ADOCTRINAMIENTO SEXUAL EN LAS ESCUELAS PÚBLICAS

Todos los educadores estamos de acuerdo en afirmar que el #adoctrinamiento no tiene cabida en la #educación, y menos en la #EnseñanzaPública y en las escuelas financiadas con fondos públicos.
Incluso, aunque los padres tengan el derecho de ser los primeros educadores de sus hijos, ellos tampoco están autorizados para lavar el cerebro a sus hijos, porque iría en contra del derecho de sus hijos a la educación y a la sana autonomía.
¿Y cuándo se puede decir que un educador o padre está adoctrinando? Cuando su objetivo educativo es que sus alumnos o sus hijos acepten un sistema de creencias cerrado, excluyendo toda autocrítica, y excluyendo de forma sistemática la posibilidad de cuestionarlo y menos aún rechazarlo.
Es lógico e incluso saludable, que los educadores sepan proponer un sistema de creencias que consideran más acertado, pero si en su intento por persuadir a sus alumnos o hijos, de la validez de su sistema de creencias concreto, en lugar de proponer, se lo intentan imponer, ya no estamos hablando de educación, que es capacitar para la libertad, sino de adoctrinar, que supone el sometimiento irreflexivo a una doctrina sectaria.
En este sentido, se aprecia una tendencia adoctrinadora en la educación pública.
Pongamos un caso, existe miles de jóvenes en nuestro entorno que desean vivir su vida sexual con #castidad porque les da la gana, pero se les ridiculiza, se les acosa con una cultura hipersexualizada y una #educaciónsexual que no considera esta posibilidad porque se ignoran sus razones o molestan sus convicciones.
Por un lado, en muchas escuelas públicas se descarta de manera radical la posibilidad de aceptar que la castidad sea una alternativa saludable y no cabe la posibilidad de considerar esa posibilidad como algo positivo, lo que supondrá que estos jóvenes deben vivir su castidad de forma clandestina para seguir conviviendo con naturalidad y sin etiquetas entre sus iguales.
Directamente, se concluye que si piensan eso es porque les han lavado el cerebro; piensan que nadie puede desear ser casto si no es por represión o algo así. No les cabe en la cabeza que alguien desee vivir la castidad por #amor.
Si alguien intenta comprobar de manera más palpable posibles errores o limitaciones de la educación sexual contraria a la castidad, o al menos indiferente a ésta, es considerado una ofensa o un intento de imponer, que es precisamente lo que hacen quienes imponen la educación sexual sin castidad.
Y no solo se excluye la posibilidad de rechazar una educación sexual que no ayude a vivir la castidad sino que se penaliza a todo aquel que se desvíe de la doctrina sexual que impone el sistema público de educación.
Y el hecho es que esto de la castidad está propuesto tanto en las culturas abrahámicas como abrahámicas, budistas, hindúes, judíos, cristianos, musulmanes… Y desde las perspectivas más modernas. Carolina Brid, que concursó en Miss Universo dijo una vez: «La castidad es lo más sexy que hay».
Y mi conclusión no es que se adoctrine para que se viva la castidad, sino que no se adoctrine en absoluto, se devuelva a las familias la primacía en la educación y se les ayude para que sepan educar, sin adoctrinar y sin inhibirse de sus funciones educativas.

Educar en el nosicentrismo

Si se les llama egocéntricas a las personas que buscan su propia satisfacción de cuerpo y mente, sin importarles la satisfacción de los demás, a las personas que necesitan satisfacer a los demás para intentar sentirse satisfechas, se les llama alocéntricas. El deseable vivir entre personas que destilan alocentrismo, pero un alocentrismo sano, no autodestructivo o incluso destructivo de los demás.

Para que vivamos con un sano alocentrismo se requiere aprender a vivir con un sano egocentrismo, que podríamos denominar nosicentrismo:

  • El sano egocentrismo es esa fuerza del cuerpo y de la mente que le permite a una persona concentrarse y ocuparse de sí misma para estar en disposición de realizarse.
  • El sano alocentrismo es la fuerza de apertura de sí mismo que le permite a la persona concentrarse y ocuparse de los demás, sin dejar de ser sí mismo.

Pensemos en el protocolo de actuación de un avión en caso de despresurización de la cabina… Primero me tengo que poner yo la mascarilla, y luego ayudo a mi acompañante. Este sería un sano egocentrismo para un sano alocentrismo. Un mal entendido «pensar en los demás» sería malo para todos.

 

  • El sano nosicentrismo, no es sólo éste pensar en uno mismo para estar en disposición de ayudar, sino que ayudando me hago más yo mismo. Dentro de una cultura nosicéntrisca, la empatía se despliega y el conflicto se desintegra. Y hablo de un «sano» nosicentrismo porque puede enfermar y convertirse en un nosicentrismo interesado, que en el fondo deja de ser nosicentrismo para ser en realidad, egocentrismo o alocentrismo encubiertos.

