El concepto psicológico no explica la realidad plena de ser Humano

La psicología trata de dar respuestas a la realidad del ser humano con objeto de superar estados de daño psicológico y propiciar estados de bienestar subjetivo.

Sin embargo, el concepto psicológico de ser humano no explica la realidad plena de lo que es ser Humano, así nunca podrá dar respuesta plena a los daños ni a la felicidad.

Los humanos no somos un mero compuesto de cuerpo y mente. Es posible que en cierto periodo de nuestra vida, uno pueda verse como organismo independiente capaz de ser humano por sí mismo, en sí mismo y realizarse a sí mismo, sin ayuda de nadie.

De hecho es un fenómeno evidente que cada ser humano es un organismo independiente capaz de autoconfigurarse y aspirar a un desarrollo e incluso, capaz de neutralizar su propia existencia con el suicidio.

A la psicología le fascina la mente y con la visión que le proporciona la neurociencia, el cerebro le chifla. Parece que desentrañar los secretos de las redes neuronales nos dará todas las respuestas para la felicidad del individuo. Sin embargo,

El cerebro nos hace vivenciar la felicidad, pero no es el origen en sí, de la felicidad.

No le podemos preguntar al cerebro cómo puedo ser feliz, sencillamente es feliz o infeliz como consecuencia de un modo, objetivo y subjetivo a la vez, de habitar la realidad.

La mente resulta fascinante porque nos abre a un mundo de posibilidades, pero con lo que somos felices de forma auténtica, es poniéndola al servicio del cuerpo y no en contra de él. El cuerpo humano tiene una dignidad extraordinaria, superior a todo otro cuerpo orgánico o inorgánico y la mente no está para manejarlo a su antojo sino para servirle.

La psicología debe descubrir el valor infinito del cuerpo humano

La mente es como la torre de control, pero lo que realmente es extraordinario es el aeropuerto en sí. Sería ridícula una torre de control sin aeropuerto, sin vuelos…

La mente es como la torre de control del cuerpo, el aeropuerto.

Pienso que esto es lo que ha hecho la psicología moderna. Tras descubrir las torres de control, se fascinó y todo lo ha querido reducir a torre de control: «si controlamos la torre, lo controlamos todo». Sin embargo, los aeropuertos fueron surgiendo sin sentido, sin destinos, sin aviones y esas torres cada vez más sofisticadas, perdían su valía.

La consecuencia es que las torres de la modernidad, en lugar de general el control deseado, generaron ansiedad, depresión, tristeza. Entonces, se comenzaron a crear movimientos sin destino, aviones que salían y volvían al mismo aeropuerto, como una especie de terapia ocupacional.

Otros apostaron por «el control de la torre de control»: paz mental, mindfulness, estados de quietud. Estupendo, pero la torre sigue sin tener sentido, aunque ya no sufre, ya no se frustra, ya no se siente vacía pero está vacía…

La educación con la modernidad se puso en las manos de la psicología y dejó de ser una educación de cuerpos para el amor, y pasó a ser una educación de mentes para el control.

Ciertamente, la modernidad fue un avance. Se ha ido superando el analfabetismo funcional y eso es maravilloso, pero algunos han despreciado la educación de siglos. Qué pensaban los Ilustrados, ¿qué nadie se había educado hasta que llegaron ellos?.

Insisto en el avance que supone la educación modernista, pero un árbol progresa en su crecimiento si se mantiene fijado en su raíz. Y el error no está en llenar el árbol de ramas, el problema es tratar de desarraigarse de la raíz, pues las ramas se secan.

Los Ilustrados descubrieron una Humanidad de grandes raíces pero apenas sin ramas. Era como un cactus en el desierto de la existencia, y ellos lograron que de esas plantas surgieran ramas y hojas, flores y frutos. Pero quienes han tratado de cortar la raíz en nombre del progreso, han hecho mucho daño a las propias ramas que surgían.

La raíz en la que debe fijarse la educación es el cuerpo, pero con la Ilustración, se fijó en la mente.

El ser humano fijado en su cuerpo se puede cultivar y crece el carácter desde la sensibilidad y entonces, por la mente, se desarrollan las competencias que dan mucho fruto.

