La pedagogía del nosotros ante la era del conglomerado

Ya describió Ortega y Gasset en «La rebelión de las masas» el fenómeno de «la aglomeración» en el que se ven muchedumbres de individuos apegados y desgarrados entre sí pero sin angustiarse porque se sienten a salvo haciendo lo que todos hacen, opinando lo que todos opinan, queriendo lo que todos quieren, y mientras no traten de cuestionar lo que todos dicen entonces, los individuos pueden sentirse seguros como astillas del conglomerado.

Si Ortega viviera quizás escribiría una continuidad de su libro «la rebelión de las masas», al que podría llamar «La dictadura de las masas», que se sostiene por el contrachapado de lo políticamente correcto y la educación emotivista, por la que uno se cree bueno porque desea ser bueno. Sin embargo, entre el deseo de ser bueno y el hecho de serlo, radica una paso abismal de apertura al tú.

El conglomerado humano lo forman sujetos egocéntricos que se utilizan unos a otros, a lo que llaman «ganar-ganar». En el nosotros maduro, los sujetos son de madera noble y original que no aspiran a «ganar-ganar» sino que están dispuestos a perder para que gane el tú, pero, precisamente al estar formando un nosotros maduro, lo que se da al tú se da a la vez al yo, en el nosotros. Esto supone que todo sacrificio del yo no es más que ganancia para sí mismo; tanta ganancia como inmenso sea el nosotros que se habita y al que se entrega. Inmensidad que no la da la extensión material, sino la apertura del amor.

La pedagogía del nosotros, es la nueva pedagogía que necesita un mundo astillado por la masificación del amor que lleva a los sujetos a desear ser buenos pero en la presión del conglomerado no pueden ser buenos.

La pedagogía del nosotros es también la nueva educación personalizada, que muchos viven de forma enlatada y si bien son maderas originales y nobles, se han dejado apolillar hasta el punto de quedar vacías por dentro y no servir ni para conglomerado.

Mejor conglomerarse que apolillarse, pero el conglomerado no tiene pensamiento propio; está a merced de «la prensa», la que le prensa para que se mantenga en la masa que forma el tablón.

Si bien sería posible que Ortega hoy escribiera «La dictadura de las masas», también sería posible que redactara «La rebelión del nosotros», y ha falta de Ortega aquí estamos nosotros.

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