  • EGOCÉNTRICA: Persona que busca su felicidad de cuerpo y mente con tendencia a nutrirse de los demás.
  • NOSICÉNTRICA:  Persona que habita la felicidad con todo su ser (cuerpo, mente y apertura) en servicio al tú con tendencia a la reciprocidad.
  • ALOCÉNTRICA . Persona que tiende a dejarse nutrir por los demás para que estén felices a consta de la propia autodestrucción.

El ejemplo de los padres, bueno o malo, siempre tiene un impacto educativo significativo

Lo que valoran los hijos no es la perfección de la relación, sino el esfuerzo que hace papá y mamá por quererse mutuamente a pesar de los pesares.

Los hijos cuando son pequeños tienen una predisposición natural para admirar las cualidades de sus padres, pero ante sus defectos es muy raro que adopten una postura de aceptación: los niegan, los disculpan, se revelan, se resignan pero nunca los aceptan. 

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Cómo atender el estudio de los hijos

 

Como suele ocurrir, no hay reglas fijas, depende del carácter y posibilidades de los padres, de las aptitudes y necesidades de los hijos, del número de hermanos, etc.

Para muchos padres, atender el estudio de los hijos se reduce a castigarles cuando traen malas notas, o prometerles jugosos premios si aprueban. En el otro extremo se sitúan los padres que no dejan a su hijo “ni a sol ni a sombra”; se sientan con ellos a estudiar, les explican, les ayudan a realizar las tareas y fácilmente acaban sustituyéndoles en el esfuerzo: el padre hace el esfuerzo intelectual y el hijo el mecánico. Sin llegar a los extremos, encontramos toda una gama de padres que su atención a los estudios consiste en tratar de convencer a sus hijos para que estudien cuando se presenta la ocasión.

Por lo general, los padres prefieren hablar a escuchar. Bien ­–me podrías decir- eso de escuchar a los hijos está muy bien, pero ¿qué tiene que ver con el objetivo de conseguir que sea mejor estudiante? Sencillamente, que si deseas que tu hijo estudie mejor no tienes que convencerle con la palabra, reaccionará más favorablemente cuando le escuches primero. Se sentirá más comprendido y entonces estará más dispuestos para hacer lo que le sugieres.

Escuchar bien significa escuchar con esfuerzo. Requiere tiempo, autocontrol, no valorar continuamente sus apreciaciones como buenas o malas. Además, debes estar preparado para aceptar las impertinencias y opiniones contrarias a las tuyas.

Antes de que puedas convencer a tu hijo de que le conviene cambiar su forma de estudiar, tu hijo tiene que sentirse frustrado por su forma de estudiar. Por mucho que te empeñes, si tu hijo no ve problema en cómo estudia, e incluso está satisfecho, no hará nada por cambiar, a no ser que le obligues y un cambio así no suele ser consistente.

Para conseguir que tu hijo quiera esforzarse por ser mejor estudiante, debes conseguir que manifieste su insatisfacción y preocupación por su actual forma de trabajar. Esto es muy importante para persuadirle del cambio de estrategia en el estudio. Para lograrlo debes dialogar; hacer que tu hijo piense y  sea capaz de llegar a conclusiones.

Con sus conclusiones, ayúdale a concretar objetivos estableciendo prioridades. Con el apoyo del colegio, determinad un plan y comprometeros seriamente a seguirlo, sabiendo que habrá momentos en los que decaerá y habrá que estar atentos para recomenzar.

Es importante, establecer objetivos concretos que puedan ser evaluados diariamente y sean asequibles para el estudiante. Empieza primero por pequeñas cuestiones para llegar a las grandes decisiones. Es probable que obtengas mejores resultados procurando mejorar sus hábitos cotidianos de estudio que diciendo en tono autoritario: “¡quiero que saques buenas notas en este curso!”.

Amenazando e intimidando se puede conseguir que los hijos cambien, por la cuenta que les trae. Pero también se puede lograr con ello temores, recelos, disgustos y “rebotes”. A largo plazo, es arriesgado aunque se puede lograr el objetivo. Lo que si es seguro a corto plazo, es el ambiente de ansiedad y tensión emocional que se genera en la familia.

Sin caer en idealismo, es necesario que mantengas una actitud positiva. Tienes que descubrir detrás de un suspenso o un bajo rendimiento, una oportunidad para que tu hijo mejore. Te equivocas si consideras una nota baja como una derrota. Si se sabe aprovechar, es una forma estupenda de progresar.

