Cumpleaños infantiles: dime cómo celebras y te diré lo que valoras

El cumpleaños del niño no es algo indiferente o neutral; siempre educa o deseduca, daña o fortalece. Los padres tienen la oportunidad de educar a su hijo en el nosicentrismo o anclarle en el egocentrismo.

Muchas madres y padres reciben una gran presión de sus hijos y del entorno para celebrar los cumpleaños de una forma que en el fondo, no quieren. Quiero ofrecer un análisis de la situación y alternativas para celebrar los cumpleaños de acuerdo con los propios valores e intenciones educativas; conforme al propio estilo de vida.

Del cumpleaños comercial a la auténtica celebración

Un cumpleaños comercial no es el que se celebra en un comercio. Cada familia y cada comunidad deberá estudiar el modo más sensato de celebrar sus cumpleaños de forma saludable, razonable del punto de vista económico, y las soluciones pueden ser muy variadas.

Lo de cumpleaños comercial es una actitud con la que organiza y se vivencia, actitud que se puede adoptar aun quedándose en casa y asumiendo todos los servicios.

Es comercial toda aquella fiesta de cumpleaños que no se mueve por la mutua entrega de todos, sino por el afán de dar para recibir (negocio). El primero es nosicéntrico: «nos alegramos juntos porque tenemos un motivo que celebrar. El cumpleaños el comercial es egocéntrico: «quiero ser rey por un día» y «estoy dispuesto a ser tu vasallo por un rato guay y una buena merendola».

En el cumple comercial, los regalos dejan de ser dones, “entrega”, y pasan a convertirse en moneda de cambio: un compromiso, una entrada… O de forma más sutil, podemos hablar de que el cumpleaños se convierte en un mercado de emociones donde se compra y vende cariño y autoestima.

El cumpleaños comercial se mueve por las leyes de la oferta y la demanda, lo que genera enormes gastos que se multiplican periódicamente con las celebraciones sucesivas de los compañeros de clase y las continuas comparativas. Una espiral de compra-venta insostenible económicamente para ciertas familias que temen que sus hijos puedan quedarse fuera del circuito.

Desde la auténtica celebración se busca el alegrarse y alegrar al homenajeado pero más que “comprarle algo valioso”, uno regala su máximo valor, el amor de amistad. Esto se puede materializar en un obsequio, pero tendrá más valor cuando sea fruto de la generosidad personal, de un tiempo de elaboración, de un esfuerzo y no sin más, de la cuenta corriente de los papás…

En ambos casos se busca pasar un buen día, la diferencia está en que para la versión comercial, pasar un buen día se reduce a momentos extraordinarios de novedad, estimulación y despilfarro…

Será un buen día si triunfa el intercambio: la empresa contratada cumple su parte, los payasos son divertidos, los invitados corresponden con regalos y se someten al celebrante, los padres se sienten complacidos por el bienestar de su hijo…

Pero suele ser común, que siempre falle algo. Alguno de los regalos no son del agrado, “las pizzas tienen piña y yo las pedí de carne”“Me enfadé con mi amigo Javier y me arruinó la fiesta”, “¿por qué invitaste a fulanito, que no es mi amigo?”

En la auténtica celebración, un buen día es, en el que hemos mejorado como personas, en el que hemos disfrutado sirviendo a los demás, dando lo mejor de nosotros mismos, sin esperar nada a cambio. Un buen día no es aquel donde todo sale perfecto, sino en el que sabemos comprender, rectificar, arreglar, perdonar, ayudar y permanecer alegres aunque existan fallos y carencias…

Un buen día es aquel en el que permanezco alegre por el entusiasmo, por un motivo interior; superior a cualquier circunstancia, y en caso del cumpleaños, ese motivo es que “es maravilloso que tú existas”; “te queremos como eres y no necesitas que te adornes con tanta exuberancia exterior porque tu valor lo llevas dentro”.

¿Cuándo hay celebración auténtica?

No depende de gastar más o menos, de hacerlo fuera o dentro de casa, de invitar a muchos o a pocos. La clave está en vivir la reunión como una aportación de alegría que hacemos al mundo y no al revés.

