Universidad: todos podemos habitar la sabiduría

Pienso que el “profesor universitario” no puede conformarse con aportar a sus estudiantes unos microconocimientos, porque pasaría a ser un “profesor micrositario”.

La universidad forma para la empleabilidad pero no se limita a desarrollar competencias estandarizadas y concretas para afrontar situaciones laborales particulares. Por supuesto que deben desarrollar las competencias laborales con la máxima concreción práctica, pero a la vez debemos aportar competencias con valores y emociones positivas, no sólo para unos supuestos, sino para desplegar su propio proyecto de vida en toda su plenitud, afrontando con iniciativa y creatividad todas las situaciones que se le vayan planteando en sus vidas laboral, social y personal.

En su mayoría, la universidad española está orientada hacia “las ciencias” y, sobre todo, hacia el dominio de los procedimientos y técnicas operativas. Sus investigaciones y presupuestos, están encaminados a etiquetar problemas y ofrecer soluciones supuestamente “objetivas” pero apartando todo aquello que suene a filosófico… Pienso, que la universidad quiere aportar “conocimientos pragmáticos” porque tiene miedo al compromiso que supone encontrar la auténtica sabiduría práctica.  – El conocimiento no me complica porque yo soy su constructor, sin embargo, la sabiduría me compromete, porque no la he construido yo, me viene dada como sustrato habitable y como universitario debemos contemplarla, transformarla y dejar que nos transforme. 

Si los estudiantes no se paran a pensar, tal vez sea porque no han visto en sus referentes  que se paren a pensar: «quien piensa, pierde», «quien duda es un inseguro», «quien reconoce no tener razón, queda mal ante los demás»… ¿Cuántos libros han leído nuestros estudiantes últimamente? ¿Y en particular de reflexión? ¿cuántas conversaciones se mantienen en la universidad sobre temas de fondo?

Para mi, la universidad no puede ser una escuela de conocimientos especializados sin más, sino una comunidad que habita la sabiduría, la cultiva, la edifica, la cuida, la hace sostenible y a la vez la transforma.

Habitar la sabiduría no quiere decir «estar en posesión de la verdad», sino más bien, saberse poseído por la verdad, es decir, estar dentro de la verdad. Dentro de esta confianza, no se teme errar porque el contraste con el habitat nos muestra que efectivamente estamos equivocados y podremos rectificar. A quien habita en la sabiduría, no le importa “dar la razón” a los demás y no necesita que le entiendan para saberse habitante. Como habitante de la sabiduría no se conforma con su entorno inmediato, sino que permanece abierto y receptivo para seguir profundizando y aclarándose.

Por todo esto, siempre se ha dicho que rectificar es de sabios, porque sus actitud le facilita reconocer sus equívocos.

A veces la universidad es tan absorbente en sus gestiones para que funciones que no deja tiempo para pensar. Sin embargo, considero que lo primero que se debe hacer para que funciones es, precisamente, pensar.

Sin Amor no hay Universidad, puede existir cientificismo, pragmatismo, tecnificación, competitividad, “modernización”, rendimiento…y eso derivará en miedo, frustración, inseguridad, odio, aburrimiento, pues sólo el amor ánima el conocimiento y el genuino progreso de Ser Humano. Enseñemos a amar a los universitarios, y les estarás enseñando a ser universitarios.

Se me podría decir, vale todo eso es muy bonito pero, ¿cómo se concreta? Muy sencillo, viviendo la responsabilidad social educativa (RSEdu), la Responsabilidad Social Universitaria, cuidando los detalles, pensando unos en otros, siendo más cooperativos que competitivos, dialogando, comprendiéndonos, aprendiendo enseñando… Así, de este modo, además de disfrutar de la universidad, se forman universitarios con las competencias, valores y emociones positivas que necesita el mundo.

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