A veces educar, más que en hacer, está en no hacer…

¿Es difícil educar? Empieza por lo sencillo, lo que puedan hacer tus hijos, no se lo hagas tú y aguanta, ten paciencia, amárrate a tu silla pero no le sustituyas. A veces educar más que en hacer, está en no hacer…

Con estos consejos una madre se lanzó a ayudar a su hijo con nuevas estrategias. Lo intentó una y otra vez y le asaltaron las dudas:

“¿por qué mi hijo no me hace caso? ¿Cómo puedo hacer que se comporte mejor sin hacer? ¿Por qué se cierra en banda antes de que haya pronunciado cinco palabras? ¿por qué intenta escaquearse constantemente? ¿Por qué me dice que luego, después…?”

Pasaba el tiempo y su hijo no reaccionaba y cuando lo hacía, era de mala gana y a medias. Ante esta circunstancia la madre se impacientó y volvió a su procedimiento habitual; se puso a recoger sus juguetes, a hacerle la cama, a estudiar con él, hacerle las tareas, enfados, gritos, tensión…

Si sabía que es mejor tratar de que el chico cumpla con su deber por sí mismo aunque le salga peor ¿por qué ese empeño por ver la casa recogida, por evitarle el fracaso en el colegio?  Es comprensible, pero esa pequeña satisfacción de ver todo ordenado o las buenas notas de su hijo se entremezcla con un cierto sentimiento de culpa cuando ve a su hijo que sigue comportándose como un tirano, caprichoso y comodón…

Piensa la madre: ¿Será mi culpa por hacérselo yo todo?

Si intuye que sería mejor dejarle que lo hiciera por sí mismo por una educación que tiene consecuencias para toda su vida, ¿por qué se justifica con excusas de urgencia?

La mamá adormece su sentimiento de culpa: «Ahora no tengo tiempo para esperar que lo haga él», «si lo hacemos a su ritmo estamos hasta las tantas…», «Es que si le dejo sólo me siento mal al verle tan frustrado…», «sé que no está bien pero no soporto ver la casa así»…

Llegado el momento, los padres fueron a ver al tutor del chico para ver como iba todo. La madre pensó:

el profesor va a pensar que yo le hago las tareas, le tengo que explicar que las hace él, aunque yo le ayudo…”.

El tutor empezó a hablar:

“estoy desconcertado porque veo que Antonio trae sus deberes de casa bien hechos, pero luego en los exámenes no termina de aclararse, debe ser que se pone muy nervioso”.

La madre, al comprobar lo que estaba pasando se lanzó a reconocer la verdad:

Es cierto que trae todas las tareas bien hechas pero es que soy yo quien las hace, él prácticamente se limita a redactar”.

“Pero a veces se sabe las lecciones”, insiste el profesor.

Y contesta la madre:

realmente no las entiende bien pero le digo que me las repita una y otra vez hasta que se las aprende de memoria”.

La madre se sentía frustrada, y mientras su marido trataba de quitarle hierro a la situación, intervino el tutor:

“Quédate tranquila porque no has fracasado. Con tu actitud has demostrado que eres la persona ideal para lograr que tu hijo sea autónomo y responsable. El sólo no podría pero con tu apoyo si podrá y no sólo eso, también tu marido podrá adquirir más protagonismo en la educación de Antonio… Esto será posible si gobiernas la situación: si dejas que sea tu pensamiento quien tome las decisiones y no los sentimientos… Los sentimientos sin pensamiento alimentan la preocupación, la propia culpa y es probable que culpabilices también a tu marido diciendo que no se implica [la mamá sonríe asintiendo], y quizás tengas razón pero eso no es solución. Los sentimientos sin pensamiento agrandan  los problemas, los resentimientos, los rencores, la ansiedad, el agotamiento… Los sentimientos con pensamiento agrandan la confianza, la esperanza, la paciencia, el agradecimiento; agrandan el corazón con un amor tierno y enérgico a la vez”.

En esta conversación el padre también reconoció que debía cambiar de actitud; también le asaltaban sentimientos de culpa pero la derivaba a su esposa: «el problema es que su madre le hace todo… «, «a mi me gustaría estar más con mi familia pero el trabajo no nos lo permite…»

Aunque pueda parecer que fracasan,  que lo hacen mal, no es así: han asistido a la tutoría, están afrontando el problema y cayendo en la cuenta.  Sus experiencias no son de fracaso sino de aprendizaje familiar. Ahora tienen una nueva oportunidad de cambiar mediante pequeños pasos posibles:

La mamá deberá dejar que su hijo obre por sí mismo y que su esposo tome más protagonismo en la educación para que cada cual realice sus tareas con autonomía personal y responsabilidad social. El papá, deberá caer en la cuenta de como puede reorganizar su plan para dedicar más tiempo a su esposa y sus hijos, y tal vez, plantearse la posibilidad de recibir formación en la escuela de padres para aprovechar educativamente ese preciado tiempo.

