“Me visto en casa de una amiga porque mi padre dice que es inmoral la ropa de fiesta que uso”

 

Al proponer la reflexión a los hijos adolescentes sobre la inconveniencia de ciertas modas en el vestir, me parece que no debe ser planteado como un «problema moral», sino más bien como una «cuestión existencial»…

Pues, ¿qué sería lo moralmente aceptable; lo que tapa el ombligo, lo que no se ajusta a ciertas partes? No me parece que esto sea cuestión de centímetros de tela o más o menos apreturas, sino me parece más interesante preguntar, «¿qué buscas con esa forma de vestir? ¿Es un deseo  o una «necesidad»? ¿Qué es lo que te mueve?  ¿Cuál es tu intención?»

El vestir es algo propio de la especie humana y va más allá de la protección. Con nuestra forma de vestir tratamos de dejar ver, y de no dejar ver.  Expresamos la interioridad, nuestra humanidad irrepetible y salvaguardamos la intimidad.

Por un lado comunicamos, y por otra protegemos nuestro interior. Por un lado desvelamos quiénes somos y a la vez, dejamos velado lo íntimo, reservado a los íntimos.

Hay ropas que resaltan el cuerpo, otras que muestran, que además de cuerpo hay mente, y otras, que además de cuerpo y mente, se tiene apertura (espíritu). El adolescente deberá pensar qué ropa expresa su identidad: la que sólo muestra un cuerpo, la que muestra cuerpo y mente, o la que muestra cuerpo, mente y apertura. Es decir, una ropa que genere emociones positivas, una ropa que muestre emociones positivas y control, o una vestimenta que haga vivir con emociones positivas, autoposesión y capacidad de darse por entero.

  • Las prendas que sólo generan emociones positivas dejan entrar a los piratas hasta la cocina para comerse lo que encuentren, como caníbales afectivos. Por eso es lógico que las madres y padres se preocupen.
  • Las ropas que suscitan emociones positivas y control, no dejan pasar a los piratas pero pasan los turistas y consumidores que visitan, intercambian y se van.
  • El vestir que suscita emociones positivas, muestra autoposesión y se abre a la donación, está dispuesto para defenderse de los ataques piratas. A los turistas y compradores los atiende en la zona exterior, y sólo deja pasar al santuario de la intimidad a los habitantes de verdad; dignos de habitar el corazón, cultivarlo cuidarlo y edificarse juntos.

Conviene invitar a pensar a los hijos adolescentes y tal vez lleguen a alguna buena conclusión, aunque el torbellino hormonal les haga olvidar aquello que pensaron en un momento de serena conversación.

Sólo si piensan estarán en disposición de aprender a administrar su libertad.  con imposiciones, sin diálogo, al final llega el engaño y la doble vida. Libertad no es ir contra lo que dicen los padres y hacer «lo que hace todos», sino la capacidad de «elegir lo mejor», que viene a ser el sentido etimológico de la palabra «elegancia». Invita a tus hijos a ser adolescentes con personalidad y sobre todo habla con ellos con frecuencia. Te resultará más sencillo si empiezas a hablar con ellos, de sus cosas, cuando son pequeños.

Gustave Thibon llegó a decir que “los esclavos de la moda son los desertores de la eternidad”, y es que la interior libertad se manifiesta incluso en la forma de vestir.