La celebración no es comercio sino donación.

Somos nosotros quienes damos felicidad al mundo cuando celebramos. Es decir, la celebración no consiste en buscar algo que me haga feliz y me aporte una alegría pasajera, sino que celebro mi existir manifestando mi inmensa alegría de vivir y quiero que te alegres conmigo.

Si la organización de un cumpleaños nace de buscar lo fácil, “lo que hacen todos”, el lucimiento personal, el temor de lo que puedan pensar, la incertidumbre de lo que pueda ocurrir a nuestro hijo si no lo hacemos…

Si despierta envidias, resentimientos, egoísmo, sensualidad, vanidad, egolatría, desorden, glotonería… entonces, conviene rectificar y buscar formas más enriquecedoras.

Con un poco de previsión y posterior reflexión, cada año los cumpleaños irán saliendo mucho mejor pasando de cumpleaños que seducen a cumpleaños que satisfacen.

Este es el cambio sustancial, la celebración no depende de lo que se mueve por fuera, sino de lo que se mueve por dentro. Lo expresaba Nietzsche con claridad: “Lo difícil no es organizar una fiesta sino encontrar quien se alegre en ella”.

“Cumpleaños Comercial”Celebración Auténtica
Protagonismo a la abundancia material: payasos, piscina de bolas, regalos desorbitados, manjares, locales de moda, niños despóticos ante la servidumbre, muchedumbres complacientes (aunque luego se meten en la piscina de bolas y terminan pasando del celebrante)…Protagonismo a la abundancia interior: la bondad, el servicio al invitado, el amor, la belleza, la sencillez, la comprensión, la comunicación….
Mueve a la euforia:
…sensación de bienestar y alegría producida mediante estímulos externos
Mueve a la entusiasmo:
… también es una forma de vivir de forma apasionada pero no depende de los estímulos exteriores, sino de la propia riqueza interior. Literalmente, entusiasmo significa “el Dios (énthus) dentro (iasmós)”.
El acontecimiento es una excusa para “alegrarse”.La años que cumple mi amigo es el motivo de alegría.
La party tiene precioLa fiesta tiene valor
Los padres se dejan llevar por la Inercia, modaLos padres marcan un ritmo, son creativos y defienden sus tradiciones.
Debilidad ante los caprichos de los hijo y dependencia de lo que piensen los demás.Fortaleza, firmeza, reflexión, intención educativa, autoexigencia.
El niño se convierte en «rey por un día» y exige que los demás se lo hagan pasar bien.El niño se convierte en anfitrión-servidor de sus invitados para que se lo pasen bien.

Algunos padres se engañan diciendo que su actitud de cumpleaños comercial es por amor

Ciertamente es amor, no lo dudo, pero quizás sea un amor inmaduro. Lo que sí es seguro que un cumpleaños que promueve el egocentrismo está organizado por un amor desordenado, que en vez de buscar el desarrollo personal y el enriquecimiento interior de los hijos, los idolatra como semidioses, transmitiéndoles un mensaje equivocado que entorpece su crecimiento personal y empobrece su auténtico valor.

Hay padres que organizan homenajes colosales, quizás como compensación a sus propias carencias como padres. Tal vez traten de apaciguar así su sentimiento de culpa, pero esta culpa sólo se supera aceptando los errores y recomenzando a ser unos padres honrados con sí mismos; no digo que busquen ser unos padres perfectos, sino que traten de ser auténticos.

También los hay, que se sienten malos padres y tratan de compensar con sobredosis materiales. Y otros sencillamente, se sienten un tanto superados, y por evitar las temidas reacciones del hijo, hacen lo que sea necesario.

Incluso existen quienes montan grandes fiestas para quedar bien ante los demás padres; por dejar claro cierto estatus socioeconómico, por no pasar por “raros”, e incluso se sustentan en falaces teorías socioeducativas…

Aquí viene muy bien el dicho de que “quien no actúa como piensa, acaba pensando como actúa”, y es que, muchas de estas motivaciones no se reconocen porque no son intencionadas sino inconscientes, es decir, no son fruto de la reflexión y de la autodeterminación de obrar de una determinada forma, sino consecuencia de un sentimiento y unas expectativas fantasiosas, alimentadas y “legitimizadas” por el ambiente de consumo que nos rodea.

