Teorías pedagógicas en conserva

El supermercado de la educación te ofrece una amplia gama de productos. Para un consumo responsable debes fijarte en la etiqueta: Psicología Positiva, Constructivismo, Conectivismo, Neurodidáctica, Inteligencias Múltiples, Inteligencia Emocional, Educación Personalizada, Educación Integral, Educación en Valores, Nativos Digitales…

“Y ahora comprando Educación por competencias te llevas un bote de bilingüismo gratis y una tablet para tus hijos”

Con esta broma no digo que todas estas ideas, teorías e ingredientes sean negativos, lo que sugiero es que sean naturales y frescos. Al congelar o envasar, se pierden muchas de las propiedades educativas, incluso llegan a caducar e intoxican el ambiente educativo si se aplican. La educación abierta es artesanal, no puede ser industrial.

La “educación transgénica” puede resultar productiva pero nociva para la interioridad humana. Sugiero a los padres que no consuman experimentos pedagógicos que no estén avalados por experiencias de éxito, por muy desesperados que estén.

Tapones para quedar enfrascados herméticamente

Tapones hay muchos pero aquí resaltaremos algunos que nos resultan significativos.

El tapo “más o menos”.

El masomenista es una especie de relajación educativa al sentirse por encima de la media:

  • “Les llevamos a un buen colegio, frecuentan buenos ambientes y en valores estamos por encima de la media”
  • “Entre que no es nada fácil y que los demás van en otra dirección, bastante hacemos con ir tirando”
  • “Lo que pasas es que…
    • “contra internet no se puede”
    • “los amigos pueden más que los padres”
    • “no se puede ir en contra del ambiente”

El tapón “sí pero no”.

Lo usan padres que desean para sus hijos esa felicidad plena a la que dispone la educación abierta pero a la vez, quieren evitarles la entrega personal a la que invita esta educación. Enseñan a sus hijos a “nadar y cuidar la ropa”.

El tapón “ya lo he intentado todo”.

Puede ponerlo uno sólo o ambos padres. Si lo pone uno sólo suele ocurrir que el otro ponga el tapón de la indiferencia.

Se sienten solos en la misión y ven que no se les hace caso: “Me tienen como una esclava”, “Estoy todo el día detrás de ellos, empezando por el padre”, “El día que falte, a ver cómo te las apañas”.

Son padres que desearían ofrecer una educación abierta pero han aprendido que no pueden más. Culpan a otros o se sienten culpables y no ven solución. Seligman (2002) lo llama impotencia aprendida y comprueba que estas personas son más susceptibles a la depresión.

El tapón “ya tendrá tiempo”

Claro que desean una educación profunda para sus hijos pero ponen el tapón porque “primero que saquen bien sus estudios y aprenda idiomas, ya tendrá tiempo de ayudar a los demás”.

Congelados de educación abierta.

La practican “padres de manual” que si los dejas a la intemperie se derriten. Se saben la teoría y sin darse cuenta, se ponen de ejemplo en sus propuestas. Tienden a valorar y etiquetar a otros en función de cómo lo hacen ellos.

  • “Esos no son como nosotros»
  • “Lo que tienes que hacer es…”
  • “Pues a mí me obedecen”
  • “Las madres de ahora ya no saben hacer nada”

Si realmente practicaran la educación abierta no se sentirían en posesión de la verdad sino a su servicio; estarían más bien, poseídos por la verdad.

“Me visto en casa de una amiga porque mi padre dice que es inmoral la ropa de fiesta que uso”

 

Al proponer la reflexión a los hijos adolescentes sobre la inconveniencia de ciertas modas en el vestir, me parece que no debe ser planteado como un «problema moral», sino más bien como una «cuestión existencial»…

Pues, ¿qué sería lo moralmente aceptable; lo que tapa el ombligo, lo que no se ajusta a ciertas partes? No me parece que esto sea cuestión de centímetros de tela o más o menos apreturas, sino me parece más interesante preguntar, «¿qué buscas con esa forma de vestir? ¿Es un deseo  o una «necesidad»? ¿Qué es lo que te mueve?  ¿Cuál es tu intención?»

El vestir es algo propio de la especie humana y va más allá de la protección. Con nuestra forma de vestir tratamos de dejar ver, y de no dejar ver.  Expresamos la interioridad, nuestra humanidad irrepetible y salvaguardamos la intimidad.

Por un lado comunicamos, y por otra protegemos nuestro interior. Por un lado desvelamos quiénes somos y a la vez, dejamos velado lo íntimo, reservado a los íntimos.

Hay ropas que resaltan el cuerpo, otras que muestran, que además de cuerpo hay mente, y otras, que además de cuerpo y mente, se tiene apertura (espíritu). El adolescente deberá pensar qué ropa expresa su identidad: la que sólo muestra un cuerpo, la que muestra cuerpo y mente, o la que muestra cuerpo, mente y apertura. Es decir, una ropa que genere emociones positivas, una ropa que muestre emociones positivas y control, o una vestimenta que haga vivir con emociones positivas, autoposesión y capacidad de darse por entero.

  • Las prendas que sólo generan emociones positivas dejan entrar a los piratas hasta la cocina para comerse lo que encuentren, como caníbales afectivos. Por eso es lógico que las madres y padres se preocupen.
  • Las ropas que suscitan emociones positivas y control, no dejan pasar a los piratas pero pasan los turistas y consumidores que visitan, intercambian y se van.
  • El vestir que suscita emociones positivas, muestra autoposesión y se abre a la donación, está dispuesto para defenderse de los ataques piratas. A los turistas y compradores los atiende en la zona exterior, y sólo deja pasar al santuario de la intimidad a los habitantes de verdad; dignos de habitar el corazón, cultivarlo cuidarlo y edificarse juntos.

Conviene invitar a pensar a los hijos adolescentes y tal vez lleguen a alguna buena conclusión, aunque el torbellino hormonal les haga olvidar aquello que pensaron en un momento de serena conversación.

Sólo si piensan estarán en disposición de aprender a administrar su libertad.  con imposiciones, sin diálogo, al final llega el engaño y la doble vida. Libertad no es ir contra lo que dicen los padres y hacer «lo que hace todos», sino la capacidad de «elegir lo mejor», que viene a ser el sentido etimológico de la palabra «elegancia». Invita a tus hijos a ser adolescentes con personalidad y sobre todo habla con ellos con frecuencia. Te resultará más sencillo si empiezas a hablar con ellos, de sus cosas, cuando son pequeños.

Gustave Thibon llegó a decir que “los esclavos de la moda son los desertores de la eternidad”, y es que la interior libertad se manifiesta incluso en la forma de vestir.