El ejemplo de los padres, bueno o malo, siempre tiene un impacto educativo significativo

Lo que valoran los hijos no es la perfección de la relación, sino el esfuerzo que hace papá y mamá por quererse mutuamente a pesar de los pesares.

Los hijos cuando son pequeños tienen una predisposición natural para admirar las cualidades de sus padres, pero ante sus defectos es muy raro que adopten una postura de aceptación: los niegan, los disculpan, se revelan, se resignan pero nunca los aceptan. 

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Cómo atender el estudio de los hijos

 

Como suele ocurrir, no hay reglas fijas, depende del carácter y posibilidades de los padres, de las aptitudes y necesidades de los hijos, del número de hermanos, etc.

Para muchos padres, atender el estudio de los hijos se reduce a castigarles cuando traen malas notas, o prometerles jugosos premios si aprueban. En el otro extremo se sitúan los padres que no dejan a su hijo “ni a sol ni a sombra”; se sientan con ellos a estudiar, les explican, les ayudan a realizar las tareas y fácilmente acaban sustituyéndoles en el esfuerzo: el padre hace el esfuerzo intelectual y el hijo el mecánico. Sin llegar a los extremos, encontramos toda una gama de padres que su atención a los estudios consiste en tratar de convencer a sus hijos para que estudien cuando se presenta la ocasión.

Por lo general, los padres prefieren hablar a escuchar. Bien ­–me podrías decir- eso de escuchar a los hijos está muy bien, pero ¿qué tiene que ver con el objetivo de conseguir que sea mejor estudiante? Sencillamente, que si deseas que tu hijo estudie mejor no tienes que convencerle con la palabra, reaccionará más favorablemente cuando le escuches primero. Se sentirá más comprendido y entonces estará más dispuestos para hacer lo que le sugieres.

Escuchar bien significa escuchar con esfuerzo. Requiere tiempo, autocontrol, no valorar continuamente sus apreciaciones como buenas o malas. Además, debes estar preparado para aceptar las impertinencias y opiniones contrarias a las tuyas.

Antes de que puedas convencer a tu hijo de que le conviene cambiar su forma de estudiar, tu hijo tiene que sentirse frustrado por su forma de estudiar. Por mucho que te empeñes, si tu hijo no ve problema en cómo estudia, e incluso está satisfecho, no hará nada por cambiar, a no ser que le obligues y un cambio así no suele ser consistente.

Para conseguir que tu hijo quiera esforzarse por ser mejor estudiante, debes conseguir que manifieste su insatisfacción y preocupación por su actual forma de trabajar. Esto es muy importante para persuadirle del cambio de estrategia en el estudio. Para lograrlo debes dialogar; hacer que tu hijo piense y  sea capaz de llegar a conclusiones.

Con sus conclusiones, ayúdale a concretar objetivos estableciendo prioridades. Con el apoyo del colegio, determinad un plan y comprometeros seriamente a seguirlo, sabiendo que habrá momentos en los que decaerá y habrá que estar atentos para recomenzar.

Es importante, establecer objetivos concretos que puedan ser evaluados diariamente y sean asequibles para el estudiante. Empieza primero por pequeñas cuestiones para llegar a las grandes decisiones. Es probable que obtengas mejores resultados procurando mejorar sus hábitos cotidianos de estudio que diciendo en tono autoritario: “¡quiero que saques buenas notas en este curso!”.

Amenazando e intimidando se puede conseguir que los hijos cambien, por la cuenta que les trae. Pero también se puede lograr con ello temores, recelos, disgustos y “rebotes”. A largo plazo, es arriesgado aunque se puede lograr el objetivo. Lo que si es seguro a corto plazo, es el ambiente de ansiedad y tensión emocional que se genera en la familia.