Que cada comunidad encuentre sus soluciones

El tema de los cumpleaños no es un problema de la familia, sino de toda la comunidad, pues los hijos son anfitriones e invitados, y lo ideal es que las familias dialoguen y traten de llegar a acuerdos.

No todos los años se tiene que hacer igual, y quizás esa sea una parte del acuerdo: este año lo hacemos así y al año siguiente de otro modo.

Algunas ideas podrían ser:

  • Diseñar un calendario de cumpleaños contando con el tutor del curso para que se sepa qué niños son invitados a cada cumpleaño, y sobre la mesa, ver si algún niño podría quedarse fuera y que alguno de los compañeros empático le invite sin paternalismos.
  • Poner un tope de precio al regalo o incluso promover regalos hechos por los propios niños
  • Que los padres, una vez, su hijo ha recibido todos los regalos, elija tres y los demás los done.
  • Unir cumpleaños y que en un mismo día se celebren todos los cumpleaños de ese mes.

Todas las alternativas tienen sus ventajas e inconvenientes, las familias tendrán que valorar que soluciones son las más educativas para sus hijos de modo que el cumpleaños les ayude a crecer en amistad verdadera y sea una oportunidad para desarrollar competencias y formar el carácter.

Gasol nos habla de nosicentrismo

Quisiera comenzar con estudio de casos de lo que considero ejemplos de pedagogía del nosotros, ejemplos de habitacionismo, ejemplos de nosicentrismo, ejemplos de educación sensible y de inteligencia sensible. La mejor manera de comprender conceptos vanguardistas es verlos en la vida misma.

En este caso, lo que Gasol llama «la familia» es el nosotros maduro capaz de
desear a lo grande, seguir un camino de pequeños pasos posibles pero con determinación y hasta el final, ser un referente inspirador para las demás sirviendo al equipo con humildad y trabajando en equipo que es muy diferente a un grupo con pensamiento único.


«Lecciones de oro», por Pau Gasol


Educarse es aprender a buscar, amar y entregarse

Necesitamos la educación para aprender a buscar, amar y entregarnos, solo así nos realizamos como seres humanos, como el ser humano original que cada uno es.

Estas tres tendencias nos ayudan a crecer como una persona completa, como un nosotros-maduro.

En el corazón humano, estas tres tendencias no se presentan de forma consecutiva, sino que son simultáneas: tenemos hambre de buscar, amar y entregarnos, y la educación nos dispone para, en conciencia, buscar, amar y entregarse a lo que vale la pena.

En condiciones desfavorables, la persona reduce su búsqueda, amor y entrega, a lo que le proporciona seguridad y protección, descuidando su originalidad que le mueve a lo sublime por la creatividad, y que supone la vida plena de entrega a lo que realmente vale la pena, a lo que llena el corazón por completo: el Amor.

Resulta fundamental para la educación que las personas en sociedad garanticemos la igualdad, la justicia y la paz. Nadie puede sentirse excluido del deber de velar por la seguridad de todas las personas.

Ningún educador puede desentenderse de la responsabilidad social educativa de que todo el mundo viva en seguridad para poder «vivir la EDUCACIÓN», con mayúsculas.

Pero para que una persona viva la Educación, no se le puede hacer esperar a que se resuelvan las desigualdades estructurales en las que se ve envuelta.

A la vez que luchamos por ofrecer las mejores condiciones de seguridad, debemos ayudar a cada persona a crecer hacia un sentido más profundo, y no sin más, a que aprenda a satisfacer sus necesidades de seguridad.

Las personas podemos crecer a pesar de no encontrarnos en las mejores condiciones ambientales, pero requiere de educadores que ofrezcan la seguridad que no ofrece su entorno, para arriesgarse a crecer sin miedo.

