Atender a un estudiante altamente sensible en el aula

Iván está en segundo de primaria, es el típico estudiante que todos los maestros desean. Trabajador, dócil y aplicado, que colabora con sus compañeros, da buen ambiente en clase y se esfuerza por alcanzar las mejores calificaciones. Sin embargo, Iván tiene un retraso en el aprendizaje de la lectura. Aunque comprende bien, todavía lee muy despacito. Esto le tiene un poco empequeñecido y sus luchas por seguir al ritmo de sus compañeros le tienen muy estresado.

La tutoría con sus padres es muy positiva; el chico es bueno y trabajador y si procura leer más, no tendrá ningún problema: «cada niño madura de forma diferente». Sin embargo, Iván en su apariencia de niño feliz y sereno, tenía un hervidero en su cabeza y en su corazón. Constantemente se le ocurrían ideas, comenzaba cosas pero las dejaba a medias y todo desordenado. En el patio le producía mucho miedo las riñas y trataba de evitar cualquier conato de pelea. Era muy buen amigo de sus amigos pero cuando estaba en casa le gustaba jugar solo y pasaba horas y horas.

Iván pensaba que tenía una vida normal, con una familia normal, pero la realidad es que su hermano no dejaba de pegarle y su padre estaba siempre fuera de casa. Y sin saberlo, eso le estaba marcando su carácter. Además, su madre era una persona muy sensible y desde que iván tenía uso de razón su madre siempre ha estado batallando con depresiones. Pero externamente, eso no era algo que se notara mucho en Iván al que se le veía feliz e integrado en el colegio y con sus amigos.

El hecho es que Iván era una persona altamente sensible, o PAS. La alta sensibilidad, también conocida como sensibilidad de procesamiento sensorial , es un rasgo genético que afecta aproximadamente al 20% de la población. La psicóloga Elaine Aron , quien acuñó el término en la década de 1990, teorizó que el rasgo evolucionó para ayudar a las personas con sistemas nerviosos más sensibles a lidiar mejor con el mundo.

Los maestros no siempre son conscientes de esta realidad y piensan que se trata de un niño con dislexia, TDHA, timidez o quizás, que se trata de un niño un poco mimado. Pero si sabemos ya que se trata de una persona altamente sensible, ¿cómo debe ser tratada por su maestro?

Lo primero y más importante es corregir la creencia de que la sensibilidad es debilidad o un defecto. Vivenciar el mundo con mayor intensidad, con más profundamente es un regalo, «un regalo trágico» dirá Dabrowski pero porque conlleva ciertos periodos de sufrimiento en la vida pero bien superados, se trata de un talento extraordinario que puede aprovecharse para estimular la creatividad, la innovación y el crecimiento escolar, personal y posteriormente profesional y social.

Los estudiantes altamente sensibles suelen ser considerados «niños buenos» con sus compañeros y aplicados con el trabajo, y los profesores suelen estar encantados con su actitud. Sin embargo, ser muy sensible puede presentar desafíos para manejar el estrés, la presión y las relaciones en el aula y en la escuela.

Un maestro, que aspira a ayudar a que todos los estudiantes prosporen no se conforman con la bondad de estos niños que no dan problemas, sino que se interesan por su sensibilidad para que aprendan a gestionarla.

Aquí planteo algunas ideas para que el maestro puede identificar a los alumnos altamente sensibles y puede ayudarles a aprovechar todo su potencial de desarrollo.

Rasgos del estudiante altamente sensibles en el aula.

Las investigaciones muestran que las PAS presentan un mayor flujo sanguíneo en áreas del cerebro relacionadas con el procesamiento emocional, la conciencia y la empatía. Estas capacidades cognitivas hacen que los PAS respondan a las necesidades de otras personas, a veces a expensas de su bienestar personal. Los estudiantes PAS tienden a realizar sus tareas con perfeccionismo y buscan complacer a las personas, en particular a sus responsables, de una manera más acentuada que el resto de niños.

En términos generales, las PAS se ven más afectadas por estímulos externos que las que no son PAS. Como resultado, pueden abrumarse fácilmente, especialmente cuando están bajo presión. Los plazos pueden agotarlos y quedar atrapados en un estado de temor.

Debido a que son tan perceptivos, a los PAS les encanta profundizar en los temas. A menudo disfrutan de la estrategia y la planificación pero a la vez, la emotividad les puede hacer inconstantes y desordenados.