Sin caer en idealismo, es necesario que mantengas una actitud positiva. Tienes que descubrir detrás de un suspenso o un bajo rendimiento, una oportunidad para que tu hijo mejore. Te equivocas si consideras una nota baja como una derrota. Si se sabe aprovechar, es una forma estupenda de progresar.

No quites los obstáculos a tu hijo; enséñale a superarlos

Mira los obstáculos como aliados; no se los quites a tus hijos, enséñales a superarlos.

Muchos padres sucumben a la desesperación y fracasan sin comprender que poseen ya todas las herramientas necesarias para ayudar a sus hijos acompañándoles sin intervencionismo para que sean ellos, los hijos, quienes resuelvan sus propios problemas, por ellos mismos.

Muchos otros padres hacen frente a los obstáculos que se presentan en el camino de sus hijos quitándoselos por temor y dudas. A los obstáculos los consideran enemigos, cuando en realidad estos desafíos son amigos y auxiliares de su crecimiento personal. Los obstáculos son necesarios para el éxito, porque en el estudio, como en tantas facetas de la vida, se alcanza la victoria solamente después de muchas luchas e incontables derrotas. Y sin embargo, cada lucha, cada derrota, acrecienta la destreza y la fuerza, el valor y la resistencia, la habilidad y la confianza, de manera que cada obstáculo es un compañero de camino que te obliga a ser mejor… o a abandonar la empresa.

Si los padres eliminan los obstáculos o los evitan, pueden generar obstáculos mayores en el futuro de sus hijos. Si un pino lo riegas constantemente no necesita desarrollar sus raíces porque tiene el alimento al alcance. Si la tierra no está empapada el árbol se ve obligado a profundizar: le cuesta más esfuerzo pero se hace robusto, y si viene un temporal es capaz de soportarlo con aplomo.

Sin embargo, el pino al que se había hiperatendido, espléndido y frondoso por fuera, cae en tierra porque no tiene raíces suficientes para aguantar los envites del viento. Gracias a la sequedad del suelo y a la dureza de la tierra, el pino se hace fuerte y consistente.

El fin del estudio no es el éxito académico sino cohabitar la felicidad

No pretendas ser madre o padre de hijos con éxito académico. No trabajes sólo para que tus hijos saquen buenas notas. Esfuérzate para que sean felices, para que amen y sean amados, y procura que aprendan a alcanzar la paz y la serenidad.

Y me podrías decir: “pero todo esto es imposible si no triunfan en su vida y por eso es importante que saquen buenas notas. ¿Cómo van a amar si no saben o no tienen nada que dar? ¿Quién puede fracasar en el colegio y alcanzar el sosiego? ¿Cómo se puede ser feliz con la frustración y la deshonra de ser un pésimo estudiante? ¿Cómo va a ser apreciado en su contexto social si no tiene prestigio profesional?

Bien, si se tiene claro que sacar buenas notas no es un fin, sino un medio para alcanzar el bien de los hijos, entonces se puede decir que esos padres están en condiciones de hacer de sus hijos buenos estudiantes. Es importante aceptar a los hijos como son, con sus posibilidades y limitaciones, procurando de forma sensata, desarrollar al máximo sus posibilidades y reducir en lo posible sus limitaciones. Y siempre en un clima de paz y alegría. Lo importante no es que tu hijo sea ingeniero de caminos como lo ha sido su bisabuelo, su abuelo y su padre; lo importante realmente, es saber ayudar a cada uno de los hijos a “ser lo que es”, alcanzando el mayor grado posible de desarrollo para que sea capaz de labrarse su propio camino con autonomía personal y responsabilidad social, por el que avanzar con sentido, con amor, con fe y con esperanza hacia su Tesoro; disfrutando de la aventura de su vida en comunión con su equipo de aventureros, siendo feliz haciendo felices a quienes le rodean.

Lo importante no es obtener unas notas como resultado del estudio sino el desarrollo auténticos de competencias con valores y emociones positivas con las que poder edificar su proyecto de vida abierto a una felicidad llena de sentido