Esto requiere fe en el educador, pues lo que me muestra el mundo que experimento, es otra cosa. Pero si le dejamos a merced de lo que le ofrece su mundo, nunca saldrá de ese mundo-celda, nunca romperá ese «techo de cristal», nunca podrá elegir ser la mejor versión de sí mismo, si quiere.


Marcos Portillo en Sierra Leona. Desarrollo de escuelas y comunidades

Así, no se trata de resolver las necesidades de seguridad para luego satisfacer las de desarrollo, sino que pueden y deben satisfacerse simultaneamente tratando de arropar a los educandos en un nosotros-maduro.

Aprender a gestionar el deseo de recibir y el deseo de dar

Educar es aprender a gestionar el propio deseo y no solo el deseo de seguridad y de satisfacción de necesidades primarias, sino también el deseo de desarrollarse y compartir el desarrollo en un nosotros-maduro. Esto es, aprender a desear a lo grande.

En la base de desear a lo grande está la apertura hacia lo deseado, que impulsa al cuerpo y a la mente a explorar, a salir de la zona de seguridad, a buscar y arriesgar, para encontrar el sentido de la propia vida.

La educación no es un mero hacer, además de experimentar la Verdad, se requiere reflexionar, contemplarla y dejarse hacer por ella.

Las personas no solo necesitamos seguridad, eso es solo la base, además, necesitamos experiencias significativas y desafiantes, que nos permitan descubrir el propio sentido, amar la verdad que encierra uno mismo y entregarse a ella con todo lo que uno es.

El deseo de recibir se ocupa del tener, de la seguridad, de la satisfacción de las necesidades biológicas, tanto individuales como de la especie, así como de la defensa de todo lo que supone el «nosotros» y la protección de cada «yo».

Pero el deseo humano no se colma con la seguridad, desea arriesgar, desea expresar, crear, descubrir, servir, ayudar, cooperar, en definitiva, dar y darse. El deseo de dar y de darse, hacen tender a la persona a buscar, amar y entregarse.

Aprender a buscar

La búsqueda humana está motivada principalmente por la apertura (por el espíritu), la expansión de la propia originalidad, la comprensión de la originalidad de lo otro y la creación de valor, de belleza, de amor y de unidad.

Aprender a buscar de verdad, es aprender a crear y descubrir nuevas oportunidades para desarrollarse y entregarse en conciencia, de forma original, a lo que vale la pena.

Buscar como mero placer dopamínico es un reduccionismo y una deformación de la búsqueda humana. Buscar por buscar, buscar por experimentar sensaciones y seguir buscando para seguir sintiendo, es un miseria que se paga caro en la propia integridad y en la integridad del nosotros, formándose falsos-nosotros en los que se buscan unos a otros para nutrirse unos de otros.

La búsqueda sin un sentido más allá del de satisfacer las tendencias del cuerpo y de la mente llevan a la adicción, a la dependencia, a la frustración, a la violencia. Hoy más que nunca se requiere aprender a buscar la paz, el amor y la alegría que se encuentra en responder a la propia originalidad.

Aprender a buscar supone buscar en conciencia la propia originalidad, y no puede ni debe reducirse a buscar satisfacer necesidades de mera protección y placer. Sería como buscarse una cárcel existencial, limitando la vida a escapar de la propia celda que uno mismo se ha creado.

El «hambre» de búsqueda sigue presente en el ser humano y el educador lo tiene como su mayor aliado, como su segundo mejor recurso didáctico (el primero es el propio educador).

La búsqueda es la motivación esencial de la educación y desde que el sistema de educativo deja de ofrecer cosas asombrosas que buscar, el niño busca el asombro en la perenne impactación de las pantallas que le van atrofiando su capacidad de asombro.

La necesidad de buscar no es un salir para «cazas» y nutrirse, o «comerciar» y hacer negocios. La búsqueda humana es salir para darse, es algo más que satisfacción egocéntrica. El deseo natural de explorar busca el desarrollo, el amor y la entrega a lo valioso.

No buscamos como el resto de animales. Los animales no requieren de educación para buscar, pero el buscar humano es insaciablemente curioso y la educación es el camino necesario para conocerse a sí mismo, conocer el mundo y expresarse con creatividad, con sentido, con amor, con una intención.

