El ejemplo de los padres, bueno o malo, siempre tiene un impacto educativo significativo

Lo que valoran los hijos no es la perfección de la relación, sino el esfuerzo que hace papá y mamá por quererse mutuamente a pesar de los pesares.

Los hijos cuando son pequeños tienen una predisposición natural para admirar las cualidades de sus padres, pero ante sus defectos es muy raro que adopten una postura de aceptación: los niegan, los disculpan, se revelan, se resignan pero nunca los aceptan. 

Entre los ejemplos que más determinaran la forma de tratar a los demás es la forma en que se tratan su mamá y su papá; si el amor conyugal es positivo, esforzado, que no debilita con los años ni se deja vencer con la rutina, soluciona los conflictos, cura los roces, perdona, agradece, se ayudan…, el hijo aprende que los vínculos valiosos deben ser cuidados para que lleguen a una plenitud siempre creciente. Por el contrario, vive deterioro de la relación, el aprendizaje es de provisionalidad y desconfianza hacia lo que se presenta como duradero. En este sentido, la mejor educación de los hijos pasa por refrescar el amor conyugal día a día concretándose en pequeños detalles que los hijos ven e imitan.

La falta de amor conyugal es intuida fácilmente por los hijos, y constituye la causa de muchos trastornos y oscuridades en la interioridad infantil. Muchos desvíos de los adolescentes tienen su raíz en las dificultades que observaron entre sus padres.

Lo que valoran los hijos no es la perfección de la relación, sino el esfuerzo que hace papá y mamá por quererse mutuamente a pesar de los pesares

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