Pero si se fija la educación en la mente, no se cultiva el cuerpo, sino que se pone al servicio de la mente, que ya no se cultiva, sino que se construye y reconstruye al cuerpo a su antojo, bueno, hasta donde la tecnología y el presupuesto personal, dejen al antojo.

La persona no vale en sí por ser quien es en cuerpo viviente, sino que vale por lo que hace, por su mente, por su razón, por su competencia. La educación enraizada en la mente descarta a la debilidad, a la vulnerabilidad. Los cuerpos que no puedan ser competentes o supongan una amenaza para la independencia de otros cuerpos, se consideran descartables o una amenaza que se debe neutralizar.

El progreso fijada en la mente mira fuera de la planta, mientras que el progreso fijado en el cuerpo mira en sí misma y en su despliegue puede conquista el medio, dar fruto y embellecer el mundo.

No se puede cortar la raíz humana, no se puede negar su naturaleza corporal. Sin embargo, esto ocurre cuando la educación no se fija en el cuerpo sino en la mente.

El humano-individual está llamado a ser un humano-comunidad

La psicología «adoradora» del cerebro no es capaz de captar que el ser humano es algo más que ser individual, algo más que un organismo inteligente, algo más que un porta cerebro.

Ser humano, ser un «yo», no es posible sin un «tú». Sin el «tú», el «yo», llegado a cierto estado de desarrollo, puede ser capaz de subsistir como cuerpo y mente sana en sí mismo, pero no es capaz de realizarse con felicidad, con la felicidad que solo da el Amor con mayúsculas. Ese Amor que tanto le gusta desacreditar a la ciencia, y a la neurociencia en particular, le pirra reducirlo a química y neurotransmisores.

Pero si no hay aviones, no hay transmisiones en la torre de control. Se puede crear un simulador o lo que se quiera construir, pero la torre nunca experimentará la frescura de su aeropuerto, los nervios de quienes llegan tarde a su puerta de embarque, la alegría del pariente que llega por la puerta 6, el enfado por el sobrepeso que te van a cobrar.

El humano-individuo es un cuerpo-mente inconexo que subsiste, incluso sano, pero no pleno. El humano-individuo está llamado a ser humano-comunidad que es ser cuerpo-mente-apertura.

A esta apertura se la ha conocido siempre como espíritu pero la visión psicologista de la modernidad, ha psicologizado tanto lo espiritual, que ya no se sabe que se dice, cuando se dice «espíritu». Creo que el concepto «apertura» permite que se entienda mejor hoy.

El humano-comunidad, no es un fragmento que se diluye en un cuerpo «corporativo», sino que es más sí mismo, más «yo pleno» abrazado al tú, que a su vez se hace más pleno, y tanto el «yo» como el «tú», siguen siendo plenamente «yo» y plenamente «tú». Pero ahora también son un «nosotros», que no consume al otro, sino que le alimenta más su Libertad en el Amor.

Libertad para poder entregarse constantemente al amado. Esto, ya lo conocían muchos «analfabetos pre-modernos». Quizás, estos «bárbaros» no sabían escribir, ni leer, pero habían aprendido a amar y si solo el amor les bastaba, para que necesitaban más. Era cuestión de cultivarlo en lo que habitaban, y por aquel entonces, leer y escribir no les aportaba mucho.

No pretendo hacer una apología de la injusticia de siglos pasados que separaba a miserables iletrados de nobles con cultura. Quién saque esa conclusión, que deje el artículo o empiece de nuevo, porque no se está enterando de por dónde voy.

Se puede dar una interpretación política del interés por mantener a las personas analfabetas, pero pienso que es no entender la historia en su plenitud.

Aprendimos a leer y escribir en masa por necesidades de la modernidad… Antes del Covid19, nadie se planteaba la necesidad de tener una mascarilla, ¿para qué? Pero es la necesidad la que nos hace fabricarlas en masa.