Los humanos han desarrollado una capacidad de búsqueda sin precedentes en el reino animal. Se sabe lo que buscan los animales, pero no es tan sencillo determinar qué está buscando cada persona.

Busca con la música, con la pintura, con la ciencia, con la literatura, con el cine, con el juego. Esa búsqueda tiene los mismos principios neuropsicológicos del resto de animales. Se aprecia la evolución en nuestro cerebro, pero la búsqueda humana va mucho más allá, infinitamente más allá, que la del resto de animales.

Educar es capacitar para la libertad. Podría parecer que todo sería más sencillo si no tuviéramos libertad. Sin embargo, la libertad no es una desgracia, no es el problema.

El problema es no saber qué estoy buscando con esa libertad. Si no se lo que busco y no tengo un instinto que me lo determine, nunca podré encontrarlo. Todo resultará frustrante y vacío.

Pero no, muchas personas a lo largo de la historia han dado testimonio con su vida. Más mostrado que supieron buscar ese algo más, porque lo encontraron. Al menos, se puede constatar que lo que encontraron les colma como vida llena de sentido, les proporciona una felicidad sostenible.

Paradójicamente, esas personas suelen tener en común un particular encuentro con el sufrimiento, que no buscaban, pero les salió al encuentro. La búsqueda no es huida, sino encuentro con lo que vale la pena, por grande que sea la pena, porque el valor lo vale.

Cada ser humano busca en la soledad de sí mismo, pero a la vez busca dentro de un nosotros de solitarios que buscan, lo que nos lleva a buscar juntos, unidos, y quizás, esa búsqueda compartida ya es un inicio de encuentro.

Pero el deseo de búsqueda no se sacia en la seguridad del nosotros; mira al horizonte y pregunta a los viajeros que llegan: -¿qué hay más allá? -Yo te puedo contar mi búsqueda pero la tuya, sólo tú puedes hacerla. Sal y busca por tí mismo, solo tú tienes el mapa de tu tesoro.

El educador es ese guía que acompaña al niño y al joven en su inicio de búsquedas cada vez más profundas. Pero no busca por él, no le encuentra las respuestas, sino que le invita a que se adentre y encuentre por sí mismo. El maestro es guía, no porque guíe, sino porque enseña a guiarse a sí mismos, con el mapa de la propia conciencia y la brújula de la autenticidad.

Aprender a amar y entregarse

Las otras dimensiones del deseo de darse, el amor y la entrega, se basan en la tendencia de buscar para alcanzar niveles más altos de realización.

Esta realización se manifiesta en la integración de sí mismo como unidad de amor formando un nosotros-maduro, como despliegue de ese amor que se desborda en sí.

Para llegar a esta integración, la persona debe pasar por diferentes experiencias de desintegración. Buscando, uno se pierde, o incluso, se pierde sin buscar. Y es en el reencuentro de sí, es la integración de uno mismo, donde encuentra el amor que le recompone con mayor fuerza, con mayor libertad, con mayor madurez.

Cuando esto ocurre, se habla de desintegración positiva, pero si no se encuentra, la persona vive desintegrada en la frustración, el sufrimiento, el vacío y la desesperación.

Qué importante es enseñar a buscar, en particular, a las personas altamente sensibles, para que sepan reintegrarse por la sanación de sus miedos y el encuentro del amor que da paz y alegría, aunque duela.

Educar es capacitar para el amor y ese amor solo se realiza en la entrega de sí, que supone una perpetua libertad para entregarse constantemente.

Entregados al Amor, es una forma de vivir que duele y genera angustia. La educación nos hace fuertes de corazón, a la vez que sensibles, para darlo por entero.

Puede ser visto por algunos como un sin sentido, sin embargo, es lo único que tiene sentido: entregarse en conciencia a lo que quiero, a lo que amo, ¿qué sentido tiene otra cosa?

Sí, pero supone sufrimiento. Me podrías decir. Bien, te contesto, pero quien no aprende a sufrir, termina sufriendo por todo. Además, de tanto huir del sufrimiento, uno termina cerrando las puertas a la propia felicidad. Y ahí, encerrado en la cárcel de la existencia, uno quizás se sienta seguro, pero no se siente libre.

