Pon en tu comité directivo una persona altamente sensible

Existen personas altamente sensibles que son docentes, estudiantes, padres, madres e incluso algún que otro director o directora, pero es precisamente la alta sensibilidad, la que lleva a los gestores de las organizaciones educativas a descartar como directores a personas que se muestran altamente sensibles, por sus aparentes «debilidades de carácter».

En ocasiones se les hace un favor si la sobrecarga emocional es muy intensa, pero ponerle una marca de por vida, «tú no sirves para dirigir porque eres muy sensible», me parece un grave error estratégico de las instituciones que así lo piensan.

A veces, las personas sensibles parecen débiles y en particular al principio, cuando todavía están descubriéndose en su sensibilidad. Parece que no serán capaces de tomar decisiones duras, pero que sufran no quiere decir que sean cobardes, irresponsables, ineficaces o injustas. Reconocen sus errores y perdonan con la misma intensidad que aman y están dispuestas a darlo todo por lealtad a la organización y a las personas a las que sirven.

Sienten desde lo más profundo de su espíritu, y si se piensa que eso es un inconveniente para dirigir un colegio, es que realmente no se está pensando en la organización escolar como el cultivo de una comunidad , sino como la gestión de una máquina.

Ver a una persona derramar lágrimas es para algunos un impedimento para liderar un grupo, pero mostrar vulnerabilidad, siempre que vaya acompañada de firmeza y determinación, es un puente para trabajar en equipo, para aprender a trabajar en comunidad, con sencillez y sinceridad.

Un líder altamente sensible, a pesar sufrir intensamente por las traiciones, no guarda rencor y actúa con justicia y compasión; siempre está dispuesto a dar a todos los que lo necesitan y no pasa factura, aunque si aprende y quien no reconoce su mal, tampoco está dispuesto a permitir que lo siga cometiendo.

Un directivo con alta sensibilidad confía en su gente y comparte sus conocimientos y recursos con sencillas. Es autocrítico, reconoce su errores y rectifica. Aprende y lo vuelve a intentar, y con las personas que reconocen su error y hacen el propósito sincero de recomenzar, se vuelcan y ponen toda su confianza a través de gestos y palabras amables. Y en todo caso, si conoce de las limitaciones o debilidades de los demás, procura estar atento para ayudarles a crecer, pensando antes en las personas que en las tareas. Esto puede llevar a que algo no salga de inmediato, pero de forma mediata, si que saldrá cada vez con mayor facilidad y dando el protagonismo a los docentes en los que se confía.

La persona altamente sensible, claro que exige, tanto como se exige a si misma, pero lo hace con delicadeza, como le gusta y agradece que le corrijan y le sigan a sí. Una persona altamente sensible responde con entusiasmo ante las llamadas de atención suaves y esperanzadas, pero queda muy afectado con los ataques, desprecios y desvalorizaciones.

Por tanto, un directivo altamente sensible aprende muy a fondo, pero necesita mucho tiempo, tal vez, requiera de varias etapas. Pero las organizaciones son impacientes, los resultados urgen y temen dar segundas oportunidades . Un consejo de administración no se atreve, por lo general a apostar por una persona altamente sensible que terminó quemado en una primera etapa de directivo; paradójicamente, en los centros educativos a veces no se cree que las personas puedan cambiar y que un profesional pueda aprender. Incluso, la experiencia les lleva a considerar que si se detecta la alta sensibilidad, directamente se le descarta para darle responsabilidades, porque lo que se buscan no son soluciones profundas, sino arreglos rápidos… Pero esta es mi crítica, la escuela no es una máquina, sino un cuerpo y más que cambiar piezas se trata de rehabilitar a los órganos para que cumplan sus funciones. Requiere su tiempo… Pero vale la pena y el resultado es mucho más perdurable y autónomo.

Las personas sensibles son fácilmente engañables pero a la vez, son capaces de detectar rápidamente las mentiras. Y si bien se frustrarán, se enfadarán y quizás sus primeras reacciones sean inapropiadas, saben rectificar, pedir perdón y recomenzar. Y cuando su equipo lo forman personas igualmente sencillas y nobles, el organismo o sigue fortaleciéndose y madurando.

Lo más valioso del directivo altamente sensible es su profunda humanidad, empatía, bondad, simpatía y consideración de los demás. Pero todo esto dentro de una vivencia intensa que fácilmente es manipulable por compañeros egocéntricos y envidiosos, que tratarán de mostrarle cómo directivo desequilibrado, quemado, deprimido… Cuando lo único que necesite tal vez, es un poco de descanso, un apoyo con quien poder hablar y recomponerse.

En un equipo directivo no todas las personas deben ser altamente sensibles, pero sí apuesto porque sea la cabeza del centro pero contando con un apoyo de subdirectores leales, maduros y competentes. A la vez, es imprescindible formar a los directivos para que sepan detectar a las personas altamente sensibles y comprendan el interés de este talento para que sepan cuidarlo en lugar de quemarles a base de sobrecargas y falta de tacto.

El líder con alta sensibilidad logra sacar lo mejor de todos, es posible que se deje llevar por prejuicios pero desde que se da cuenta, no le cuesta nada rectificar para dejar de juzgar y sentir la verdad de cada uno, a pesar de los pesares.

Un líder sensible es quizás un tanto desconcertante y resulta incómodo para quien desea que todo sean rutinas, pero su intuición y su creatividad la ponen al servicio de las familias, los docentes y los alumnos, porque cree de todo corazón que su misión es ayudar a todos.

A la corta, los líderes sensibles no suelen pasar la prueba, pronto se les ve ansiosos, preocupados, enfadados, generando caos y se les pone una etiqueta: este no sirve para dirigir… «Sí, tiene buen corazón, la gente le quiere mucho pero la institución se puede ir al traste con alguien como éste al frente» y se les quita de enmedio: error.

Las personas altamente sensibles se merecen nuevas oportunidades porque según van pasando los años aprenden de sus errores, se conocen, rectifican, controlan mejor sus intensidades emocionales y sobre todo, han aprendido a sufrir, han superado obstáculos y desafíos muy intensos y, sin embargo, siguen motivados y con deseos de seguir ayudando a todos.

Pero no importa que no se les considere para dirigir los centros educativos, pues en la esquina donde hayan perseverado, seguirán manteniendo su prestigio, y quizás no tendrán el poder, pero sí la autoridad de quien sabe por experiencia y quien a pesar del dolor profundo, las injusticias y traiciones, nada ni nadie le puede impedir seguir amando.

En mi opinión, muy contraria a la mayoría de los gestores de centros escolares, los comités directivos deberían contar con algunas personas altamente sensibles: artistas, creativas, capaces de arriesgarse por amor a los demás, amando sin excusas y con deseo sincero de cambiar el mundo desde la bondad, aunque eso le suponga la vida.

Este es mi secreto para la transformación educativa que requiere nuestro sistema, cuidar a los docentes altamente sensibles y ayudar a los que tengan inquietudes de dirección para que adquieran las competencias y cualidades que les falten, y logren fortalecer su carácter para que sin perder sensibilidad, sepan gobernar con firmeza y salud hasta el éxito y más allá.