los comités directivos deberían contar con algunas personas altamente sensibles: artistas, creativas, capaces de arriesgarse por amor a los demás, amando sin excusas y con deseo sincero de cambiar el mundo desde la bondad, aunque eso le suponga la vida.

Este es mi secreto para la transformación educativa que requiere nuestro sistema, cuidar a los docentes altamente sensibles y ayudar a los que tengan inquietudes de dirección para que adquieran las competencias y cualidades que les falten, y logren fortalecer su carácter para que sin perder sensibilidad, sepan gobernar con firmeza y salud hasta el éxito y más allá.

La pedagogía del nosotros ante la era del conglomerado

Ya describió Ortega y Gasset en «La rebelión de las masas» el fenómeno de «la aglomeración» en el que se ven muchedumbres de individuos apegados y desgarrados entre sí pero sin angustiarse porque se sienten a salvo haciendo lo que todos hacen, opinando lo que todos opinan, queriendo lo que todos quieren, y mientras no traten de cuestionar lo que todos dicen entonces, los individuos pueden sentirse seguros como astillas del conglomerado.

Si Ortega viviera quizás escribiría una continuidad de su libro «la rebelión de las masas», al que podría llamar «La dictadura de las masas», que se sostiene por el contrachapado de lo políticamente correcto y la educación emotivista, por la que uno se cree bueno porque desea ser bueno. Sin embargo, entre el deseo de ser bueno y el hecho de serlo, radica una paso abismal de apertura al tú.

El conglomerado humano lo forman sujetos egocéntricos que se utilizan unos a otros, a lo que llaman «ganar-ganar». En el nosotros maduro, los sujetos son de madera noble y original que no aspiran a «ganar-ganar» sino que están dispuestos a perder para que gane el tú, pero, precisamente al estar formando un nosotros maduro, lo que se da al tú se da a la vez al yo, en el nosotros. Esto supone que todo sacrificio del yo no es más que ganancia para sí mismo; tanta ganancia como inmenso sea el nosotros que se habita y al que se entrega. Inmensidad que no la da la extensión material, sino la apertura del amor.

La pedagogía del nosotros, es la nueva pedagogía que necesita un mundo astillado por la masificación del amor que lleva a los sujetos a desear ser buenos pero en la presión del conglomerado no pueden ser buenos.

La pedagogía del nosotros es también la nueva educación personalizada, que muchos viven de forma enlatada y si bien son maderas originales y nobles, se han dejado apolillar hasta el punto de quedar vacías por dentro y no servir ni para conglomerado.

Mejor conglomerarse que apolillarse, pero el conglomerado no tiene pensamiento propio; está a merced de «la prensa», la que le prensa para que se mantenga en la masa que forma el tablón.

Si bien sería posible que Ortega hoy escribiera «La dictadura de las masas», también sería posible que redactara «La rebelión del nosotros», y ha falta de Ortega aquí estamos nosotros.

Educar en el nosicentrismo

Si se les llama egocéntricas a las personas que buscan su propia satisfacción de cuerpo y mente, sin importarles la satisfacción de los demás, a las personas que necesitan satisfacer a los demás para intentar sentirse satisfechas, se les llama alocéntricas. El deseable vivir entre personas que destilan alocentrismo, pero un alocentrismo sano, no autodestructivo o incluso destructivo de los demás.

Para que vivamos con un sano alocentrismo se requiere aprender a vivir con un sano egocentrismo, que podríamos denominar nosicentrismo:

  • El sano egocentrismo es esa fuerza del cuerpo y de la mente que le permite a una persona concentrarse y ocuparse de sí misma para estar en disposición de realizarse.
  • El sano alocentrismo es la fuerza de apertura de sí mismo que le permite a la persona concentrarse y ocuparse de los demás, sin dejar de ser sí mismo.

Pensemos en el protocolo de actuación de un avión en caso de despresurización de la cabina… Primero me tengo que poner yo la mascarilla, y luego ayudo a mi acompañante. Este sería un sano egocentrismo para un sano alocentrismo. Un mal entendido «pensar en los demás» sería malo para todos.