La ciencia que bloquea la trascendencia, bloquea la educación

No digo que la psicología sea mala, lo que digo es que en nombre de la alfabetización funcional universal, se puede estar bloqueando el acceso a la sabiduría del corazón, es decir, desde algunas instancias que deben velar por la educación universal se podría estar promoviendo un analfabetismo apertural.

La psicología debe abrirse a la trascendencia y reconocer que sus métodos de investigación deben seguir progresando.

No puede convertirse en una ciencia conservadora de sus metodologías de siglos pasados en nombre del progreso. La estadística, aunque se vista de Big Data, estadística se queda.

La psicología necesita descubrir nuevas formas de hacer ciencia que le abra a la plenitud del ser humano para estar en disposición de servir al ser humano pleno; al humano que se trasciende y forma un nosotros por el amor. Ya los humanistas del siglo pasado, Maslow, Rogers y otros, lo intentaron pero fueron desterrados del Olimpo de la ciencia.

No digo que fuera incorrecto el destierro, lo que cuestiono es el Olimpo mismo; quizás haya que ir pensando en un Olimpo más olímpico.

Si los científicos no son capaces de llevar, por la limitación de sus métodos, a medir esto, ¿cómo pueden existir científicos que lo niegan por no poderlo medir? Sería como negar el conjunto de las estrellas porque no se puedan contar; es sencillamente ridículo y tendría que darnos vergüenza hacerse llamar científico y no respetar lo que no somos capaces de afirmar o negar.

La falta de respeto a la trascendencia podría ser por ignorancia, por maldad o por miedo, pero nunca por ciencia.

El caso es que la educación no puede ir al paso de la ciencia, sino al paso del amor.

No tenemos derecho, en nombre de la ciencia, a tapar los ojos a las nuevas generaciones ridiculizando la sabiduría de generaciones y generaciones, de todas las culturas y credos.

El científico no puede comportarse con la arrogancia de un niño al que le han regalado un telescopio y se cree más poderoso que sus vecinos porque ve las estrellas más cerca.

Está bien que seamos capaces de hacer cada vez telescopicas más potentes, pero no nos hace más potentes humanamente, ver más estrellas y más cerca.

Lo que nos hace humanos en relación a las estrellas, es ser capaces de convivirlas con amor, y eso se puede hacer con o sin telescopio. Mejor con telescopio, pero para convivirlas con amor, cada vez con más amor.

¿Y cuál es la realidad plena del ser humano que no capta la psicología?

Cada cual tendrá que descubrirlo en su trascendencia, en su apertura al Amor. No tengo la respuesta científica, empírica, quiero decir; tengo mi respuesta personal, que me encantaría poder dar, día a día con mi vida.

A día de hoy, mi respuesta, más que una respuesta, es un deseo de responder al amor. Mi respuesta es una sed de plenitud. No se puede dar una respuesta plana con la mente, sino con el cuerpo, con la vida.

Y ese es mi deseo, que mi cuerpo plasme cada vez mejor la respuesta al amor.

Las ciencias nos muestran que los seres humanos no se plenifican sin más, desarrollando su cuerpo-mente al máximo. Existen evidencias suficientes para poder afirmar que no somos meros animales dotados de razón, sino que necesitamos de la educación para renacer por el Amor.

Todo nace perfecto, salvo el ser humano, que necesita de la educación para perfeccionarse.

Todos los animales se desarrollan, pero ese desarrollo no les perfecciona, ya son lo que son, sencillamente se despliegan.

Sin embargo, los seres humanos damos un salto a la trascendencia, como diría Jaspers. Lo damos si queremos. Como el gusano se transforma en mariposa, la educación, la educación auténtica, nos transforma en la apertura.

Así vemos cómo la humanidad ha buscado en las religiones, en las filosofías, en el arte y todavía seguimos buscando.

Quizás la psicología empírica no sea capaz de llegar nunca a una evidencia de lo que es la plenitud del ser humano, no lo sé, pero lo que sí sé, es que si sigue aspirando a «construir telescopios cada vez más largos», por ahí no creo que llegue muy lejos.

Es hora de que la ciencia dé un salto empírico a la trascendencia y acepte el reto de conocer científicamente al ser humano pleno, el habitante del Amor.

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