Este interés más profundo por los temas no tiene que confundirse con altas capacidades necesariamente, pero los educadores y los padres pueden tener la impresión de que su hijo es quizás de altas capacidades por sus intereses, sus preguntas, su empatía que aparenta una precoz maduración. en la responsabilidad social.

Esta preocupación por todos y su amabilidad, le hacen ser una persona querida y valorada por sus compañeros, y suele pasar como un líder tapado que se detecta en los sociogramas pero en las manifestaciones externas del grupo no se ven tantas manifestaciones de liderazgo. Lo que tiene el PAS son detalles personales con uno y con otro. Incluso con el maestro, a quien le trata con total deferencia y a la vez huye de molestarle o «hacer la pelota».

Consejos para ayudar a crecer a un estudiante PAS

La atención singular hacia los PAS, diferente de lo que tendría que ser la educación personalizada común para cada uno de los alumnos de la clase, se reduce a capacitarlos para que puedan aprovechar sus fortalezas y al mismo tiempo dotarlos con herramientas para manejar su sensibilidad (o sobreexitabilidades)

Las PAS tienden a vivenciar los sentimientos con mucha intensidad y a cualquier cosa le dan una importancia desproporcionada emocionalmente hablando. Se sienten agotados pero luchan por no ser considerados débiles o incapaces y les puede llevar a importantes desajustes de ansiedad o depresión, de la que no se sabe cual puede ser la causa. POr tanto, es importante hablar mucho con los estudiantes PAS, aunque sean pequeños y parezca que no tienen ni media conversación; los PAS la tienen y si tienen confianza de que no serán dañados, les encantará abrirse y contar su mundo interior.

Darles encargos y posibilidades de servir a los demás les hace sentirse valorados y comprendidos. Comunicación fluida, diaria, aunque sea un solo que tal, como va todo, es algo maravilloso para ellos.

Desde muy pequeños, es bueno formar su carácter para hacer frente a las grandes estimulaciones, que para ellos es todo: todo es ocasión de una gran estimulación y por eso, también ocurre que, su atención secuestrada por una estimulación previa, se muestren como olvidadizos y despiastados.

Es muy importante para los PAS educarles en rutinas y hábitos de orden, planificación, prioridades, constancia y se acostumbren a pensar antes de actuar, porque su intuición les puede jugar malas pasadas.

A las PAS les incomoda ser observados y más si no se ofrece retroalimentación de «qué pasa»: no es un tema de susceptibilidad, sino en algunos casos, disforia sensitiva al rechazo. Es bueno darles explicaciones y enseñarle a no dejarse llevar por sus impresiones, sino mejor preguntar y no ponerse a pensar lo peor.

Su tendencia a no generar conflictos puede llevar a las PAS a ceder siempre y tragar con todo, con tal de que haya paz, pero ciertas situaciones injustas pueden agrandarse cuando compañeros se aprovechan de esta circunstancia y abusan injustamente de esta tendencia, lo que puede llevar a el PAS a reventar emocionalmente al sentirse utilizado e injustamente tratado, y sobre todo, al comprobar que nunca logra contentar a ciertas personas. En este sentido, debe aprender pronto que el objetivo en la vida no es lograr que todo el mundo esté contento con uno en la vida, sino que intentando tratar bien a todos y procurar que todos estén contentos, llegado un momento, uno debe hacer lo que considera en conciencia aunque otros piensen mal de uno, no estén conformes o se sientan defraudado. A quien no debemos defraudar nunca es a la propia conciencia.

Es importante decirles lo que pueden mejorar, pero con cariño y esperanza de que lo puede hacer mejor. No vale decirle que todo lo hace bien o todo va bien, porque su sensibilidad le hace ser muy autocrítico y por sí mismo ya sabe muchas cosas en las que puede mejorar.

Las PAS tienden a reaccionar más enérgicamente a las críticas que a los que no son PAS y a la autocorrección excesiva en respuesta a los comentarios, incluso sacrificando su bienestar para complacer a otros. Incluso, intervenciones de compañeros que no son crítica, si se hacen con un tono energico y frío, la PAS puede tomárselo a la defensiva e interpretar que está haciendo algo mal. En este sentido, conviene enseñar a la PAS que no juzgue, sino mejor preguntar: ¿Preguntas eso por que ves algo mal? ¿hablas con ese tono porque estás enfadado? Así se sale de dudas y se ayuda a todos para que no se den malos entendidos.