Ha sacrificado su libertad en el altar de la seguridad, y ese sacrificio hace a la persona esclava del destino. Quien estaba llamado a buscar su destino y a decidirlo por sí mismo, renuncia a la búsqueda. Pero será el destino quien busque a esa persona y terminará metiendo en su propia celda defensiva, al sufrimiento del que tanto huía.

Buscar el amor supone salir, constantemente, de la propia zona de confort, desarrollando el todo el potencial para entregarlo al Amor.

Ahí a la intemperie, uno puede sentirse inseguro, perdido, vulnerable, pero si uno ha encontrado el Amor que busca, ya puede hundirse el mundo que su vida tiene sentido y la alegría es indescriptible. Y como dice el poeta, quien lo probó, lo sabe.

Uno puede elegir arroparse en la seguridad del Miedo y hacerse pequeñito, o puede abrirse a la seguridad del Amor y hacerse infinito.

-¿Pero dónde está ese Amor?. Busca, busca de verdad. En conciencia, sin miedo.

Solo un educador que se haya abierto al Amor podrá invitar al Amor. No basta con que alguien haya dicho que el Amor existe, debe ser un encuentro personal, un habitar el Amor o no se podrá educar en el Amor.

Aun así, el Amor es tan poderoso, que un educador sin amor puede, como la Luna que no tiene luz pero reflejar la luz del Sol, inspirar a sus alumnos para que sepan encontrar en sus corazones, aquello que su educador no está sabiendo dar por sí mismo.

No obstante, esta experiencia indirecta, si bien puede llevarnos al mismo destino, supone un camino que desgarra la piel, que destroza la carte, que parte el corazón, y es en la curación, ya quizás en la madurez de la vida, cuando uno descubre el Amor que no tuvo cuando nació o cuando creció.

Los educadores deben ser grandes buscadores, inconformistas, sufridores, dolientes, alegres, humildes, esperanzados; que dan dos pasos hacia delante y uno hacia atrás. Pero avanzan y cada paso hacia atrás, es un nuevo impulso de humildad y empuje para amar. Ese ejemplo es extraordinariamente educador.

El Amor no se puede transmitir con palabras, como tampoco se aprende a nadar con un tutorial de Youtube; a nadar se aprende nadando y a amar se aprende amando.

El hijo amado, el alumno amado, aprende algo de qué es eso del amor, y querrá buscarlo, porque tiene esa tendencia en el corazón, y cuando lo encuentre lo amará y si su amor es verdadero, se entregará.

Pero como se dijo al principio, no es una línea consecutiva de acciones: buscar, amar, entregarse, sino una sinergia simultánea de tres tendencias que se pueden manifestar en cada instante, porque al buscar, uno encuentra el Amor, si el Amor quiere, y al encontrarlo uno se entrega, si uno quiere.

Este es el sentido más profundo de la educación, vivir cada instante como una gran fiesta en la que se celebra la alegría del Amor. Y en esa Fiesta, uno mismo es el banquete, el invitado y el anfitrión en el Amor, formando un Nosotros-Maduro.

Educar en el nosicentrismo

Si se les llama egocéntricas a las personas que buscan su propia satisfacción de cuerpo y mente, sin importarles la satisfacción de los demás, a las personas que necesitan satisfacer a los demás para intentar sentirse satisfechas, se les llama alocéntricas. El deseable vivir entre personas que destilan alocentrismo, pero un alocentrismo sano, no autodestructivo o incluso destructivo de los demás.

Para que vivamos con un sano alocentrismo se requiere aprender a vivir con un sano egocentrismo, que podríamos denominar nosicentrismo:

  • El sano egocentrismo es esa fuerza del cuerpo y de la mente que le permite a una persona concentrarse y ocuparse de sí misma para estar en disposición de realizarse.
  • El sano alocentrismo es la fuerza de apertura de sí mismo que le permite a la persona concentrarse y ocuparse de los demás, sin dejar de ser sí mismo.