 

  • El sano nosicentrismo, no es sólo éste pensar en uno mismo para estar en disposición de ayudar, sino que ayudando me hago más yo mismo. Dentro de una cultura nosicéntrisca, la empatía se despliega y el conflicto se desintegra. Y hablo de un «sano» nosicentrismo porque puede enfermar y convertirse en un nosicentrismo interesado, que en el fondo deja de ser nosicentrismo para ser en realidad, egocentrismo o alocentrismo encubiertos.

  • EGOCÉNTRICA: Persona que busca su felicidad de cuerpo y mente con tendencia a nutrirse de los demás.
  • NOSICÉNTRICA:  Persona que habita la felicidad con todo su ser (cuerpo, mente y apertura) en servicio al tú con tendencia a la reciprocidad.
  • ALOCÉNTRICA . Persona que tiende a dejarse nutrir por los demás para que estén felices a consta de la propia autodestrucción.

Teorías pedagógicas en conserva

El supermercado de la educación te ofrece una amplia gama de productos. Para un consumo responsable debes fijarte en la etiqueta: Psicología Positiva, Constructivismo, Conectivismo, Neurodidáctica, Inteligencias Múltiples, Inteligencia Emocional, Educación Personalizada, Educación Integral, Educación en Valores, Nativos Digitales…

“Y ahora comprando Educación por competencias te llevas un bote de bilingüismo gratis y una tablet para tus hijos”

Con esta broma no digo que todas estas ideas, teorías e ingredientes sean negativos, lo que sugiero es que sean naturales y frescos. Al congelar o envasar, se pierden muchas de las propiedades educativas, incluso llegan a caducar e intoxican el ambiente educativo si se aplican. La educación abierta es artesanal, no puede ser industrial.

La “educación transgénica” puede resultar productiva pero nociva para la interioridad humana. Sugiero a los padres que no consuman experimentos pedagógicos que no estén avalados por experiencias de éxito, por muy desesperados que estén.

Tapones para quedar enfrascados herméticamente

Tapones hay muchos pero aquí resaltaremos algunos que nos resultan significativos.

El tapo “más o menos”.

El masomenista es una especie de relajación educativa al sentirse por encima de la media:

  • “Les llevamos a un buen colegio, frecuentan buenos ambientes y en valores estamos por encima de la media”
  • “Entre que no es nada fácil y que los demás van en otra dirección, bastante hacemos con ir tirando”
  • “Lo que pasas es que…
    • “contra internet no se puede”
    • “los amigos pueden más que los padres”
    • “no se puede ir en contra del ambiente”

El tapón “sí pero no”.

Lo usan padres que desean para sus hijos esa felicidad plena a la que dispone la educación abierta pero a la vez, quieren evitarles la entrega personal a la que invita esta educación. Enseñan a sus hijos a “nadar y cuidar la ropa”.

El tapón “ya lo he intentado todo”.

Puede ponerlo uno sólo o ambos padres. Si lo pone uno sólo suele ocurrir que el otro ponga el tapón de la indiferencia.

Se sienten solos en la misión y ven que no se les hace caso: “Me tienen como una esclava”, “Estoy todo el día detrás de ellos, empezando por el padre”, “El día que falte, a ver cómo te las apañas”.

Son padres que desearían ofrecer una educación abierta pero han aprendido que no pueden más. Culpan a otros o se sienten culpables y no ven solución. Seligman (2002) lo llama impotencia aprendida y comprueba que estas personas son más susceptibles a la depresión.

El tapón “ya tendrá tiempo”

Claro que desean una educación profunda para sus hijos pero ponen el tapón porque “primero que saquen bien sus estudios y aprenda idiomas, ya tendrá tiempo de ayudar a los demás”.

Congelados de educación abierta.

La practican “padres de manual” que si los dejas a la intemperie se derriten. Se saben la teoría y sin darse cuenta, se ponen de ejemplo en sus propuestas. Tienden a valorar y etiquetar a otros en función de cómo lo hacen ellos.

  • “Esos no son como nosotros»
  • “Lo que tienes que hacer es…”
  • “Pues a mí me obedecen”
  • “Las madres de ahora ya no saben hacer nada”

Si realmente practicaran la educación abierta no se sentirían en posesión de la verdad sino a su servicio; estarían más bien, poseídos por la verdad.