En todo esto, la mamá sigue siendo un poco la líder educativa de su hijo y de su esposo. Convendrá que se fije en lo positivo y no tanto en lo negativo.  Es bueno que elogie sus pocos logros y cada vez irán siendo más. Todo aquello que ahora que le movía a «hacerlo ella y se acabó»,  puede apuntarlo en una lista y dale la vuelta; serán los retos educativos que debe afrontar su hijo, su esposo, y a la vez, ese será su reto como educadora.

A medida que domine su tendencia a hacerlo todo, ellos se verán más urgidos a comprometerse con sus responsabilidades y poco a poco, lo harán con más satisfacción, porque todos terminamos tomándole gusto a vivir con responsabilidad social familiar.

Paradójicamente, deja de hacer, déjales hacer, y poco a poco el clima familiar será de servicio, serenidad y alegría.

No quites los obstáculos a tu hijo; enséñale a superarlos

Mira los obstáculos como aliados; no se los quites a tus hijos, enséñales a superarlos.

Muchos padres sucumben a la desesperación y fracasan sin comprender que poseen ya todas las herramientas necesarias para ayudar a sus hijos acompañándoles sin intervencionismo para que sean ellos, los hijos, quienes resuelvan sus propios problemas, por ellos mismos.

Muchos otros padres hacen frente a los obstáculos que se presentan en el camino de sus hijos quitándoselos por temor y dudas. A los obstáculos los consideran enemigos, cuando en realidad estos desafíos son amigos y auxiliares de su crecimiento personal. Los obstáculos son necesarios para el éxito, porque en el estudio, como en tantas facetas de la vida, se alcanza la victoria solamente después de muchas luchas e incontables derrotas. Y sin embargo, cada lucha, cada derrota, acrecienta la destreza y la fuerza, el valor y la resistencia, la habilidad y la confianza, de manera que cada obstáculo es un compañero de camino que te obliga a ser mejor… o a abandonar la empresa.

Si los padres eliminan los obstáculos o los evitan, pueden generar obstáculos mayores en el futuro de sus hijos. Si un pino lo riegas constantemente no necesita desarrollar sus raíces porque tiene el alimento al alcance. Si la tierra no está empapada el árbol se ve obligado a profundizar: le cuesta más esfuerzo pero se hace robusto, y si viene un temporal es capaz de soportarlo con aplomo.

Sin embargo, el pino al que se había hiperatendido, espléndido y frondoso por fuera, cae en tierra porque no tiene raíces suficientes para aguantar los envites del viento. Gracias a la sequedad del suelo y a la dureza de la tierra, el pino se hace fuerte y consistente.

El fin del estudio no es el éxito académico sino cohabitar la felicidad

No pretendas ser madre o padre de hijos con éxito académico. No trabajes sólo para que tus hijos saquen buenas notas. Esfuérzate para que sean felices, para que amen y sean amados, y procura que aprendan a alcanzar la paz y la serenidad.

Y me podrías decir: “pero todo esto es imposible si no triunfan en su vida y por eso es importante que saquen buenas notas. ¿Cómo van a amar si no saben o no tienen nada que dar? ¿Quién puede fracasar en el colegio y alcanzar el sosiego? ¿Cómo se puede ser feliz con la frustración y la deshonra de ser un pésimo estudiante? ¿Cómo va a ser apreciado en su contexto social si no tiene prestigio profesional?

Bien, si se tiene claro que sacar buenas notas no es un fin, sino un medio para alcanzar el bien de los hijos, entonces se puede decir que esos padres están en condiciones de hacer de sus hijos buenos estudiantes. Es importante aceptar a los hijos como son, con sus posibilidades y limitaciones, procurando de forma sensata, desarrollar al máximo sus posibilidades y reducir en lo posible sus limitaciones. Y siempre en un clima de paz y alegría. Lo importante no es que tu hijo sea ingeniero de caminos como lo ha sido su bisabuelo, su abuelo y su padre; lo importante realmente, es saber ayudar a cada uno de los hijos a “ser lo que es”, alcanzando el mayor grado posible de desarrollo para que sea capaz de labrarse su propio camino con autonomía personal y responsabilidad social, por el que avanzar con sentido, con amor, con fe y con esperanza hacia su Tesoro; disfrutando de la aventura de su vida en comunión con su equipo de aventureros, siendo feliz haciendo felices a quienes le rodean.

Lo importante no es obtener unas notas como resultado del estudio sino el desarrollo auténticos de competencias con valores y emociones positivas con las que poder edificar su proyecto de vida abierto a una felicidad llena de sentido