Sé fruto para dar semillas y hazte semilla para dar fruto

Si nos hacemos fruto atractivo en Internet, estaremos en mejor disposición de que encuentren en nosotros buena semilla, pero sólo seremos fruto atractivo si cultivamos nuestra originalidad: nuestra auténtica semilla.

Elijo la siguiente alegoría para explicar la función del educador en la vida, y en particular en la vida digital.

Hay quien hace ver su tronco para decir: soy poderoso, fuerte, resistente, flexible… Otros muestran sus frutos: soy abundancia, doy resultado, mi vida es fecunda… Otros, quizá por no tener un gran tronco ni buenos frutos muestras hojas y más hojas: mira que libre, que atractivo, cómo molo…

Por supuesto, los hay que su interés lo ponen en enseñar sus flores. Las flores son la innovación de la planta, siempre prometedoras, pero no siempre llegan a hacerse fruto, e incluso puede ocurrir que se queden en la fase de capullo.

Las raíces en nuestra alegoría representan la intimidad, lo que no se exhibe en público, pero que cumplen un servicio fundamental a lo que se muestra; lo alimentar y lo sostiene. Quien las muestra corres el riesgo de secarse o ser arrastrado por los vientos como un matojo de película del Oeste.

En mi opinión, así como no es bueno que los educadores muestren sus raíces en Internet, si es muy conveniente que muestren sus frutos.  Para la gente de mi generación es posible que esto se vea como una falta de modestia, vanidad o algo así. Sin embargo, después de pensarlo mucho, considero que es una manifestación más de nuestra labor educativa y una forma más de servir con nuestro impacto educativo.

Si nos hacemos fruto atractivo en Internet, estaremos en mejor disposición de que encuentren en nosotros buena semilla, pero sólo seremos fruto atractivo si cultivamos nuestra originalidad: nuestra auténtica semilla.

Fruto atractivo no postureo pedagógico, frutas de plástico que  que por mucho que tengan imagen de verdaderas, al tratar de tomarlas se descubre su verdadera marca personal. El fruto es la creatividad y la creatividad surge del propio origen; de la semilla que tenemos en el corazón y esa semilla no es para mostrarla, sino para enterrarla y sin que nadie lo vea se desgarre y deje de ser semilla para hacerse árbol fecundo.

Como todo, esto requiere capacitación, desarrollar de competencias con valores y emociones positivas para habitar internet:  cultivar la propia marca digital como la sencillez, edificar el propio sistema pedagógico con humildad, aprender a mostrarse con discreción, prudencia y con el máximo respeto. Y siempre con una actitud receptiva y abierta para dejarse aconsejar y rectificar cuando uno se equivoca, pero sin miedo: tenemos una labor educativa en Internet muy importante.

No tengamos prisa por lucir flores; cultivemos nuestra semilla en lo oculto y cuando llegue el tiempo saldrán las primeras flores y si se dan las condiciones, pues no depende sólo de nosotros, daremos frutos bonitos de ver y buenos de comer.

Una respuesta a “Sé fruto para dar semillas y hazte semilla para dar fruto”

  1. Como docente imagino internet como cualquiera de las viejas herramientas que usaba mi padre… ( martillo, pinza, pala…)recuerdo que él decía que cualquiera de ellas podía ser de enorme utilidad o inutilidad…la clave estaba en conocer sus virtudes y riesgos de tal forma que al usarlas con conocimiento, convicción y creatividad lográramos transformar siempre “ para bien” aquello que nos desafiaba usarla. Más aun, para que el resultado fuera perfecto no había que escatimar esfuerzo, voluntad y mucho corazón, es decir entonces que definitivamente la clave estaba en “ los valores “ del que y con los que se las utilizara.
    Internet hoy como docente nos representa el mismo desafío…debemos acompañar a nuestros alumnos en el autoconocimiento de sus valores y en reconocimiento del de los demás, de tal forma que puedan acceder mejor provistos para el conocimiento de las virtudes y riesgos de esta gran herramienta que sin dudas puede y debe ayudarlos a mejorar su propia realidad cuando lo sientan o lo crean necesario, permitiéndoles entusiasmarse en atreverse a enfrentar desafíos o construir sueños.

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