Es bueno saber que los PAS sobre la marcha harán lo mejor para el otro, pero luego si lo piensan, es posible que hubieran decidido otra cosa, en ese sentido, es interesante dejar tiempo para pensar a los PAS y también enseñarles que es de sabios rectificar: «te dije que te haría ese favor, pero lo he pensado bien y no voy a poder por esta razón, disculpa mi impulsividad». Y también enseñarles a que no so comprometan sobre la marcha, que se acostumbren a darse un tiempo aunque tengan clara la respuesta: «dejame que lo piense y te digo».

HSP a responder en el acto; Déles tiempo para absorber lo que han escuchado y reflexionar sobre una respuesta. Por supuesto, estos son buenos consejos para enviar comentarios a cualquier persona, pero especialmente a los HSP.

En cuanto a las tareas, los PAS necesitan motivaciones trascendentes; son grandes trabajadores si su labor es para salvar el mundo, pero si se les piden cosas sin sentido es muy probable que dejen de hacerlas o las hagan mal. Es muy importante que vean el sentido de las cosas y aprenderán mucho más y mejor.

Todos los estudiantes quieren sentir que su trabajo es valioso, pero este impulso es especialmente alto para las PAS. Tienden a comprometerse y se preocupan profundamente por impactar en su entorno.

Conviene ayudar a los PAS a darle salida a su capacidad de empatía, comunicación y organización de manera más efectiva. Si el maestro le pide ayuda, se sentirá muy reconfortado y al contrario, si falta una motivación profunda, una PAS puede volverse apática. El maestro debe ayudar a sus estudiantes PAS a comprender cómo sus esfuerzos se conectan con un propósito mayor.

Para algunos maestros contar con alumnos PAS en su aula es un problema, para otros es un regalo. Espero que este artículo te haga sentir que la situación no es una amenaza sino una oportunidad.

Pon en tu comité directivo una persona altamente sensible

Existen personas altamente sensibles que son docentes, estudiantes, padres, madres e incluso algún que otro director o directora, pero es precisamente la alta sensibilidad, la que lleva a los gestores de las organizaciones educativas a descartar como directores a personas que se muestran altamente sensibles, por sus aparentes «debilidades de carácter».

En ocasiones se les hace un favor si la sobrecarga emocional es muy intensa, pero ponerle una marca de por vida, «tú no sirves para dirigir porque eres muy sensible», me parece un grave error estratégico de las instituciones que así lo piensan.

A veces, las personas sensibles parecen débiles y en particular al principio, cuando todavía están descubriéndose en su sensibilidad. Parece que no serán capaces de tomar decisiones duras, pero que sufran no quiere decir que sean cobardes, irresponsables, ineficaces o injustas. Reconocen sus errores y perdonan con la misma intensidad que aman y están dispuestas a darlo todo por lealtad a la organización y a las personas a las que sirven.

Sienten desde lo más profundo de su espíritu, y si se piensa que eso es un inconveniente para dirigir un colegio, es que realmente no se está pensando en la organización escolar como el cultivo de una comunidad , sino como la gestión de una máquina.

Ver a una persona derramar lágrimas es para algunos un impedimento para liderar un grupo, pero mostrar vulnerabilidad, siempre que vaya acompañada de firmeza y determinación, es un puente para trabajar en equipo, para aprender a trabajar en comunidad, con sencillez y sinceridad.

Un líder altamente sensible, a pesar sufrir intensamente por las traiciones, no guarda rencor y actúa con justicia y compasión; siempre está dispuesto a dar a todos los que lo necesitan y no pasa factura, aunque si aprende y quien no reconoce su mal, tampoco está dispuesto a permitir que lo siga cometiendo.

Un directivo con alta sensibilidad confía en su gente y comparte sus conocimientos y recursos con sencillas. Es autocrítico, reconoce su errores y rectifica. Aprende y lo vuelve a intentar, y con las personas que reconocen su error y hacen el propósito sincero de recomenzar, se vuelcan y ponen toda su confianza a través de gestos y palabras amables. Y en todo caso, si conoce de las limitaciones o debilidades de los demás, procura estar atento para ayudarles a crecer, pensando antes en las personas que en las tareas. Esto puede llevar a que algo no salga de inmediato, pero de forma mediata, si que saldrá cada vez con mayor facilidad y dando el protagonismo a los docentes en los que se confía.

La persona altamente sensible, claro que exige, tanto como se exige a si misma, pero lo hace con delicadeza, como le gusta y agradece que le corrijan y le sigan a sí. Una persona altamente sensible responde con entusiasmo ante las llamadas de atención suaves y esperanzadas, pero queda muy afectado con los ataques, desprecios y desvalorizaciones.