Pensemos en el protocolo de actuación de un avión en caso de despresurización de la cabina… Primero me tengo que poner yo la mascarilla, y luego ayudo a mi acompañante. Este sería un sano egocentrismo para un sano alocentrismo. Un mal entendido «pensar en los demás» sería malo para todos.

 

  • El sano nosicentrismo, no es sólo éste pensar en uno mismo para estar en disposición de ayudar, sino que ayudando me hago más yo mismo. Dentro de una cultura nosicéntrisca, la empatía se despliega y el conflicto se desintegra. Y hablo de un «sano» nosicentrismo porque puede enfermar y convertirse en un nosicentrismo interesado, que en el fondo deja de ser nosicentrismo para ser en realidad, egocentrismo o alocentrismo encubiertos.

  • EGOCÉNTRICA: Persona que busca su felicidad de cuerpo y mente con tendencia a nutrirse de los demás.
  • NOSICÉNTRICA:  Persona que habita la felicidad con todo su ser (cuerpo, mente y apertura) en servicio al tú con tendencia a la reciprocidad.
  • ALOCÉNTRICA . Persona que tiende a dejarse nutrir por los demás para que estén felices a consta de la propia autodestrucción.

“Me visto en casa de una amiga porque mi padre dice que es inmoral la ropa de fiesta que uso”

 

Al proponer la reflexión a los hijos adolescentes sobre la inconveniencia de ciertas modas en el vestir, me parece que no debe ser planteado como un «problema moral», sino más bien como una «cuestión existencial»…

Pues, ¿qué sería lo moralmente aceptable; lo que tapa el ombligo, lo que no se ajusta a ciertas partes? No me parece que esto sea cuestión de centímetros de tela o más o menos apreturas, sino me parece más interesante preguntar, «¿qué buscas con esa forma de vestir? ¿Es un deseo  o una «necesidad»? ¿Qué es lo que te mueve?  ¿Cuál es tu intención?»

El vestir es algo propio de la especie humana y va más allá de la protección. Con nuestra forma de vestir tratamos de dejar ver, y de no dejar ver.  Expresamos la interioridad, nuestra humanidad irrepetible y salvaguardamos la intimidad.

Por un lado comunicamos, y por otra protegemos nuestro interior. Por un lado desvelamos quiénes somos y a la vez, dejamos velado lo íntimo, reservado a los íntimos.

Hay ropas que resaltan el cuerpo, otras que muestran, que además de cuerpo hay mente, y otras, que además de cuerpo y mente, se tiene apertura (espíritu). El adolescente deberá pensar qué ropa expresa su identidad: la que sólo muestra un cuerpo, la que muestra cuerpo y mente, o la que muestra cuerpo, mente y apertura. Es decir, una ropa que genere emociones positivas, una ropa que muestre emociones positivas y control, o una vestimenta que haga vivir con emociones positivas, autoposesión y capacidad de darse por entero.

  • Las prendas que sólo generan emociones positivas dejan entrar a los piratas hasta la cocina para comerse lo que encuentren, como caníbales afectivos. Por eso es lógico que las madres y padres se preocupen.
  • Las ropas que suscitan emociones positivas y control, no dejan pasar a los piratas pero pasan los turistas y consumidores que visitan, intercambian y se van.
  • El vestir que suscita emociones positivas, muestra autoposesión y se abre a la donación, está dispuesto para defenderse de los ataques piratas. A los turistas y compradores los atiende en la zona exterior, y sólo deja pasar al santuario de la intimidad a los habitantes de verdad; dignos de habitar el corazón, cultivarlo cuidarlo y edificarse juntos.

Conviene invitar a pensar a los hijos adolescentes y tal vez lleguen a alguna buena conclusión, aunque el torbellino hormonal les haga olvidar aquello que pensaron en un momento de serena conversación.

Sólo si piensan estarán en disposición de aprender a administrar su libertad.  con imposiciones, sin diálogo, al final llega el engaño y la doble vida. Libertad no es ir contra lo que dicen los padres y hacer «lo que hace todos», sino la capacidad de «elegir lo mejor», que viene a ser el sentido etimológico de la palabra «elegancia». Invita a tus hijos a ser adolescentes con personalidad y sobre todo habla con ellos con frecuencia. Te resultará más sencillo si empiezas a hablar con ellos, de sus cosas, cuando son pequeños.

