El fin del estudio no es el éxito académico sino cohabitar la felicidad

No pretendas ser madre o padre de hijos con éxito académico. No trabajes sólo para que tus hijos saquen buenas notas. Esfuérzate para que sean felices, para que amen y sean amados, y procura que aprendan a alcanzar la paz y la serenidad.

Y me podrías decir: “pero todo esto es imposible si no triunfan en su vida y por eso es importante que saquen buenas notas. ¿Cómo van a amar si no saben o no tienen nada que dar? ¿Quién puede fracasar en el colegio y alcanzar el sosiego? ¿Cómo se puede ser feliz con la frustración y la deshonra de ser un pésimo estudiante? ¿Cómo va a ser apreciado en su contexto social si no tiene prestigio profesional?

Bien, si se tiene claro que sacar buenas notas no es un fin, sino un medio para alcanzar el bien de los hijos, entonces se puede decir que esos padres están en condiciones de hacer de sus hijos buenos estudiantes. Es importante aceptar a los hijos como son, con sus posibilidades y limitaciones, procurando de forma sensata, desarrollar al máximo sus posibilidades y reducir en lo posible sus limitaciones. Y siempre en un clima de paz y alegría. Lo importante no es que tu hijo sea ingeniero de caminos como lo ha sido su bisabuelo, su abuelo y su padre; lo importante realmente, es saber ayudar a cada uno de los hijos a “ser lo que es”, alcanzando el mayor grado posible de desarrollo para que sea capaz de labrarse su propio camino con autonomía personal y responsabilidad social, por el que avanzar con sentido, con amor, con fe y con esperanza hacia su Tesoro; disfrutando de la aventura de su vida en comunión con su equipo de aventureros, siendo feliz haciendo felices a quienes le rodean.

Lo importante no es obtener unas notas como resultado del estudio sino el desarrollo auténticos de competencias con valores y emociones positivas con las que poder edificar su proyecto de vida abierto a una felicidad llena de sentido