Por tanto, un directivo altamente sensible aprende muy a fondo, pero necesita mucho tiempo, tal vez, requiera de varias etapas. Pero las organizaciones son impacientes, los resultados urgen y temen dar segundas oportunidades . Un consejo de administración no se atreve, por lo general a apostar por una persona altamente sensible que terminó quemado en una primera etapa de directivo; paradójicamente, en los centros educativos a veces no se cree que las personas puedan cambiar y que un profesional pueda aprender. Incluso, la experiencia les lleva a considerar que si se detecta la alta sensibilidad, directamente se le descarta para darle responsabilidades, porque lo que se buscan no son soluciones profundas, sino arreglos rápidos… Pero esta es mi crítica, la escuela no es una máquina, sino un cuerpo y más que cambiar piezas se trata de rehabilitar a los órganos para que cumplan sus funciones. Requiere su tiempo… Pero vale la pena y el resultado es mucho más perdurable y autónomo.

Las personas sensibles son fácilmente engañables pero a la vez, son capaces de detectar rápidamente las mentiras. Y si bien se frustrarán, se enfadarán y quizás sus primeras reacciones sean inapropiadas, saben rectificar, pedir perdón y recomenzar. Y cuando su equipo lo forman personas igualmente sencillas y nobles, el organismo o sigue fortaleciéndose y madurando.

Lo más valioso del directivo altamente sensible es su profunda humanidad, empatía, bondad, simpatía y consideración de los demás. Pero todo esto dentro de una vivencia intensa que fácilmente es manipulable por compañeros egocéntricos y envidiosos, que tratarán de mostrarle cómo directivo desequilibrado, quemado, deprimido… Cuando lo único que necesite tal vez, es un poco de descanso, un apoyo con quien poder hablar y recomponerse.

En un equipo directivo no todas las personas deben ser altamente sensibles, pero sí apuesto porque sea la cabeza del centro pero contando con un apoyo de subdirectores leales, maduros y competentes. A la vez, es imprescindible formar a los directivos para que sepan detectar a las personas altamente sensibles y comprendan el interés de este talento para que sepan cuidarlo en lugar de quemarles a base de sobrecargas y falta de tacto.

El líder con alta sensibilidad logra sacar lo mejor de todos, es posible que se deje llevar por prejuicios pero desde que se da cuenta, no le cuesta nada rectificar para dejar de juzgar y sentir la verdad de cada uno, a pesar de los pesares.

Un líder sensible es quizás un tanto desconcertante y resulta incómodo para quien desea que todo sean rutinas, pero su intuición y su creatividad la ponen al servicio de las familias, los docentes y los alumnos, porque cree de todo corazón que su misión es ayudar a todos.

A la corta, los líderes sensibles no suelen pasar la prueba, pronto se les ve ansiosos, preocupados, enfadados, generando caos y se les pone una etiqueta: este no sirve para dirigir… «Sí, tiene buen corazón, la gente le quiere mucho pero la institución se puede ir al traste con alguien como éste al frente» y se les quita de enmedio: error.

Las personas altamente sensibles se merecen nuevas oportunidades porque según van pasando los años aprenden de sus errores, se conocen, rectifican, controlan mejor sus intensidades emocionales y sobre todo, han aprendido a sufrir, han superado obstáculos y desafíos muy intensos y, sin embargo, siguen motivados y con deseos de seguir ayudando a todos.

Pero no importa que no se les considere para dirigir los centros educativos, pues en la esquina donde hayan perseverado, seguirán manteniendo su prestigio, y quizás no tendrán el poder, pero sí la autoridad de quien sabe por experiencia y quien a pesar del dolor profundo, las injusticias y traiciones, nada ni nadie le puede impedir seguir amando.

En mi opinión, muy contraria a la mayoría de los gestores de centros escolares, los comités directivos deberían contar con algunas personas altamente sensibles: artistas, creativas, capaces de arriesgarse por amor a los demás, amando sin excusas y con deseo sincero de cambiar el mundo desde la bondad, aunque eso le suponga la vida.

Este es mi secreto para la transformación educativa que requiere nuestro sistema, cuidar a los docentes altamente sensibles y ayudar a los que tengan inquietudes de dirección para que adquieran las competencias y cualidades que les falten, y logren fortalecer su carácter para que sin perder sensibilidad, sepan gobernar con firmeza y salud hasta el éxito y más allá.