Gustave Thibon llegó a decir que “los esclavos de la moda son los desertores de la eternidad”, y es que la interior libertad se manifiesta incluso en la forma de vestir.

No quites los obstáculos a tu hijo; enséñale a superarlos

Mira los obstáculos como aliados; no se los quites a tus hijos, enséñales a superarlos.

Muchos padres sucumben a la desesperación y fracasan sin comprender que poseen ya todas las herramientas necesarias para ayudar a sus hijos acompañándoles sin intervencionismo para que sean ellos, los hijos, quienes resuelvan sus propios problemas, por ellos mismos.

Muchos otros padres hacen frente a los obstáculos que se presentan en el camino de sus hijos quitándoselos por temor y dudas. A los obstáculos los consideran enemigos, cuando en realidad estos desafíos son amigos y auxiliares de su crecimiento personal. Los obstáculos son necesarios para el éxito, porque en el estudio, como en tantas facetas de la vida, se alcanza la victoria solamente después de muchas luchas e incontables derrotas. Y sin embargo, cada lucha, cada derrota, acrecienta la destreza y la fuerza, el valor y la resistencia, la habilidad y la confianza, de manera que cada obstáculo es un compañero de camino que te obliga a ser mejor… o a abandonar la empresa.

Si los padres eliminan los obstáculos o los evitan, pueden generar obstáculos mayores en el futuro de sus hijos. Si un pino lo riegas constantemente no necesita desarrollar sus raíces porque tiene el alimento al alcance. Si la tierra no está empapada el árbol se ve obligado a profundizar: le cuesta más esfuerzo pero se hace robusto, y si viene un temporal es capaz de soportarlo con aplomo.

Sin embargo, el pino al que se había hiperatendido, espléndido y frondoso por fuera, cae en tierra porque no tiene raíces suficientes para aguantar los envites del viento. Gracias a la sequedad del suelo y a la dureza de la tierra, el pino se hace fuerte y consistente.

El fin del estudio no es el éxito académico sino cohabitar la felicidad

No pretendas ser madre o padre de hijos con éxito académico. No trabajes sólo para que tus hijos saquen buenas notas. Esfuérzate para que sean felices, para que amen y sean amados, y procura que aprendan a alcanzar la paz y la serenidad.

Y me podrías decir: “pero todo esto es imposible si no triunfan en su vida y por eso es importante que saquen buenas notas. ¿Cómo van a amar si no saben o no tienen nada que dar? ¿Quién puede fracasar en el colegio y alcanzar el sosiego? ¿Cómo se puede ser feliz con la frustración y la deshonra de ser un pésimo estudiante? ¿Cómo va a ser apreciado en su contexto social si no tiene prestigio profesional?

Bien, si se tiene claro que sacar buenas notas no es un fin, sino un medio para alcanzar el bien de los hijos, entonces se puede decir que esos padres están en condiciones de hacer de sus hijos buenos estudiantes. Es importante aceptar a los hijos como son, con sus posibilidades y limitaciones, procurando de forma sensata, desarrollar al máximo sus posibilidades y reducir en lo posible sus limitaciones. Y siempre en un clima de paz y alegría. Lo importante no es que tu hijo sea ingeniero de caminos como lo ha sido su bisabuelo, su abuelo y su padre; lo importante realmente, es saber ayudar a cada uno de los hijos a “ser lo que es”, alcanzando el mayor grado posible de desarrollo para que sea capaz de labrarse su propio camino con autonomía personal y responsabilidad social, por el que avanzar con sentido, con amor, con fe y con esperanza hacia su Tesoro; disfrutando de la aventura de su vida en comunión con su equipo de aventureros, siendo feliz haciendo felices a quienes le rodean.

Lo importante no es obtener unas notas como resultado del estudio sino el desarrollo auténticos de competencias con valores y emociones positivas con las que poder edificar su proyecto de vida abierto a una felicidad llena de sentido