CAMBIO CLIMÁTICO EN LA FAMILIA: EL RETO DE LA FAMILIA SOSTENIBLE

Tras leer el popular libro de Al Gore, “Una verdad incómoda, sobre la crisis planetaria generada por el cambio climático, se puede llegar a la conclusión de que existe un paralelismo directamente proporcional con otra de las grandes verdades incómodas: La crisis social generada por el cambio climático en la familia.

Comenta Al Gore: “La verdad sobre la crisis climática es una verdad incómoda que implica que tendremos que cambiar el modo en que vivimos nuestras vidas”.

Si aplicamos los argumentos de científicos, ideólogos y políticos al planeta familiar, se puede establecer una línea de reflexión interesante para afrontar los retos de la familia sostenible.

Según la Declaración de los Derechos Humanos en su artículo 16.3, la Asamblea General de las Naciones Unidas determina que: “La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado”.

Existe un amplio consenso mundial que reconoce a la familia el poder para hacer exitosa a la sociedad. Sin embargo, la propia vida nos puede llevar a producir elementos contaminantes, con los que se pueden obtener un beneficio pasajero pero que deteriora enormemente el clima familiar y termina por frustrar a los propios contaminadores.

Desde el punto de vista planetario todos tenemos claro que nadie tiene derecho a dañar el bien común por un interés individual y presentista. Como se ve a escala planetaria la ciencia y la tecnología nos ayudan a progresar y aumentar las posibilidades de disfrutar de un mayor bienestar subjetivo, pero a la vez, se aprecia que una gestión imprudente del potencial científico y tecnológico podrían romper hogar común. Ni por muy justificado que esté desde el progreso económico, si perjudica al medio ambiente, habrá que pensar como transformar ese “avance”.

Y ¿Cómo estamos protegiendo la familia? cuál es el clima adecuado de la familia para que cumpla su función de fundamento de la sociedad?

Resulta evidente, si se observa la sociedad a nuestro alrededor, que se están produciendo alteraciones muy profundas en el clima familiar y muchos ciudadanos no encuentran en su hogar la aceptación, el aprecio, la pertenencia, la confianza, la posibilidad de desarrollar el propio potencia y de ponerlo al servicio del nosotros y contribuir. Cuando estas condiciones se alteran la familia de recalienta o se enfría, y como se hace violencia a la naturaleza hasta romperla, la violencia se hace presente en el hogar. En la familia es donde aprendo en primer termino que «es maravilloso que exista», porque se me quiere incondicionalmente  por quien soy y no por la calidad de mis competencias. 

La familia es el planeta dónde el individuo nace, crece y descubre su interioridad de persona humana, digna de ser amada incondicionalmente. Al igual que si alteramos el clima del planeta deterioramos el medio ambiente, si alteramos el clima familiar deterioramos la interioridad del ser humano.

La atmósfera familiar es tan sensible que podemos alterar su composición. Quien no respeta las condiciones necesarias para que se mantenga esta composición, no encontrará una adecuada atmósfera familiar y por mucho que le quiera llamar familia, no lo será porque ha perturbado su composición.

¿DE QUÉ SE COMPONE LA ATMÓSFERA FAMILIAR?

Podríamos hablar de muchos elementos en más o menos proporción, pero al igual que el aumento de CO2, es la alteración más significativa, en el clima familiar también puede darse un exceso de CO2 en la familia altamente contaminante. Así como los principales elementos que componen la atmósfera terrestres son: el oxígeno (21 %) y el nitrógeno (78 %). En la familia son el egocentrismo y el alocentrismo en una proporción similar. El CO2 de la familia vendría a ser el egocentrismo y el alocentrismo insanos:

  • El sano egocentrismo es esa fuerza del cuerpo y de la mente que le permite a una persona concentrarse y ocuparse de sí misma para estar en disposición de realizarse.
  • El sano alocentrismo es la fuerza de apertura de sí mismo que le permite a la persona concentrarse y ocuparse de los demás, sin dejar de ser sí mismo.

Pensemos en el protocolo de actuación de un avión en caso de despresurización de la cabina… Primero me tengo que poner yo la mascarilla, y luego ayudo a mi acompañante. Este sería un sano egocentrismo para un sano alocentrismo. Un mal entendido “pensar en los demás” sería malo para todos. El nosicentrismo, no es sólo este pensar en uno mismo para estar en disposición de ayudar, sino que ayudando me hago más yo mismo.  Un sano nosicentrismo es aquel que no ha enfermado o debilitado; convertiéndose en un nosicentrismo interesado, que en el fondo deja de ser nosicentrismo para ser en realidad, egocentrismo y alocentrismo encubiertos.

El cambio climático se produce cuando la fuerza del egocentrismo acapara los de sus componentes y en su tendencia al desarrollo no saben salir de sí sin atentar contra su propio sí mismo, contra el sí mismo de los demás o contra el de ambos. Aunque el egocéntrico no quiera dañar a los demás, hace daño como quien tala el amazonas indiscriminadamente por dar de comer a su familia. No se puede decir que esta violencia sea consecuencia directa de una maldad, sino que más bien, es un analfabetismo del deseo más o menos consentido.

Si se les llama egocéntricas a las personas que buscan su propia satisfacción de cuerpo y mente, sin importarles la satisfacción de los demás, a las personas que necesitan satisfacer a los demás para intentar sentirse satisfechas se les llama alocéntricas. Un insano alocentrismo es aquel de quien se deja avasallar para que el otro esté a gusto, y como consecuencia de su estar a gusto, yo me siento también bien. Esa relación es altamente tóxica y genera una cantidad insostenible de CO2, y el ambiente se hace irrespirable.

Cuanto más condiciones se ponen para aceptar a los demás en la familia, más contaminación existe en ese hogar. Y cuanto más contaminado está un ambiente, más se desea huir de él.

Para querer crear una familia sostenible, debemos aceptar esta verdad incómoda, porque como dice Al Gore: “… implica que tendremos que cambiar el modo en que vivimos nuestras vidas”.

SOMOS TESTIGOS DE UN CHOQUE SIN PRECEDENTES, GIGANTESCO, ENTRE NUESTRA CIVILIZACIÓN Y LA FAMILIA.

La relación fundamental entre nuestra civilización y el sistema ecológico de la Familia se ha visto total y radicalmente transformada a causa de la poderosa convergencia de tres factores.

El primero es el modo en que tratamos a las familias es la gestión política. Gran parte del deterioro de las familias proviene de una política social y económica asfixiante. Una manifestación de las políticas que dificultan la prosperidad de la familia es la disminución de hijos por familia. Los hijos son un bien para la familia y para la sociedad, y el hecho de que no se facilite la posibilidad de criarlos es un problema que habrá que resolver.

El segundo factor que ha transformado nuestra relación con la Familia es la revolución científica y tecnológica. Los nuevos desarrollos de la ciencia y la tecnología nos han traído fabulosos progresos en áreas como la medicina y las comunicaciones, entre muchas otras. Pero junto con todas las ventajas que hemos obtenido de nuestras nuevas tecnologías, también hemos visto llegar muchos efectos secundarios no previstos.

El nuevo poder que tenemos a nuestra disposición no siempre ha estado acompañado de una nueva prudencia acerca del modo en que debemos usado. Ahora poseemos una capacidad mayor de manipulación genética, de comunicación por Internet, de alteración de los ciclos de la vida, los cuales a menudo acarrean consecuencias imprevistas.

Comenta Al Gore en su libro El riego ha hecho milagros para la humanidad. Pero ahora tenemos el poder de desviar ríos gigantescos según nuestros designios, en lugar de los de la naturaleza. En ocasiones, cuando desviamos una cantidad excesiva de agua sin prestar atención a la naturaleza, los ríos ya no llegan al mar”.

El tercer factor que causa el choque entre la sociedad y los hogares es a la vez el más sutil y el más importante: nuestra forma básica de pensar acerca de la crisis del clima familiar. Y el primer problema del modo en que pensamos acerca de la crisis climática es que parece más fácil no pensar en ella. Al Gore utiliza como ejemplo una clásica historia que bien nos puede servir: “En un viejo experimento una rana salta a un recipiente de agua hirviendo e inmediatamente salta fuera de él porque reconoce de manera instantánea el peligro. Si se halla en un recipiente de agua tibia que se va calentando lentamente hasta que hierva, la rana permanece en el agua (a pesar del peligro) hasta… ser rescatada”.

No tenemos que esperar al punto de ebullición para comprender el peligro en el que nos encontramos; y tenemos la capacidad de rescatarnos a nosotros mismos.

Al ignorar el consenso científico sobre problemas críticos tales como el cambio climático en la familia, (Los gobiernos que así lo hacen) están amenazando el futuro de la sociedad”.

Respecto del calentamiento global, Jeffrey R. Immelt, jefe ejecutivo de General Electric (GE), ha explicado cómo el medio ambiente y la empresa se han unido en una visión: “Pensamos que verde significa verde. Es éste un tiempo en el que el mejoramiento ambiental producirá rentabilidad”. Igualmente, con respecto al cambio climático de la familia, afirmamos con el aval de cientos de investigaciones que el mejoramiento del ambiente familiar producirá rentabilidad.

PARA DISFRUTAR DEL PRESENTA Y ASEGURAR NUESTRO FUTURO.

Como dice Al Gore: “Ahora depende de nosotros utilizar nuestra democracia y la capacidad de razonar unos con otros acerca de nuestro futuro y las facultad de tomar decisiones morales que Dios nos ha dado para cambiar la política y los comportamientos que, de continuar, dejarían un planeta (en nuestro caso, una sociedad) degradado, empequeñecido y hostil a nuestros hijos y nietos… y a toda la humanidad. Tenemos que escoger algo diferente: hacer del siglo XXI un tiempo de renovación. Aprovechando la oportunidad que esta crisis encierra podemos liberar la creatividad, la innovación y la inspiración que son parte de nuestra herencia tanto como nuestra vulnerabilidad a la codicia y la mezquindad. La decisión es nuestra. La responsabilidad es nuestra. El futuro es nuestro”.

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